22 de diciembre 2004 - 00:00

"Castro nunca la iba a autorizar"

Fidel Castro
Fidel Castro
Una de las víctimas de la ira de Néstor Kirchner por los manejos del caso de la médica cubana Hilda Molina, el ex embajador en La Habana Raúl Taleb, dio ayer su versión de los hechos. «Yo estaba seguro de que Castro iba a decir que no (ante el pedido 'humanitario' formulado en la carta presidencial), pero en el momento en que la decisión la toma la Cancillería, lo único que podía hacer era acompañarla.»

Por otra parte, tanto Molina como su hijo, Roberto Quiñones, dijeron desconocer gestiones para que se pudiera producir el encuentro en España y afirmaron que «pese a no ser lo óptimo y lo que corresponde», no descartan ni el encuentro en un tercer país ni que se trasladen a la capital cubana la nuera y los nietos de 3 y 9 años.

Taleb afirmó que se limitó a advertir a la Cancillería sobre la conflictividad del tema si se mantenía en la agenda de ambos países y marcó las diferencias que separan a Molina del resto de los disidentes. «Molina fue una militante activa y ha tenido entredichos políticos con el comandante Castro. Cuba debe tener temor de que ella se convierta, fuera del país, en una disidente interna», explicó. En declaraciones a radio «América», señaló que «los cubanos de Miami son disidentes ideológicos, pero la doctora Molina sería una disidente 'del propio palo'». «El comandante Castro dice que el cerebro de la doctora Molina es patrimonio nacional», agregó Taleb.

•Objeciones

La familia de Molina en Buenos Aires sólo tiene objeciones para Taleb y no lo incluyen en el pedido de disculpas formulado por Quiñones, quien se arrepintió de haber criticado al gobierno de Kirchner por el tratamiento del caso.

El ex embajador dijo a «Radio del Plata» que la carta que Kirchner envió a Castro «no era para forzar una situación, sino para ir generando una mejor situación para que ese encuentro se logre tarde o temprano». Taleb dejó ver el sinsabor que le dejó la actuación de la dictadura de Castro: «Ha habido un doble discurso por parte de ciertos funcionarios de la diplomacia cubana que dejaban entrever que se podía avanzar».

La embajada en La Habana se impuso un férreo silencio. Alfredo Forti, el embajador en Honduras enviado a La Habana por Kirchner cuando se agravó la crisis por el caso, habría abandonado la capital cubana.
El máximo responsable de la representación argentina en Cuba era ayer Eduardo Gómez, encargado de negocios, quien cumplió la orden de no hablar.

Sobre la posibilidad de que la familia se encuentre en España u otro país, Molina dijo ayer a este diario que
«aceptaría viajar a un país al que se considere amigo de Cuba, aunque sería muy engorroso y no sería lo óptimo, porque quisiera ver a mis nietos en su casa, con sus juguetes. Me parece que de todas formas el gobierno de Castro no va a permitirlo». «Mi madre (Hilda Morejón) debería viajar conmigo, tiene 86 años, pero el sacrificio valdría la pena», agregó.

En cuanto a la eventual visita de su nuera,
Verónica Scarpati, junto con los niños, la médica cubana volvió a mostrarse predispuesta, pero dejó el tema en manos de su hijo.

Consultada sobre si recibe algún tipo de solidaridad espontánea de sus vecinos y amigos, esto dijo
Molina: «Algunas personas son amistades de muchos años que nos adoran, pero en general este país tiene un ambiente de mucho pánico. Me miran con respeto pero con miedo».

Molina
tiene un automóvil Lada otorgado por el gobierno de Castro en 1981 como retribución a la misión internacional en Argelia emprendida en su época de militancia comunista desde 1980 hasta 1983.

El chofer, mantenido gracias a los giros que envía Quiñones desde Buenos Aires, es el contacto de Molina con sus vecinos.
«Cada vez que lo ven, que va a comprar un remedio, se le acercan todos y nos envían saludos.»

La familia no tomó una decisión. Una opción no descartada a dos puntas, en Buenos Aires y La Habana.

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