19 de abril 2006 - 00:00

Castro a Venezuela, gesto para Chávez

Alicia Castro
Alicia Castro
La designación de Alicia Castro (ex sindicalista y ex diputada) como embajadora en Venezuela en sucesión de otra mujer, Nilda Garré (hoy a cargo del Ministerio de Defensa), se produce luego de opiniones en contrario dentro del propio gobierno y con un ostensible retraso para cubrir la vacante que hasta llegó a ofender al propio Hugo Chávez. El nombramiento político ahora debe interpretarse como una consideración al presidente de ese país: ella ha sido una asidua visitante a Caracas, se integró al proyecto chavista y en más de un momento pareció una embajadora de Venezuela en la Argentina. Al menos nunca disimuló su adhesión casi sin límites a las ideas populistas de ese militar venezolano.

Justamente esas actitudes previas habían hecho dudar a Néstor Kirchner para nombrarla (alguna vez dijo: «Quiero alguien que represente a la Argentina en Venezuela, no un representante de Venezuela en la Argentina»), pero como en los últimos meses se generaron ciertas rispideces entre los dos países, a la Cancillería se la instruyó para disponer de un gesto amable con quien proveyó de fueloil a la Argentina -a precio de mercado, claro- en un momento de dificultades energéticas. El caso de esos envíos, no casualmente, había sido uno de los factores que afectaron la relación entre los dos Estados -también el desentendimiento manifiesto de Kirchner respecto de las ideas solidarias de Venezuela con Irán que tanto irritan a los Estados Unidos-, ya que la devolución de dos buques tanque con combustible por parte de la Argentina provocó el entredicho. Se justificó el rechazo de esas importaciones debido a que una de las cargas de fuel contenía un porcentaje de azufre no admitido por las autoridades locales, mientras el otro navío no pudo descargar el fluido por la falta de almacenaje en el país.

Esos episodios generaron una controversia por el reclamode compensaciones. La Argentina no se hizo cargo en el caso del material con azufre y, al parecer, asume en cambio la falta de previsión por las pérdidas del otro envío y se haría cargo de la demanda -discutiendo- con un depósito por aproximadamente 14 millones de dólares en un banco internacional como muestra de buena voluntad. O sea, paga uno, pero no el otro. Con el nombramiento de la Castro, dama de la cercanía de Chávez, se añade otra muestra de favoritismo hacia éste para restañar heridas y por si hace falta, en el futuro, otro auxilio energético.

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