Alberto Fernández se entregó ayer a una reunión -que presumió de secreta- y a la que tuvo que convocar sin opción a pocas horas de conocerse la destitución de Aníbal Ibarra, el martes a la tarde. Es que el teléfono levantaba temperatura con quejas, reproches y frases alusivas en varios argots. El albertismo se vio desvanecer ante un Elio Rebot -el voto kirchnerista que con brillo y contundencia sumó a la condena del ex jefe porteño- que algunos propusieron desplazar de la bancada y una porción del gobierno que sintió que, por el contrario, se les abrían las compuertas de la Capital Federal bloqueadas, creen hasta hoy, por A. Fernández. «No se podía hacer campaña con Ibarra, es mejor así», piensan en ese sector.
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De ese modo, cerca de las tres de la tarde fueron llegando funcionarios y legisladores a la escuela del sindicato que lidera Víctor Santa María (porteros) en la calle Venezuela, en San Telmo.
Allí comenzó la catarsis de esa fracción kirchnerista, que no abona a la línea en la que se incluye Telerman, «la pingüinera», donde los principales referentes del nuevo jefe de Gobierno son Julio De Vido y Carlos Zanini, además de Carlos Kunkel, animadores de Compromiso K con Dante Gullo. «Es un traidor», con crudeza definieron a Rebot, un hombre ligado a Jorge Argüello, y a su vez de vieja amistad con el ex jefe de Gabinete de Rafael Bielsa, Eduardo Valdez, quien jura que nada ha tenido que ver en el voto de la discordia.
«Al menos tenía que avisarle al bloque cómo iba a votar antes de llegar al recinto», escuchó el titular de la bancada Frente para la Victoria, de la Legislatura porteña, Diego Kravetz, quien se había ocupado la noche anterior de una suertede terapia de grupo con nueve legisladores del bloque para reprimirles los deseos de castigar a Rebot.
Unos diez minutos duró el ataque, hasta que Fernández asintió en aquietar las aguas por ahora, esperar los movimientos de Telerman y «consolidar una fuerza para la Capital Federal», que por cierto ya tendría el kirchnerismo en el Frente para la Victoria que integran el Partido para la Victoria y el PJ porteño del cual, el anfitrión de ayer, es secretario general y conduce Fernández.
El llamado «albertismo» quedó representado allí por algunos funcionarios del gobierno porteño como Roberto Feletti, Donato Spaccavento y Diego Gorgal, de buenas relaciones, especialmente los dos últimos, con Telerman. Esas presencias no inhibieron a los participantes, sin embargo, de poner en duda hasta dónde llegará el acuerdo con el ahora jefe de Gobierno y autopropuesto candidato a continuar en el cargo. «Todo seguirá igual», simplificó uno de los asistentes sobre las conclusiones de una tenida de más de 20 participantes, que se fueron con la sensación de que sólo transitarán más personajes por la pasarela porteña, pero no habrá guerra.
Estuvieron entre otros, los legisladores Juan Manuel Olmos y Miguel Talento, el ministro Carlos Tomada, el joven Nicolás Trotta, Héctor Capacciolli, Raquel Kismer de Olmos y el vilmista Carlos Ruanova.
Fernández, reveló entre otras cosas, que Néstor Kirchner aún no había atendido a Telerman y que sólo él había conversado con el jefe de Gobierno la noche de la destitución de Ibarra. Un diálogo casi obligado, frío y formal en que se coincidió en «mirar para adelante», aunque los horizontes de cada interlocutor están ahora a distancias diferentes pero en la misma dirección que conduce a las elecciones porteñas de 2007.
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