Catarsis por "Isabel" se convierte en juicio público al kirchnerismo

Política

Se tentaron algunos Maquiavelos del kirchnerismo con el espectáculo de un Juan Perón cuestionado por sus responsabilidades en la creación de la banda Triple A. Ayudaría a esmerilar el vigor del partido oficialista, sobre el cual Néstor Kirchner quiere seguir construyendo quimeras de futuro. Pero como otros sueños de la razón, éste se le vuelve en contra de manera desfigurada: la UCR pidió una sesión especial del Congreso para discutir la violencia de los años 70. Se le suman ahora peronistas que quieren dar quórum a ese debate para probar cuánta pasión por defender a Perón le queda al gobierno.

Comenzó como una reacción de campaña de algunos sectores del radicalismo a la investigación y pedido de captura internacional a «Isabel» Perón por la causa de las Tres A, pero ya se está transformando en un dolor de cabeza para el oficialismo la convocatoria a una sesión especial en febrero para debatir sobre la violencia en los años 70 y el terrorismo de Estado. La piden los radicales, pero se suman peronistas que quieren saber si el gobierno de Kirchner promueve la destrucción de la imagen de Juan Perón.

En una de esas causas ya fue citado Raúl Alfonsín para declarar sobre la existencia o no de un pedido de impunidad por parte del peronismo de entonces sobre los hechos sucedidos antes del 24 de marzo de 2004. Esa citación del juez mendocino Héctor Acosta incomoda al ex presidente que no quiere verse inmerso en lo que el radicalismo ya considera una gran puesta en escena de la interna peronista.

El problema para el gobierno, que día a día crece en preocupación por las derivaciones que puedan tener las causas contra «Isabel» y los ministros de su gabinete que aún permanecen con vida, es que algunos diputados oficialistas han comenzado a creer que esta vuelta de la interna partidaria tiene un fin mucho mayor: «la destrucción de Perón», como ya lo llaman. Está claro que de esa idea no participan los integrantes más nuevos del bloque oficialista, muchos de los cuales no participaron de la historia del peronismo de esos tiempos. Pero entre los «históricos», muchos de los cuales vivieron de jóvenes esa época, las dudas sobre las verdaderas implicancias del juicio a «Isabel» se acrecientan cada día.

  • Objetivo

    Esa sesión especial, se sabe, fue pedida, por ahora, sólo por Federico Storani, que el fin de semana anunció la intención de abrir una discusión sobre esa era similar a la que el radicalismo llevó adelante en 1986 sobre la legitimidad de la deuda externa.

    Para que ese pedido de Storani vea la luz en el recinto de sesiones de Diputados necesitará un apoyo amplio de toda la oposición. Puede conseguirlo del ARI, el PRO y quizás algunos integrantes del lavagnismo, pero no alcanzaría para abrir el debate histórico. Por eso es crucial el tanteo sobre las voluntades dentro del actual peronismo -oficialista o no- para llegar a reunir el quórum.

    Son esos mismos diputados que sin empacho explican: «Cualquiera que haya conocido a Juan Domingo Perón sabe que nada de lo que nació en ese tiempo puedo haber existido sin que él lo conociera». Apoyan en ese sentido la tesis sobre la imposibilidad de que «Isabel», una vez muerto Perón, se hubiera apartado de la línea política que le marcara su marido.

    Esa efervescencia comenzó a crecer precisamente en uno de los sectores más peligrosos hoy para el gobierno: los propios diputados peronistas que integran el bloque kirchnerista, pero que saben, no comulgan con los modos y rituales del oficialismo.

    La sesión especial, que debería de todas formas esperar a que se inicie el período de sesiones ordinarias ya que sería imposible que Néstor Kirchner habilitara ese tema para extraordinarias, se transformaría así en una discusión sobre el «peronismo de los 70» y no sobre la violencia de esos años, como argumentó Storani.

    «Los decretos no los firmó 'Isabel', sino Italo Luder, que por otra parte gracias a este escándalo nos enteramos que está vivo. Este manoseo del gobierno peronista es un típico procedimiento de la 'orga' -nombre con que se llamaba en la intimidad a Montoneros-», dicen esos mismos peronistas disconformes.
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