Cavallo debutó en gabinete con anécdotas de la era Menem
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Pascual prometió, como luego Losada, que la ley saldría en el Congreso, aunque el ministro debía admitir alguna corrección sobre el proyecto original.
En ese momento entró veloz cual saeta el edecán aeronáutico y le pasó un papelito al Presidente. De la Rúa se humedeció los labios y se lo pasó a Colombo. El inmutable jefe de los ministros carraspeó y leyó, ante la expectativa de los que habían visto esa coreografía, la noticia fatídica de la tarde: el rumor en los mercados -que se habían desplomado desde mediodía- es que renuncia el Presidente.
De la Rúa abrió los brazos sin palabras y en un segundo intento dejó oír: «Habrase visto... lo que hace cierta gente. Con los esfuerzos con que se trabaja acá y hay que salir a enfrentar estos disparates». Los demás presentes en la reunión entonaron en cascada y al mismo son, qué barbaridad.
Monólogo
Cavallo rompió el silencio «¡¡¡¿Vieron? ¿Vieron? Siempre lo mismo, siempre lo mismo, ¿No les dije?!!!». Brincando sobre su silla, arrancó con otro de sus recordados monólogos de gabinete. «A mí me pasó varias veces.» Los ministros cogotearon como podían para escuchar bien a la nueva estrella de equipo en esta evocación: «Fue a finales de febrero de 1991 cuando estábamos por poner en marcha la convertibilidad. Yo me fui a dormir la siesta, porque de chico me enseñaron a dormir la siesta y me quedó esa costumbre tan cordobesa». Como ahí casi todos son cordobeses, no pudieron sino festejar.
«Y me desperté de la siesta -debe haber sido, por la fecha, en el dormitorio del piso 13° que ocupaba el entonces Canciller en la anterior sede del ministerio de Relaciones Exteriores en Reconquista y Ricardo Rojas-y me dijeron que había un ataque de especuladores contra el peso. Había gente que estaba comprando el dólar a 10 mil australes. Porque ¿se acuerdan de los australes, no?» , mortificó el ministro a la mayoría radical de la sala.
Crecía la tensión del cuento: «Entonces me llama el presidente, que era Menem. ¿Se acuerdan? y me dice: 'Mingo, ¿hay que devaluar'?»
«No, le respondí, de ninguna manera. Era un viernes, por eso le dije al presidente Menem, no hay que devaluar, no hay que devaluar.» Esto lo dijo con los ojos más abiertos que nunca mirando fijo a De la Rúa, que repitió por lo bajo: «No hay que devaluar».
De la Rúa, curioso: «¿Y qué dijo Menem?»
Cavallo: Me hizo caso y no devaluó. Porque le dije: Esa gente que está especulando va a perder plata el lunes, ya va a ver. Y fue verdad porque el lunes el dólar cotizó por debajo de los $ 10 mil australes.
«Es que se dice cada cosa», dijo un ministro.
Cavallo: Es cierto, pero la culpa la tiene uno que a veces habla mucho. Yo siempre hablé con mucha libertad, y miren lo que me pasó. Me llenaron de juicios por calumnias e injurias, y con esos juicios me han complicado la vida, y me ha salido carísimo. Eso pasa por hablar tanto.
«-¿Qué hay que hacer?», quiso instruirse un despistado.
Cavallo: Yo ya aprendí, yo ya aprendí. No hablo más sin poner antes día, lugar y tema. No hay que contestarles a los periodistas que lo interceptan a uno en la calle o al salir de la casa. Hay mucha confusión hoy para que haya además tanta información. Por eso les recomiendo a todos, no hablen tanto, no hablen tanto. Miren lo que hago yo. Sigan mi ejemplo.
Este locuaz llamado al silencio despertó más de una sonrisa. El Presidente murmuró algo, pero prefirió no decirlo. Colombo le dio la palabra a Patricia Bullrich, que había pedido pista para explicar qué podía sacar el gobierno del Congreso en materia laboral y previsional. Dijo que había que aprovechar el envión cavallista para pedirle al Congreso que convalide los decretos de necesidad y urgencia de reforma previsional y de desregulación de las obras sociales.
Cavallo y Pascual, casi al unísono, desaconsejaron la movida. Hay que concentrar la artillería en sacar la superley de reforma fiscal y los superpoderes, argumentaron. Bullrich leyó entonces los proyectos que le mostrará a Cavallo para desregular más el mercado de trabajo llevando, por ejemplo, a una simplificación máxima el pago de aportes de los empleados de microempresas, copiando el sistema que se aplica para blanquear al personal del servicio doméstico.
Adalberto Rodríguez Giavarini, funcionario a quien vela la sombra de otro economista, que además se precia de haber sido un buen canciller, como Cavallo (le tocó en esa función firmar el protocolo de fundación del Mercosur), amagó con introducir el tema del viaje a Brasil para negociar una baja de aranceles en el mercado común.
De la Rúa ordenó que ese tema fuera tratado a solas entre él, Colombo, el canciller y Cavallo, quien viajó junto a Giavarini anoche a Brasilia. Era suficiente para un gabinete con otros debuts, como los de los nuevos ministros Ramón Mestre (Interior), Andrés Delich (Educación), Carlos Bastos (Infraestructura) y Nicolás Gallo (secretario presidencial).



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