Islamabad (Reuters, AFP, ANSA, EFE) --Los talibanes que hace días permanecían rodeados en Kunduz, acordaron rendirse anoche poco antes de que venciera el ultimátum impuesto por la Alianza del Norte que había advertido estar dispuesta a atacar sin piedad.
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El comandante talibán Mullah Faisal, declaró la rendición ante la prensa en Mazar i Sharif, donde durante toda la jornada permaneció reunido con los líderes de la Alianza.
«Habrá paz», sostuvo Faisal ante los periodistas presentes en uno de los salones donde tuvo lugar la jornada negociatoria. Por su parte, el comandante de la Alianza del Norte, Rashid Dostum, dijo que la situación será resuelta «sin combatir».
Durante la jornada, el ataque final sobre Kunduz parecía inevitable, con miles de mujaidines opositores en marcha hacia el último bastión talibán en el norte de Afganistán, ajenos a toda negociación y con juramentos de «sangre y venganza». En los todo terre-no y en tanquetas blindadas rusas recién llegadas de Tayikistán, a lomos de caballo desde la lejana Mazzar-i-Sharif o a pie desde las colinas de Tajar, los hombres de la Alianza del Norte convergieron ante Kunduz seguros de una inminente victoria.
Sin embargo, la decisión de rendirse fue tomada luego de una reunión celebrada entre las fuerzas antitalibanes y representantes de la milicia islámica en la ciudad de Mazzar-i-Sharif (norte de Afganistán).
Al cierre de esta edición, Washington aún no había hecho declaraciones al respecto.
• Primicia
La cadena estadounidense CNN fue la primera en dar a conocer la rendición de los talibanes, citando al comandante Faisal quien horas antes había dicho que «en Kunduz no ocurrirá nada».
La rendición de los talibanes se produjo luego de que el Pentágono y la Casa Blanca anunciaron que intensificarían sus bombardeos en las próximas horas para expulsar de esa jurisdicción a los combatientes talibanes. Kunduz se convirtió para los tayikos, hazaras y uzbekos de la Alianza en el símbolo de la testarudez y crueldad de los talibanes, con horripilantes relatos de los civiles que escapan de una ciudad tomada por el fanatismo. «No habrá piedad para los mercenarios extranjeros», afirmó rotundo uno de los comandantes de la Alianza.
Finalmente, los representantes de Naciones Unidas que asisten a los opositores han lograron convencer a sus comandantes de que eviten un baño de sangre en Kunduz, a pesar de que la Convención de Ginebra es un tratado sin mayor valor para los rudos milicianos del norte de Afganistán, para quienes las únicas leyes respetables son las que marcan sus fusiles.
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