Hervía la CGT ayer. Ninguna razón sustanciosa obligaba al espeso clima, salvo conflictos por celos dentro de los triunviros. Para complicar la situación, una delegación de mujeres se presentó -como en la jornada anterior- para hacer prevalecer el cupo femenino y la autoridad de Susana Rueda, presuntamente postergada en la cúpula de la CGT. No hubo incidentes, pero cada vez se excitan más los ánimos.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El pleito, la continuidad en verdad, surgió cuando se leyó hace 48 horas un comunicado de la Rueda descalificando cualquier decisión de la CGT porque ella estaba ausente, de viaje en México. Según ese medio, ninguna decisión de la central obrera se podía tomar sin su presencia física. Como es de imaginar, los hombres -no sólo los otros dos del trígono, José Luis Lingieri y Hugo Moyano- querían arrancarle los pelos a la mujer.
Todo se calmó en apariencia cuando, por diversos medios, la Rueda salió a desmentir el comunicado, en apariencia redactado por uno de sus colaboradores pero sin su venia. Renacía la calma. Pareció tarde: ya los otros sindicalistas habían insinuado que la mujer estaba en las playas de Cancún y no en un seminario, explicaban y destrozaban la tontería del comunicado: ninguna determinación importante de la CGT se resuelve siquiera con el triunvirato que la comanda, sino con la aprobación del Consejo Directivo. Otras decisiones, menores, siempre se acomodarán por el voto mayoritario del triángulo. ¿O acaso la CGT debe cerrar en cada ocasión que la Rueda parte de viaje?
Desmentidas aparte, lo cierto es que la relación interna sigue deteriorada y, por el momento, se diría que algunos sectores transigen porque no desean la ruptura. Pero hoy cada episodio acerca a las partes hacia posiciones irreconciliables.
Dejá tu comentario