1 de diciembre 2004 - 00:00

CGT: sigue puja en la cúpula

Hay, como en toda pulseada, ganadores y perdedores. Y por buena muñeca o por ponerles cerrojo a los rivales, es Hugo Moyano quien hasta ahora sumó las mejores posiciones. El botín es, esta vez, el reparto del poder territorial de la CGT, representado por las regionales de la central obrera.

La unificación de las dos CGT engendró un forcejeo para lograr que la unidad lograda en la cúpula nacional -encarnada por el triunvirato que comparten Moya-Cont. en pág. 12 no, José Luis Lingieri y Susana Rueda-se derrame a las conducciones regionales. Como era previsible, el proceso generó chispazos.

Los primeros movimientos dejaron un tendal de heridos. De hecho, un puñado de caciques gremiales, desde Lingieri hasta Luis Barrionuevo, se reunió ayer en la sede de Azopardo para protestar contra el criterio «de imposición», dicen, que aplica Moyano.

Fue el momento oportuno. Para la media tarde estaba prevista una cumbre del consejo directivo, pero el camionero decidió suspenderla para viajar, justamente, a levantarle la mano a otro de sus aliados como secretario general de la Regional Rosario.

-Quedate, tenemos que hablar varias cosas
-lo atajó, hosco, Barrionuevo cuando Moyano intentaba dejar la reunión para partir hacia Santa Fe.

-No, lo dejamos para otro momento
-se escabulló el camionero y tras de sí se levantaron sus satélites.

El desplante enfureció a los que quedaron, entre quienes apareció, sin que nadie la convoque, la cuestión de la normalización de las regionales. Estaban, entre otros, Lingieri, Barrionuevo, Rueda, José Pedraza, Manuel Pardo y Juan «Cacho» García.

Todos, quien más quien menos, ven con pánico cómo el eje que integran Moyano, Gerónimo Venegas de UATRE y Juan Manuel Palacios de UTA se va apropiando de las regionales. Y les imputan que, además, demoran la normalización de aquellas donde no tienen peso.

Citan, en este sentido, dos ejemplos emblemáticos: en Bahía Blanca y en Mar del Plata, el grueso de los gremios selló un compromiso de unidad, pero como en ambas ciudades UTA y Camioneros tienen incidencia relativa, Moyano encajonó el proceso de normalización.

Pero el detonante se produjo el lunes en Santa Fe. Allí,
Moyano proclamó a Jorge Kiener, jefe de UTA y ex secretario general de la extinta CGT disidente, como nuevo jefe de la regional. Aunque el municipal Alberto Maguid avaló -en ausencia, porque está en Ginebra- ese acuerdo, fuera del armado quedó un numeroso grupo de sindicatos, entre ellos UOCRA y ATSA, el gremio del que proviene Rueda.

Con eso desató la ira de la cosecretaria general de la CGT, que habló de
«autoritarismo» y «opresión» cuando se refirió a la normalización de la regional a la que pertenece.

Y apuntó contra Moyano.
«Impuso a sus candidatos cuando lo acordado era que triunvirato que se esfuerce por consensuar para que ningún sector quede afuera.» En Santa Fe, eso no ocurrió.

Y no fue el único lugar: días atrás, en Concordia, el trío
Moyano-Venegas-Palacios impuso una conducción leal de la que fueron excluidos el Sindicato de Comercio y el gremio de frutihorticultores. Estos dos últimos son los rubros más importantes en términos productivos. Al frente quedó Walter Dorronzoro, de la UOCRA.

También se vio la mano de los moyanistas en Tucumán. Allí, la conducción quedó para
Jesús Pelascio, dirigente de UATRE que responde a Venegas. A Pelascio amenazan correrlo con un juicio porque, acusan, llegó a ese cargo no como gremialista, sino tras ser interventor en la obra social de los peones rurales.

Y en Junín, en el noroeste bonaerense,
Moyano impuso a sus delegados.

¿Hubo soluciones menos críticas? Algunas: La Plata, donde quedó el jefe de UPCN
Carlos Quintana; Neuquén, y Resistencia, entre otros. Pero por delante quedan territorios complejos. Córdoba, Mendoza y Salta aparecen en la escena con mucha tensión.

Sin embargo, como las alianzas son locales y no hay uniformidad hacia el armado nacional, todavía no estalló un conflicto masivo. Pero en el futuro puede provocar un efecto cascada.

En rigor, los heridos y los viudos se cuentan por puñados.
Rueda en Santa Fe, Armando Cavalieri en Concordia y el bancario Juan José Zanola en Tucumán sirven como parámetro para tantear el peso de los desplazados.

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