Chávez no sedujo a Evo (ni con Fidel)
-
Milei, en la cena de la Fundación Libertad: "Tarde o temprano la inflación y el riesgo país se van a destrozar"
-
Kicillof recibió a las centrales sindicales y autoridades laborales provinciales en rechazo a la reforma laboral
Hugo
Chávez y
Fidel Castro
durante la
noche en
que hablaron
por horas
ante unos
24.000
participantes
del curioso
acto que
protagonizaron
junto a
Hebe de
Bonafini en
Córdoba.
Del «tour» del sábado a la casa que habitó Ernesto Guevara en Alta Gracia -por sugerencia médica, para intentar domar su asma- también participó Chávez, que actuó casi como escolta de Castro y hasta medió para evitar enojos públicos del cubano sobre el tema Molina.
Abundan las lecturas sobre el modo en que se abordó el asunto. Con Castro todavía en Córdoba, un funcionario ensayó una explicación. «Si nosotros le estamos dando un escenario para que se exponga, al menos tiene que retribuirnos con un gesto», dijeron desde Cancillería.
Fue la respuesta a un planteo sobre si es oportuno recibir a un huésped con un reclamo hipersensible, como hizo Kirchner con Fidel. La óptica se completó con otra lectura: la crisis Molina se agudiza como consecuencia de la transición que se prepara en Cuba para la sucesión de Castro.
Se interpreta así: Raúl Castro, seguro heredero, y el bloque de funcionarios que entorna al cubano, deben endurecer la postura para no dar ninguna señal de futura debilidad o flexibilidad. Es un dato que quizá entrevió Kirchner y por eso apostó a un gesto de consumo interno.
Chávez intercedió con éxito para aplacar la crisis entre Kirchner y Castro pero no pudo quebrar la negativa del boliviano Evo Morales a compartir con él y Castro el extenso acto -hablaron más de 4 horas, sin computar el discurso de Hebe de Bonafini- en la Ciudad Universitaria.
Hasta para los más experimentados en el vínculo con el dirigente de izquierda, Evo resulta indescifrable. Pero decodificaron fácilmente por qué el boliviano se bajó del mitin y derrumbó la pretensión de Chávez de mostrarse entre Castro y Evo. Hubo, al final, un trío de dos.
Arguyó, Morales, que el sábado a las 9 de la mañana debía estar en Oruro, en la comunidad donde nació, para dar un informe sobre sus primeros seis meses de gobierno. Una vieja promesa que en todo momento estuvo agendada y, por tanto, nunca estuvo previsto que concurra al acto.
Evo sugería que al tablón también trepe Kirchner, opción que jamás consideró el patagónico. Quizá una excusa: puede estar sesgado pero en el gobierno presumen que Morales quiere cerca más a Kirchner -antes pidió un acto en la Bombonera, que mudaron a Hurlingham- que a Chávez.
En teoría, mirado con ese prisma, el boliviano se arrimaría a Kirchner para, a los ojos del mundo, morigerar la influencia que se advierte que sobre su gobierno tiene Chávez.
Así y todo, sin Castro, el venezolano y Kirchner estarán el 6 de agosto en Sucre, cuando por los 181 años de la independencia de Bolivia Morales inaugure su Constituyente. Evo también logró medio «sí» de Lula da Silva y la promesa de Michelle Bachelet.
P.I.




Dejá tu comentario