Chávez no sedujo a Evo (ni con Fidel)

Política

Córdoba - «¿Espero que terminen los disparos?» Fidel Castro acalló a los militantes que, a modo de bienvenida, lanzaban fuegos de artificio en un vitoreo colorido sin registrar que las explosiones incomodarían al cubano. «Un tirador puede usar esos disparos.»

El celo típico de Castro por su protección -que justifica en el hecho de que, afirma, detectó más de 600 atentados contra su vida- se repitió pasada la medianoche del sábado cuando, a la 1.10, se despidió de Córdoba, luego de permanecer en la Argentina 55 horas.

Sin hora precisa de despegue, la custodia de Castro esperó la noche cerrada para emprender el regreso a Cuba con la presunción de que un eventual ataque contra el avión Ilyushin en que viaja «el Comandante» sería menos efectivo en la oscuridad plena.

El viernes, en la Ciudad Universitaria cordobesa, Castro habló casi tres horas: se despidió a las 22.24, con dos olvidos ostensibles. Uno lo corrigió cuando una voz amiga se lo dijo al oído: «No hablé del Che porque todo el tiempo hablo del Che», comentó.

Ni una palabra pronunció, en cambio, sobre Néstor Kirchner. La crisis por el caso de Hilda Molina alteró al cubano a tal punto que ni siquiera hizo una mención, lateral, sobre el anfitrión que vía Madres de Plaza de Mayo financió, en parte, el acto montado para él.

El resto de la logística del festival del viernes, con su seguridad, el transporte, el cotillón y las remeras y gorras coloradas con la consigna «Somos Mercosur» sobreimpresa, corrieron por cuenta y orden del gobierno del venezolano Hugo Chávez.

Del «tour» del sábado a la casa que habitó Ernesto Guevara en Alta Gracia -por sugerencia médica, para intentar domar su asma- también participó Chávez, que actuó casi como escolta de Castro y hasta medió para evitar enojos públicos del cubano sobre el tema Molina.

Abundan las lecturas sobre el modo en que se abordó el asunto. Con Castro todavía en Córdoba, un funcionario ensayó una explicación. «Si nosotros le estamos dando un escenario para que se exponga, al menos tiene que retribuirnos con un gesto», dijeron desde Cancillería.

Fue la respuesta a un planteo sobre si es oportuno recibir a un huésped con un reclamo hipersensible, como hizo Kirchner con Fidel. La óptica se completó con otra lectura: la crisis Molina se agudiza como consecuencia de la transición que se prepara en Cuba para la sucesión de Castro.

Se interpreta así: Raúl Castro, seguro heredero, y el bloque de funcionarios que entorna al cubano, deben endurecer la postura para no dar ninguna señal de futura debilidad o flexibilidad. Es un dato que quizá entrevió Kirchner y por eso apostó a un gesto de consumo interno.

Chávez intercedió con éxito para aplacar la crisis entre Kirchner y Castro pero no pudo quebrar la negativa del boliviano Evo Morales a compartir con él y Castro el extenso acto -hablaron más de 4 horas, sin computar el discurso de Hebe de Bonafini- en la Ciudad Universitaria.

Hasta para los más experimentados en el vínculo con el dirigente de izquierda, Evo resulta indescifrable. Pero decodificaron fácilmente por qué el boliviano se bajó del mitin y derrumbó la pretensión de Chávez de mostrarse entre Castro y Evo. Hubo, al final, un trío de dos.

  • Informe

    Arguyó, Morales, que el sábado a las 9 de la mañana debía estar en Oruro, en la comunidad donde nació, para dar un informe sobre sus primeros seis meses de gobierno. Una vieja promesa que en todo momento estuvo agendada y, por tanto, nunca estuvo previsto que concurra al acto.

    Evo sugería que al tablón también trepe Kirchner, opción que jamás consideró el patagónico. Quizá una excusa: puede estar sesgado pero en el gobierno presumen que Morales quiere cerca más a Kirchner -antes pidió un acto en la Bombonera, que mudaron a Hurlingham- que a Chávez.

    En teoría, mirado con ese prisma, el boliviano se arrimaría a Kirchner para, a los ojos del mundo, morigerar la influencia que se advierte que sobre su gobierno tiene Chávez.

    Así y todo, sin Castro, el venezolano y Kirchner estarán el 6 de agosto en Sucre, cuando por los 181 años de la independencia de Bolivia Morales inaugure su Constituyente. Evo también logró medio «sí» de Lula da Silva y la promesa de Michelle Bachelet.

    P.I.
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