Chiche y los secretos ajenos
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Implica un giro sutil en el discurso de la candidata. Hasta ahora, se había limitado a mostrarse «dolida» ante las críticas del kirchnerismo. Lo mismo dijo Eduardo Duhalde cuando Kirchner lo enlazó a Menem y Patti en un supuesto complot. «Me siento apenado.»
Pero en los últimos días, el tono de los delegados del PJ bonaerense se enervó. Un ejemplo: el sábado, la vice Graciela Giannettasio apiló acusaciones durísimas contra el intendente de Florencio Varela, Julio Pereyra, uno de los caciques más cercanos al Presidente.
Ayer se sumó Chiche con su aseveración sobre las presuntas pestes que conoce de sus rivales electorales. Sin embargo, la diputada insistió que no responderá con «agravios» a los agravios que, se queja, arroja el kirchnerismo contra el PJ bonaerense.
El caso paradigmático es el de Luis D'Elía, que acusó al duhaldismo de ser un «cartel de la droga» y enumeró todas las imprecaciones posibles contra Duhalde que mantuvo un silencio que sólo rompió cuando Kirchner, en persona, lo incluyó en el «eje del mal».
«Pedí a todos (los duhaldistas) que no contestemos», aseguró ayer Chiche y explicó su decisión: (los agravios) los «leen los hijos, las madres, los familiares de los candidatos. Entonces ni quiero decir mentiras, ni agraviar».
• Cuestionamiento
Se autootorgó, de todos modos, vía libre para decir «qué cosas me parecen que están mal en cuanto a la gestión, la administración y la forma de hacer las cosas». Es lo que hace desde hace tiempo: cuestionar el fondo y el modo del gobierno de Kirchner.
En la charla, Chiche se permitió también hablar de su relación personal con Duhalde.
«En casa tenemos la particularidad de charlar. Pero con un mecanismo que nos hace mucho bien a los dos. Cuando vamos al dormitorio, hablamos de lo que hicimos en el día, y lo escucho, porque creo que es uno de los políticos más destacados de la Argentina», dijo para elogiar al ex presidente.
Por último, hizo una fuerte defensa de los partidos políticos. «No tenemos que tenerle miedo a la palabra estructura» porque no es otra cosa que «un equipo de profesionales y técnicos necesarios para cuando haya que gobernar», dijo antes de despedirse recordando un capítulo doloroso de su historia política: la derrota, en 1997, ante Graciela Fernández Meijide.
«Gané en experiencia», dijo para gambetear que octubre, con Cristina Fernández enfrente, podría depararle un traspié electoral como el de ocho años atrás.




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