Chiche y Solá, hermanados como víctimas de Cristina

Política

La política es un manantial de paradojas. El lento aterrizaje de Cristina Fernández en Buenos Aires, sobre el que ya nadie se atreve a susurrar una duda, gestará una ironía: antagonistas, Felipe Solá y Chiche Duhalde, podrían ser víctimas de ese mismo movimiento.

La diputada nacional porque pierde, una vez más, frente a una dama: el estigma Fernández Meijide, nunca exorcizado desde que la frentista la derrotó en 1997, vuelve a azotarla ahora vía Cristina. Y, más trágico aún, su esposo de algún modo «complotó» en su contra.

El gobernador, a su vez, camina con los ojos vendados al borde de un abismo. Un eventual pacto cerrado entre Kirchner y Duhalde lo dejaría ante una encrujidada: volver a abrazar al duhaldismo que combate con pasión o enfrentar el desierto sin custodia de Kirchner.

El dilema, planteado así, resulta extremo; casi trágico. Pero, mala noticia para
Solá, la visión es compartida por habitantes de la Casa Rosada y compinches del ex presidente. Sin embargo, más allá de la factibilidad, el mentado acuerdo entre Kirchner y Duhalde es, todavía, pura especulación.

«No hay nada. ¿Si puede haber? Sí. Pero todavía no hay nada»,
machacó un funcionario de Kirchner que recorre y mira la provincia. Lo mismo, a pesar de la cumbre que su jefe dice tener agendada con el Presidente, sostienen los voceros del duhaldismo.

Los motivos son varios, como también las cuestiones por resolver:

• Aunque saturó con gestos y señales de que
Cristina bajará a la provincia, de hecho, el plazo para inscribir candidatos vencerá recién a fin de mayo o principios de julio. Kirchner esperará el momento oportuno para dar el paso. Por eso, en el gobierno ponen en duda que en los próximos días pueda haber un avance decisivo que permita sellar un acuerdo con Duhalde. «¿Para qué la va a mostrar ahora, si tiene tiempo?», se preguntan a modo de respuesta. Así mismo, dan por hecho que la primera dama, competirá finalmente en la provincia, algo que adelantó este diario el miércoles pasado y que los otros medios trataron el fin de semana.

• La decisión «Cristina
senadora», como dato aislado, resuelve buena parte de la discusión pero no todo. En ese sentido, el indicador a revelar es quién será el número dos de la primera dama. Debe ser -por imperio del cupo-un hombre y, todo indica, que ese lugar tendría que ser nominado por Duhalde. En definitiva, si la elección girará en torno a «la fórmula» de senadores, el ex presidente no puede resignar los dos sillones. Eso aleja, por caso, la opción que sea un kirchnerista o un felipista; por caso, Alberto Balestrini. Entre los duhaldistas, descartada la alternativa Aníbal Fernández -sólo en carpeta si Cristina no jugabatodo apunta en una dirección: Juan José Alvarez.

• El eventual acuerdo
Kirchner-Duhalde, que implicaría acordar listas comunes para senadores y diputados, tendría otra consecuencia para Solá. La ley esfuma la posibilidad de los seudolemas que plantea al gobernador. Un fallo reciente de la Cámara Nacional Electoral (que dio la banca de senador por Capital al belicismo, a pesar de que Alfredo Bravo sacó más votos, sumando al ARI y al partido de Juan Carlos Dante Gullo) y el artículo 54 de la Constitución parecen anular ese recurso a pesar que en 2001 Duhalde llegó al Senado como cabeza de tres boletas paralelas. Es decir: Solá no podría, como plantea, tener una boleta propia de diputados nacionales que tribute a Cristina senadora.

• En la provincia ocurre algo similar. En 2003, la Justicia Electoral provincial le quitó al frentista
Oscar Laborde, candidato a intendente en Avellaneda, la posibilidad de ir como postulante por siete boletas distintas. Aquella resolución, que benefició al ultraduhaldista Baldomero «Cacho» Alvarez, sentó un precedente que podría atentar contra la intención de Solá de, como «Plan B», sumar a las boletas únicas de senadores y diputados nacionales, pero con un partido propio en las secciones y los distritos.

• Más que el berrinche de
Chiche -que para Duhalde será, si se quiere, una cuestión conyugal-el potencial entendimiento entre el ex presidente y Kirchner perfora la estrategia de Solá. Por eso, la última semana, el gobernador lanzó la propuesta de que el PJ no se presente como partido sino que, emulando las presidenciales de 2003 (que permitió al santacruceño llegar a la Presidencia), Duhalde se anime a enfrentarlo en una interna general el 23 de octubre. Por entonces, hubo tres candidatos del PJ -Kirchn er, Carlos Menem y Adolfo Rodríguez- pero ninguno era del peronismo oficial ni podía usar los símbolos partidarios. Pero rápidamente, desde el tórrido Marruecos, Duhalde rechazó el convite: «Si quiere competir, que ponga fecha de internas». Es el ring que prefiere el ex presidente y al que Solá, con razón, no quiere subir.

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