Cirugía fina de Telerman para desplazar a ibarristas

Política

Jorge Telerman confirmó ayer que asumirá formalmente el lunes en reemplazo del destituido Aníbal Ibarra, una vez que hoy se conozcan los fundamentos que sostienen el desplazamiento del ex funcionario.

El fin de semana que resta hasta ese día, que dará inicio a otra etapa del gobierno porteño hasta diciembre de 2007, mantendrá al nuevo jefe de Gobierno Telerman concentrado en acuerdos, que quiere tener listos a fin de mes, pero que irá haciendo de a poco.

Lo guía la intención de ampliar la base peronista de su administración, fiel a la consigna del «peronismo» consagrada por su maestro Antonio Cafiero.

Piensa el heredero llegar a ese momento con un trámite que hasta ahora ningún jefe de gobierno ha hecho:
la demorada ley de ministerios. Es algo decorativo porque nunca una Legislatura se la rechaza a un Ejecutivo. Pero implica reforzar los compromisos de los dos brazos del poder, algo de lo cual debe cuidarse este Telerman que hereda el cargo tras una dura crisis de su propio gobierno. No la pidió antes Fernando de la Rúa, ni Enrique Olivera al reemplazarlo, ni Ibarra porque en realidad no la necesitaban por el caudal de votos que recibieron. A esos gobernantes les resultó más cómodo manejarse por decreto para armar y desarmar organigramas, pero al menos hasta ayer, Telerman estaba dispuesto a darle forma de ley, aunque variará la estructura actual.

Esas decisiones convulsionarán hoy al equipo que ha dejado Ibarra, que incluye no sólo secretarios de gobierno sino abundante tropa atada a esos nombramientos.

• Posible designación

Una de las jugadas que aventuran sobre las definiciones que tendrá el nuevo mandatario porteño, es la posibilidad del nombramiento del peronista Horacio Lenz, como embajador ante la Legislatura local. Ex aliado del ruckaufista Fernando Maurette (como su hermana María Lenz, segunda hoy en el Instituto del Cine que conduce Jorge Alvarez), este peronista es de línea propia de Telerman, fue consejero desde el '80 hasta la llegada de Alberto Fernández a la conducción y ex asesor de José Pampuro. Con él y su asesor de prensa Oscar Feito (ex de Bielsa) y Gabriela Cerruti (ex periodista) el sustituto de Ibarra contempló por las pantallas de TV el proceso del veredicto, sin más presencias.

Más que suposiciones, varias certezas se manejaban ayer en el Palacio de Bolívar 1. Una de ellas es la purga de ibarristas, especialmente los que más han entregado al fracasado operativo retorno de
Ibarra y su núcleo más apegado. Lo integran el polémico jefe de Gabinete Raúl Fernández, una pieza que además quiere ver partir el kirchnerismo que pidió en vano en momentos de tensión que Ibarra lo reemplazase y que ha irritado a porciones del oficialismo por la seducción que le provocaba una alianza más cerca de Elisa Carrió, de la que hoy el propio Fernández debe arrepentirse. Nunca fue buena, se conoce, la relación además de los dos Fernández, Raúl (el de Ibarra) y Alberto (el de Kirchner). Como si fuera poco, también R. Fernández ha confrontado con la senadora Vilma Ibarra, hermana del mandatario destituido. Este funcionario, quien mantiene buena relación con Telerman, lo que le alarga la sobrevida en el gobierno («tantos años hacenque nos entendamos con la mirada», dice del heredero), ha puesto a tal punto el cuerpo para el retorno de su jefe, que la situación lo encuentra adelgazado en 15 kilos con la única dieta de la desesperación.

R. Fernández
, así, podría desembarcar en algún organismo externo al gobierno de la Ciudad, lo mismo que la secretaria de Hacienda, Marta Albamonte, quien podría ser reemplazada por Sergio Beros, de confianza de Telerman quien lo ha nombrado al frente del área de Promoción Social durante la suspensión de Ibarra.

En cambio no tendrían la misma suerte de cambiar de despacho, el cultural
Gustavo López o la secretaria de Derechos Humanos, Gabriela Alegre, mientras que la oficina de Comunicación Social quedaría en manos de Cerutti (hoy en la Comisión de la Memoria de la provincia de Buenos Aires).

Todo depende de los acuerdos que ya ha comenzado a urdirel jefe porteño para garantizarse en una estancia pacífica y eficiente de aquí a las elecciones de 2007. El panorama requiere sin embargo de que se aquieten las pujas dentro de las tribus kirchneristas, divididas en varios campamentos, pero finalmente todas dispuestas a entregarse a la simulación del precepto peronista
«el que gana conduce, el que pierde acompaña». Lo habrá recordado así el titular del sindicato amigo del gobierno (porteros) Víctor Santa María quien si bien alojó en la sede gremial a una porción generosa de albertistas -la que ostenta mayor poderío hoy en el territorio de la Capital Federal- que bramaron por la cabeza del voto que terminó destituyendo a Ibarra (Helio Rebot), luego acataron -tras larga tenida- el llamado a la calma de Néstor Kirchner a través de Alberto Fernández. Por eso, quizá, Santa María, ayer, antes de partir a un hermético viaje al interior, pasó por las oficinas de Telerman, con quien también departió hace un tiempo, cuando el nuevo mandatario, como suplente, rechazó el nombramiento del «joven» profesoral Nicolás Trotta al frente del área de Descentralización que dejó vacante otro albertista, Héctor Capacciolli para irse a manejar los fondos de las obras sociales en el gobierno nacional.

La consigna pejotista envolvió sin duda al jefe de Gabinete nacional, quien con enconos de larga data que se remiten a viejas campañas electorales de
Eduardo Duhalde, con Telerman, se ve obligado a bajar y guardar las banderas de la disputa.

Sin embargo, si el secretario de Salud,
Donato Spacavento (hombre del Presidente), y el de Seguridad, Diego Gorgal, ya son números confirmados, habrá que ver si se le imputa a la cuenta de ese kirchnerismo. Del otro lado, los que no se amargaron con la destitución de Ibarra, esperan que, el lugar de Roberto Feletti lo ocupe un hombre de línea directa con Julio De Vido para sintonizar la obra pública porteña con las apetencias de una vidriera opulenta para las elecciones 2007 en la Capital Federal, que comparta la ciudad con la gestión nacional.

• Educación

Otra dependencia que está en el filo del cambio es la de Educación que conduce Roxana Perazza, cuyo desplazamiento, de producirse, tendría tanto que ver con la política del área como con los acuerdos. Allí usaría otro estilo Telerman, más ligado a la orientación del área que a la política.

Otra tribu peronista que se maneja en sintonía con
Telerman, se encuentra hoy alojada en el macrismo, y a nadie sorprendería que algunos de ellos fueran convocados a enviar a los suyos a algunos puestos clave de la gestión porteña, que presume de intentar no sólo una renovación, sino de quitarle la impronta ibarrista con una propia fundada, entre otros ejes, en hacer producir a la Ciudad y crear entes (como el de Turismo) para esos fines.

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