Cirugía fina de Telerman para desplazar a ibarristas
-
Caputo destacó la apertura de ofertas para una nueva etapa de la Red Federal de Concesiones
-
Lesa humanidad: Casación negó las domiciliarias de Adolfo Donda y Bernardo Caballero
Jorge
Telerman,
quien
mantiene en
reserva los
cambios en
el gabinete
porteño, se
reunió ayer
con el
embajador
israelí, Rafael
Eldad, en su
despacho del
Palacio de
Gobierno.
Una de las jugadas que aventuran sobre las definiciones que tendrá el nuevo mandatario porteño, es la posibilidad del nombramiento del peronista Horacio Lenz, como embajador ante la Legislatura local. Ex aliado del ruckaufista Fernando Maurette (como su hermana María Lenz, segunda hoy en el Instituto del Cine que conduce Jorge Alvarez), este peronista es de línea propia de Telerman, fue consejero desde el '80 hasta la llegada de Alberto Fernández a la conducción y ex asesor de José Pampuro. Con él y su asesor de prensa Oscar Feito (ex de Bielsa) y Gabriela Cerruti (ex periodista) el sustituto de Ibarra contempló por las pantallas de TV el proceso del veredicto, sin más presencias.
Más que suposiciones, varias certezas se manejaban ayer en el Palacio de Bolívar 1. Una de ellas es la purga de ibarristas, especialmente los que más han entregado al fracasado operativo retorno de Ibarra y su núcleo más apegado. Lo integran el polémico jefe de Gabinete Raúl Fernández, una pieza que además quiere ver partir el kirchnerismo que pidió en vano en momentos de tensión que Ibarra lo reemplazase y que ha irritado a porciones del oficialismo por la seducción que le provocaba una alianza más cerca de Elisa Carrió, de la que hoy el propio Fernández debe arrepentirse. Nunca fue buena, se conoce, la relación además de los dos Fernández, Raúl (el de Ibarra) y Alberto (el de Kirchner). Como si fuera poco, también R. Fernández ha confrontado con la senadora Vilma Ibarra, hermana del mandatario destituido. Este funcionario, quien mantiene buena relación con Telerman, lo que le alarga la sobrevida en el gobierno («tantos años hacenque nos entendamos con la mirada», dice del heredero), ha puesto a tal punto el cuerpo para el retorno de su jefe, que la situación lo encuentra adelgazado en 15 kilos con la única dieta de la desesperación.
R. Fernández, así, podría desembarcar en algún organismo externo al gobierno de la Ciudad, lo mismo que la secretaria de Hacienda, Marta Albamonte, quien podría ser reemplazada por Sergio Beros, de confianza de Telerman quien lo ha nombrado al frente del área de Promoción Social durante la suspensión de Ibarra.
En cambio no tendrían la misma suerte de cambiar de despacho, el cultural Gustavo López o la secretaria de Derechos Humanos, Gabriela Alegre, mientras que la oficina de Comunicación Social quedaría en manos de Cerutti (hoy en la Comisión de la Memoria de la provincia de Buenos Aires).
Todo depende de los acuerdos que ya ha comenzado a urdirel jefe porteño para garantizarse en una estancia pacífica y eficiente de aquí a las elecciones de 2007. El panorama requiere sin embargo de que se aquieten las pujas dentro de las tribus kirchneristas, divididas en varios campamentos, pero finalmente todas dispuestas a entregarse a la simulación del precepto peronista «el que gana conduce, el que pierde acompaña». Lo habrá recordado así el titular del sindicato amigo del gobierno (porteros) Víctor Santa María quien si bien alojó en la sede gremial a una porción generosa de albertistas -la que ostenta mayor poderío hoy en el territorio de la Capital Federal- que bramaron por la cabeza del voto que terminó destituyendo a Ibarra (Helio Rebot), luego acataron -tras larga tenida- el llamado a la calma de Néstor Kirchner a través de Alberto Fernández. Por eso, quizá, Santa María, ayer, antes de partir a un hermético viaje al interior, pasó por las oficinas de Telerman, con quien también departió hace un tiempo, cuando el nuevo mandatario, como suplente, rechazó el nombramiento del «joven» profesoral Nicolás Trotta al frente del área de Descentralización que dejó vacante otro albertista, Héctor Capacciolli para irse a manejar los fondos de las obras sociales en el gobierno nacional.
La consigna pejotista envolvió sin duda al jefe de Gabinete nacional, quien con enconos de larga data que se remiten a viejas campañas electorales de Eduardo Duhalde, con Telerman, se ve obligado a bajar y guardar las banderas de la disputa.
Sin embargo, si el secretario de Salud, Donato Spacavento (hombre del Presidente), y el de Seguridad, Diego Gorgal, ya son números confirmados, habrá que ver si se le imputa a la cuenta de ese kirchnerismo. Del otro lado, los que no se amargaron con la destitución de Ibarra, esperan que, el lugar de Roberto Feletti lo ocupe un hombre de línea directa con Julio De Vido para sintonizar la obra pública porteña con las apetencias de una vidriera opulenta para las elecciones 2007 en la Capital Federal, que comparta la ciudad con la gestión nacional.
• Educación
Otra dependencia que está en el filo del cambio es la de Educación que conduce Roxana Perazza, cuyo desplazamiento, de producirse, tendría tanto que ver con la política del área como con los acuerdos. Allí usaría otro estilo Telerman, más ligado a la orientación del área que a la política.
Otra tribu peronista que se maneja en sintonía con Telerman, se encuentra hoy alojada en el macrismo, y a nadie sorprendería que algunos de ellos fueran convocados a enviar a los suyos a algunos puestos clave de la gestión porteña, que presume de intentar no sólo una renovación, sino de quitarle la impronta ibarrista con una propia fundada, entre otros ejes, en hacer producir a la Ciudad y crear entes (como el de Turismo) para esos fines.




Dejá tu comentario