15 de agosto 2005 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

(Categorización: Imprescindible, Bueno, Regular, Prescindible)

José Ingenieros y Chiche Duhalde
José Ingenieros y Chiche Duhalde
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».

Prescindible. El columnista del monopolio dedica casi toda su nota de ayer a argumentar que Néstor Kirchner y Roberto Lavagna están atravesando un idilio. Más que oportuna la aclaración: los diarios del sábado habían destacado las disidencias del ministro con la campaña oficial, pronunciadas en el programa de Mirtha Legrand. Entre ellas, una importante: Lavagna dijo que tacharía nombres de las listas oficiales. Casi un Luis D'Elía, que denunció a los intendentes mafiosos de Kirchner. Si se le suma que Chiche Duhalde dijo que Lavagna era el copiloto del Presidente y anunció -después de elogiar al ministro- que «en 2007 votaremos a otro presidente», la aclaración de Van der Kooy es más que propicia.

Elogia Van der Kooy el superávit fiscal, claro, y la acumulación de reservas. Datos que, según Kirchner y Lavagna, permiten mantener el dólar caro sin efectos inflacionarios. Es curioso: se trata de la opinión del sector más ortodoxo del pensamiento económico del país, el mismo que, según Economía, carga con todas las culpas de los '90. La rareza está en que en las mismas páginas del monopolio, colegas de Van der Kooy han escrito largamente sobre los efectos inflacionarios de la política monetaria y cambiaria.

Donde el columnista demuestra cierta incomprensión del juego económico es en el párrafo en el que afirma que Kirchner y Lavagna sospechan que detrás de las críticas al dólar alto está el susurro del FMI. No advierte Van der Kooy que los pagos al Fondo provienen de las retenciones que el gobierno les cobra a los exportadores, beneficiados por la devaluación del peso. Un economista crítico podría decir: «Se castiga con inflación a la población de menos recursos para sostener el tipo de cambio y, de ese modo, poder aplicar retenciones y, con ellas, pagarle al Fondo. ¿Es esto un gobierno progresista?».

La nota de Van der Kooy sostiene una tesis central. Con sus movimientos, Lavagna no sólo no quiere diferenciarse de Kirchner sino que pretende aportar a la campaña sus contactos de ministro, sobre todo los empresariales. A veces peca de excesivo, según el columnista, como cuando anunció que el desempleo está por debajo de 12%. Sólo en la Argentina se mide el nivel de empleo restando del nivel de desocupación a los beneficiarios de los planes salariales.

La nota se desgrana después en un par de datos. Que Cristina Kirchner duplica a Chiche Duhalde en las encuestas del gobierno y que Chiche está a sólo 6 puntos detrás de Cristina en las encuestas de Duhalde. Anuncia también algo previsible: que Ricardo Branda será destituido del directorio del Banco Central. Y algo menos previsible: que tal vez Antonio Boggiano obtenga la absolución del Senado si es que predomina la opinión de la Casa Rosada por sobre la de los legisladores.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».

Prescindible.
Si Néstor Kirchner pidiera un retrato suyo tan favorable que fuera capaz de corregir en algo la imagen de hiperproselitismo que proyecta hoy el Presidente, ese retrato sería casi seguro muy parecido al comentario de ayer de Joaquín Morales Solá. El que traza Eduardo van der Kooy en «Clarín», siendo bastante parecido, no luce tan obsequioso.

La narración del periodista está empaquetada en un formato sugerente: el del testigo que registra y cuenta lo que ocurre durante un par de horas en el despacho presidencial. Hasta cabe fantasear que ese testigo, real, haya sido Morales Solá, con lo cual la operación de marketing del gobierno sería digna de reconocimiento. Por detrás de esa trama literaria (lo mejor del texto) se esconden estos datos, que muestran a una especie de Kirchner-estadista muy distinto del que aparece en las tribunas y, tal vez, del real:

• Kirchner le prohibió al ministro de Trabajo, contra una sugerencia suya, negociar con los sindicalistas del hospital Garrahan. Y dispuso que se les descuenten del salario los días de huelga.

• Kirchner apoyó a Roberto Lavagna en la negativa, que está en curso, a conceder un aumento de $ 11.000 millones para el Presupuesto del año próximo.

• En la nota de Morales Solá, el Presidente aparece como un maníaco pagador del Fondo. Se informa que las reservas serían hoy de u$s 37.000 millones si no fuera porque se le pagaron u$s 12.000 millones a ese organismo. La decisión de seguir pagando -dentro de poco, u$s 2.700 millones- parece no negociable para Kirchner. Hasta a Hugo Chávez el Presidente le aconsejó hablar contra el Fondo pero pagarle. Casi una promoción del libro de Rodolfo Terragno, «La simulación », sobre las relaciones con el Fondo. . Un detalle que todos los diarios de ayer se empeñan en destacar: Kirchner bendijo las disidencias de Lavagna en el programa de Mirtha Legrand. Es más, en la versión de Morales Solá, las autorizó en una especie de censura previa a la que se sometió el ministro antes de ir al almuerzo.

• Para terminar con esta especie de desmentida sobre la imagen de Kirchner, Morales Solá dice que el Presidente respeta a todos sus opositores. Inclusive se interesa por la suerte electoral de Ricardo López Murphy, a quien llama «Ricardo». Aun cuando su ministro del Interior lo llame «bestia» y « animal» y los piqueteros ligados al gobierno se le tiren encima.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».

Prescindible.
Insiste el ensayo de ayer de Grondona en el concepto con el que había terminado su nota la semana pasada: el drama de la Argentina es la falta de un proyecto que entusiasme con la promesa del éxito, como el que se formuló, con distintas modulaciones, en 1837-1853-1880.

El texto acusa de esta carencia al gobierno pero también a quienes quieren sustituirlo. Esta ausencia de proyecto es, según Grondona, la que impulsa la discusión política hacia el pasado, lo que pone en el centro de atención a la culpa y el fracaso. Para el ensayista el drama nacional estaría cifrado en esta propensión malsana a la negatividad. Grondona da un paso más: según él, el gobierno se entusiasma con sus acusaciones y su destructividad. La oposición, ni siquiera eso. Carece de entusiasmo.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».

Prescindible.
Como aquellos criminólogos anarquistas de fin del siglo XIX (el más notado Pietro Gori, maestro de José Ingenieros), Horacio Verbitsky parece abandonar el periodismo de columna dominical para escribir impresionantes historias carcelarias. En este caso el cronista deja el sombrero de asesor presidencial y se pone el de promotor de las denuncias de la llamada Comisión de la Memoria sobre la lamentable situación de los presos en la provincia de Buenos Aires.

Este drama no se limita a la provincia de Buenos Aires ni a la Argentina -algo que no debería eximir de buscar urgente solución- pero Verbitsky lo ubica en el centro de las preocupaciones políticas. Le sirve para cargar como todos los domingos contra Felipe Solá (a quien llama de manera hiriente Felipe «Solo»).

Ante las denuncias de la Comisión de la Memoria, sanciona el columnista que el gobierno de La Plata no hizo nada por remediar esa lamentable situación de los detenidos y clama por una intervención del gobierno nacional en el asunto. Para conmover a los funcionarios relata escenas ominosas de tortura donde presuntos represores amenazan a un preso diciéndole que los penitenciarios son «una familia» y que vaya adonde vaya lo perseguirá si sigue denunciando sus atrocidades.

De paso le sirve el relato para cumplir con la Casa de Gobierno reflotando los antecedentes de Luis Patti como policía.

Ya varios voceros del kirchnerismo -partido que integran exclusivamente funcionarios del Estado- cargaron contra Eduardo Duhalde por haber alcanzado una alianza electoral con el ex intendente de Escobar. Ahora

Verbitsky da una mano sirviéndose de su expertise principal, el manejo del periodismo de prontuario. Enumera las causas en las que se lo investigó y saluda la alianza con Duhalde como un sinceramiento de la pertenencia de todos ellos al ala derecha del espectro político.

Así como las críticas a Solá invocan una intervención de la Nación en las cárceles de Buenos Aires (como ya lo hizo Eduardo Luis Duhalde en Mendoza, constituyendo en querellante a la Nación en un juicio contra la provincia por la muerte de detenidos en la cárcel provincial), el retrato en negro que hace de Patti parece llamar a una intersección judicial de su candidatura por algún juez que quiera revisar algunas de esas causas. Con esto completa los halagos al propio Kirchner, que quiere arrinconar a toda la derecha enfrente de él para erigirse en adalid de una izquierda que en el país -como él- no tiene votos. Que además llame al juez en auxilio para ganar una elección evoca otras maniobras del gobierno en el mismo sentido (Menem, Moria Casán, Pontaquarto, Branda, etc.)

A todo esto sigue pendiente la duda ya señalada acerca de estas incursiones del asesor Verbitsky en la campaña: ¿qué dirá la candidata Cristina de Kirchner cuando deba responder sobre estos aspectos de la administración Solá que Verbitsky con tanta laboriosidad junta semana a semana?

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