Comentarios políticos de este fin de semana

Política

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».

Trae un dato importante y además positivo: el presidente Kirchner le dijo a su subsecretario de Transporte y sindicalista, el incomprensible -no sólo por la dualidad de cargos- Ricardo Cirielli que «si hay una próxima huelga (en Austral y Aerolíneas) vos te irás del gobierno e intervengo los gremios aeronáuticos. No hay razón para intervenir ni para estatizar Aerolíneas Argentinas». Es positivo porque el próximo paso era una de esas huelgas oportunistas en días previos a Semana Santa. Dice el columnista que Cirielli salió temblando del despacho. Nunca se justificará la hegemonía en una democracia pero... a veces corrige en minutos daños persistentes.

En lo demás Morales Solá sigue creyendo que la Argentina es mala y Uruguay totalmente bueno en el tema papeleras y contaminación. Al menos reconoce que Tabaré Vázquez está embretado por la oposición política interna en Montevideo como para poder mirar con tranquilidad el problema. Necesita el levantamiento del corte de los puentes por parte de entrerrianos para tener un arma en sus manos.

Por el resto el columnista repite lo conocido: el gobierno de toda provincia debe sojuzgarse al político que pasó a la presidencia, sea Carlos Menem o Néstor Kirchner. Un buen político como Sergio Acevedo no acató estas maldades tradicionales y tuvo que renunciar como gobernador. Ya se había dicho todo eso. La novedad es que la jueza de Santa Cruz se ve presionada para impartir Justicia en esta época especial del país, es que la muerte de uniformados no es importante y familiares presionan -inclusive con Hebe de Bonafini- por sus detenidos aunque entre ellos estén quienes asesinaron de un tiro en la espalda,una cuchillada que atravesó su cuerpo y un fierrazo que le abrió la cabeza al policía desarmado Jorge Sayago. Simplemente hoy la impunidad cambió de lado.

Luego dice que la Casa Rosada prefiere a Daniel Scioli borocoteándolo al gobierno o Roberto Lavagna como candidato a jefe de la Ciudad de Buenos Aires en 2007, al actual Jorge Telerman. Es posible o no. Telerman, precavido, se declaró « kirchnerista» e igual es maltratado desde la Casa de Gobierno. Pero puede ser una estrategia para pingüinizarlo en sumisión porque, en definitiva, este jefe municipal hoy no tiene partido de respaldo (si hasta Ibarra sólo tenía dos legisladores porteños propios sobre 60) pero es prematuro para Kirchner resolver. Por ejemplo, quizá no le convenga un candidato fuerte en Buenos Aires para no tentar a Mauricio Macri y Elisa Carrio a candidatearse para la Presidencia de la República en 2007 si hay dos cargos políticamente difíciles de conseguir. Es obvio que se apuntaría al mejor.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».

Una reflexión sobre los regímenes políticos le permitió ayer a Mariano Grondona exponer las desviaciones que presenta hoy en la Argentina el sistema democrático. El ensayista vuelca en la nota su familiaridad con conceptos y corrientes del pensamiento clásico, lo que siempre enriquece mucho la página en que escribe.

La nota de ayer describe tres modelos de organización del poder. La democracia directa, practicada por los griegos en la escala muy adecuada de la «polis». La democracia representativa, prevista por el constitucionalismo del siglo XIX, que adoptó la Argentina. La autocracia, donde un gobierno decide sin obedecerse más que a sí mismo.

La tesis del artículo de ayer es que en la Argentina la democracia representativa está sitiada por dos fenómenos. Por un lado, la movilización popular de «caceroleros», « piqueteros», en general, víctimas de distinto tipo y legitimidad. Por otro, un presidente al que no le gustan las disidencias ni la diversidad de los demás poderes.

Grondona recurre después a los dos clásicos del pensamiento político inglés para describir una ambivalencia de Kirchner. Como Hobbes, el santacruceño tendría una visión pesimista de la naturaleza humana: es lo que lo lleva a apretar, atemorizar, doblegar a determinados individuos elegidos como blancos para alcanzar sus objetivos.

En cambio Kirchner parece inspirarse en la versión optimista de John Locke cuando se trata de movilizaciones callejeras: las deja actuar, suponiendo que de esas «puebladas» surgirá una solución a los problemas. El ensayista se pregunta si esa actitud es hija de una confianza en el «mercado» que Kirchner no cultiva en otros frentes o si, en cambio, obedece al miedo al descontrol de la calle. Un inspirador permanente de Grondona, Maquiavelo -a quien esta vez no recurre-, describió en una carta al Consejo de Florencia cuál debe ser la conducta de quien conquista un territorio desconocido (como podría ser el resto de la Argentina para alguien que salió poco de Santa Cruz): «

Halagar a la plebe y demostrarse cuán duro se es con quienes esa plebe identifica como causante de sus padecimientos». Es también la propensión del demagogo, claro.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».

Casa Rosada-dependiente, el columnista se perdió ayer en algunos temas que le resultan laberínticos. Por ejemplo, la crisis santacruceña por la que cayó Sergio Acevedo. Su ignorancia les permite a las fuentes que lo alimentan hacer pasar algunas tergiversaciones. La primera: que Néstor Kirchner le asestó un golpe de gracia al gobernador al denunciar que hubo excesos policiales en la investigación del crimen de Las Heras. Es sabido que Kirchner habló de eso una vez que Acevedo había dejado el cargo. Tal vez era mejor para el Presidente hacer creer que el gobernador «progre» se fue por violaciones a las garantías individuales y no denunciando opacidades en la administración de las obras públicas que asigna Julio De Vido desde la Capital, como ha dejado trascender el renunciante a través de mil canales.

Segundo error de Van der Kooy en su panorama santacruceño: decir que Acevedo desconocía el norte de la provincia y que por eso se le descontroló Las Heras. Es público que el ex gobernador volverá a Pico Truncado, que es una localidad del Norte de la que fue intendente. Precisamente es el conocimiento de esa zona provincial -que Kirchner, De Vido, Zannini, etc. nunca controlaron- el que volvió sospechoso a Acevedo.

Tercer desliz de la nota del «monopolio», ayer: tratar muy superficialmente la relación entre el segundo (y mandamás) de la SIDE, Francisco Larcher, y el renunciante. Van der Kooy no consigna que el conflicto entre ambos no se debió a las maniobras de inteligencia que se podrían ordenar desde la Capital en la provincia. Larcher, lo saben los conocedores del actual oficialismo, fue el encargado político de la colocación de los fondos de Santa Cruz fuera del país. Y Acevedo, si se quiere, fue la víctima de esa operación, ya que debió convalidar con su firma esos movimientos financieros.

Otro desacierto que Van der Kooy cometió ayer en homenaje a sus fuentes fue el de decir que Kirchner quiere hablar con Jorge Telerman pero está esperando que el alcalde selle su paz con Alberto Fernández. ¿Quién es el jefe? ¿ Kirchner o Fernández? Si Fernández no selló todavía esa paz es por orden de Kirchner, obviamente. Basta mirar la provincia de Santa Cruz para advertir cómo trabaja el Presidente.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».

El columnista pone su entrega dominical de ayer al servicio de la promoción de un libro de su autoría que sale esta semana y que dedica, con esa pasión del converso, a un paseo por los archivos de la Iglesia que se refieren a la década de los años 70. A lo largo de tres páginas repasa lo que considera son las simulaciones del Episcopado a la hora de contar su propia historia buscando ocultar presuntos pecados. Enojado como siempre con el cardenal Jorge Bergoglio, a quien ya atacó en un libro anterior, le reprocha que en las recopilaciones de documentos pastorales el Episcopado católico haya omitido -por ejemplo- pronunciamientos que hizo en favor de gobiernos dictatoriales.

Fiel al propósito único de promover el libro, Verbitsky incluye en su larga columna (en realidad, la reproducción como adelanto de algunas páginas de su libro «Doble juego: la Argentina católica y militar») una gacetilla para que los periodistas vayan a las 7.30 de hoy a un hotel de la Capital Federal para regalar fotocopias de los documentos que usó en el libro. Una buena manera de comenzar la jornada.

El amplio espacio que le dedica Verbitsky (y «Página/12») a este libro tampoco agrega mucho a lo que se le conoce sobre su actitud ante la Iglesia, un tema que aborda para divulgar su ideología extremista y, de paso, hacerse de unos pesos. Ningún católico cambiará su actitud ante la Iglesia por lo que diga Verbitsky. No quiere a la institución y lo prueba cuando se pliega a las leyendas del presunto nazismo del papa Pío XII o cuando se ríe de la fe de los obispos Justo Laguna y Carlos Galán, quienes, bromea, «como se supone que son creyentes», se encontrarán en el infierno. Verbitsky los juzga y los condena, pero además se ríe de su fe. Con el mismo ánimo, un creyente podría pensar que si esa fe es verdadera, Verbitsky compartirá con ellos el mismo infierno y para la eternidad.

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