Comentarios políticos de este fin de semana

Política

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


Esta vez, el no-reportaje con el Presidente le tocó a este columnista, que no pudo sacar mucho más de la visita al despacho presidencial que quienes lo antecedieron en el turno que establece Néstor Kirchner para cada domingo (el anterior le tocó a Mario Wainfeld de «Página/ 12»; antes, a Joaquín Morales Solá). No por incapacidad del periodista, sino porque la trivialidad de los asuntos que Kirchner les presenta a los periodistas a quienes les abre la puerta llama ya la atención. Si a eso se agrega esa visión romántica que tienen estos cronistas, que les hace entender que la personalidad del Presidente es la que lo decide todo, la estampa no puede ser más melancólica: más si se la representa con una prosa de cuento de Navidad. Aparece así en la crónica un Kirchner que araña un pan dulce, que se cruza en un torneo de miradas con su cónyuge y que se pierde, al final de la nota, entre luces y globos de un árbol navideño. Casi de Disney.

El único dato de interés que aporta la columna es que Kirchner va a decidir si es candidato a presidente recién en julio de 2007. Y que en esa fecha va a resolver si se hace reemplazar por su esposa Cristina, que hace un « cameo» (participación sin créditos) en la nota de Van der Kooy. ¿Razones? No da ninguna, salvo la cábala de que los Kirchner deciden candidaturas en ese mes y que espera que resuelva la oposición a quién presentará en las presidenciales.

El resto es conocido: el nuevo romance con Daniel Scioli luego de dos años de rispideces, la apuesta por Rafael Bielsa en Santa Fe y la perplejidad sobre qué hacer en Córdoba, la simpatía renovada sobre Lula da Silva, Rafael Correa (nuevo presidente del Ecuador), el escepticismo sobre la suerte de Jorge Julio López. También el llanto por el divorcio con Roberto Lavagna por no sumarse a la pelea contra Duhalde y por aconsejar un enfriamiento de la economía a finales de 2005.

Como anécdota, nunca volvió a hablar con Carlos Rovira desde la derrota electoral en esa provincia, hecho que el columnista anota como un mérito, cuando otros pueden verlo como una deslealtad con el amigo derrotado.

Remata la columna con el mismo dato de su colega Joaquín Morales Solá: hay optimismo en alguna solución a la crisis de las papeleras que pasaría por una charla que el Presidente se debe con Tabaré Vázquez.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


El columnista hace el aporte más interesante del fin de semana porque despliega en su entrega un argumento cierto y que había adelantado ya este diario en la nota de tapa del día en que se eligió al nuevo rector de la UBA: el gobierno Kirchner sólo protegió la elección de la nueva conducción cuando se aseguró que perteneciese al peronismo. Antes dejó que los activistas de la FUBA y de otras organizaciones impidieran durante meses que se reuniera la asamblea. Una vez que cayó el candidato que tenía consenso del claustro, el radical Atilio Alterini, el gobierno desenfundó a la guardia de Infantería y sus bastones largos, sacó a la calle los carros hidrantes con agua coloreada, repartió palos, detuvo a los insurgentes universitarios y le prestó a la universidad la sede del Congreso, que tiene fueros de seguridad tanto como la casa de altos estudios, pero los hace respetar con la aplicación de la fuerza.

Es importante que esto quede registrado en el récord histórico de la universidad, que por primera vez desde 1945 tiene una conducción peronista que no ha accedido por intervención de la casa y que ha sido elegida, aunque lo fuera entre tumultos y bastones largos. Por eso es destacable el aporte de Grondona, que tiene además la autoridad que le confiere su tarea de profesor.

El resto de la columna no aporta mucho más porque discurre sobre el absurdo -que es obvio- del argumento de un sector estudiantil que reclama que ese estamento tenga mayoría en la conducción de la casa. En la universidad, dice Grondona, debe haber democracia de conducción, pero no democratismo, es decir, trasladar la igualdad a todos los niveles de la relación en una institución en la cual algunos enseñan y otros aprenden. Un punto de vista lo de la conducción democrática en términos electivos, porque sistemas eficientes como el de Estados Unidos reclutan a los conductores de universidades entre profesores especializados en administración educativa, que son contratados por ese « expertise», no porque los vote la totalidad de los estamentos. Claro, se trata de un país en el cual existe respeto por el espíritu democrático en todas las actividades, incluyendo a la universidad. La Argentina, en cambio, pertenece a los que algunos llaman las «illiberal democracies», es decir, países en donde la democracia se observa a reglamento y a desgano, apenas para cumplir con las normas, pero en donde los gobiernos administran a veces sin mandato popular por la escasa cantidad de votos obtenidos (el actual gobierno subió con 22,24% de los sufragios) y con abuso, por ejemplo, de los decretos de necesidad y urgencia.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Con el mismo énfasis que en notas anteriores, el columnista repite su optimismo sobre una solución de la pelea con el Uruguay por la construcción de la papelera contaminante de Botnia en Fray Bentos. Ese acuerdo surgirá, afirma Morales Solá en modo potencial (como si tratase de prevenirse de la fragilidad de sus fuentes), de una suspensión de la construcción de la planta de capitales finlandeses y de un levantamiento de los cortes de puentes de Entre Ríos al Uruguay. Es como decir que dejará de llover cuando no caiga más agua del cielo, pero no se consigna ninguna causa para eso ocurra.

El centro de la argumentación transita por un análisis de los temperamentos de Kirchner y de Tabaré Vázquez, que le sirve para un repaso de hechos ya conocidos: cómo la amistad entre ambos presidentes quedó debajo de las obligaciones de Estado de ambos, cómo exageró Tabaré al militarizar por unos días la frontera entre los dos países. Recuerda que el único plan que tiene el gobierno es hacer un canal para alejar de los centros poblados los detritus que produzca Botnia, levantar una ligustrina para que no se vea la pipa de esa pastera y montar un polo de desarrollo turístico entre Fray Bentos y Gualeguaychú. Una fórmula que dicha por el gobierno Kirchner suena tan fantasiosa como otras quimeras que promete sin cumplir (distribuir mejor el ingreso, renovar la política, defender los derechos humanos de hoy, no sólo los de hace 30 años y de manera incompleta).

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».


¿Para quién trabaja ahora este cronista que gastó energía durante tres años en aconsejar desde sus columnas a un gobierno que ha desoído la mayoría de sus consignas? Por caso, cuando pide que se mantenga centralizada en la provincia de Buenos Aires una defensoría de procesados que no pueden pagarse un abogado, ¿en favor de quién lo hace? ¿De quién ejercerá ese cargo o teme que la descentralización de esas defensas quiebre alguna orden que quiere se siga dictando desde el vértice del poder?

No lo dice Verbitsky en su extensa columna en defensa del documento firmado por la ONG que él maneja (el CELS) y algunos asociados, contra la reforma que intenta imponer Felipe Solá en esa provincia. Es conocida la inquina que tiene contra el gobernador, sólo porque no escucha sus consejos de buen gobierno. Se venga descalificando la reforma del sistema penal que intenta el gobernador para quitarse de encima el reproche del público por la inseguridad que reina en el distrito.

Según el columnista, la reforma Solá es un proyecto de Carlos Menem (que no hizo ninguna reforma) que alientan Mauricio Macri y Juan Carlos Blumberg (que no han asumido tampoco la paternidad de esta nueva reforma; los dos siguen considerando que Solá no tiene receta contra el delito).

Se pelea por eso Verbitsky con la impresión del público, a la que confronta con estadísticas oficiales de baja del delito, como si esos números pudieran modificar la impresión que tienen los ciudadanos de que viven en un país asolado por la inseguridad, por lo menos en el área metropolitana. Para colmo, reconoce el columnista, esas mismas estadísticas oficiales dicen que los índices delictivos se mantienen en la Capital Federal. ¿Ignora que es en ese distritovidriera donde se acuñan las percepciones colectivas que, les guste o no, deben guiar a los que gobiernan la sociedad?

Según el columnista, esta reforma se hace para proteger a los políticos que están ligados al crimen organizado y para concentrar la represión en los «perejiles», autores de delitos menores. Le basta con afirmar obviedades que son ciertas, como que hay políticos corruptos que buscan impunidad o que la policía sólo resuelve los casos en que el delincuente es sorprendido en el momento de cometer el hecho. Pero no demuestra que ésa sea la intención del gobierno y tampoco aporta nada que sirva para superar la inseguridad que vive el país. Verbitsky comete así lo mismo que critica en sus adversarios ideológicos: que politizan las cifras del delito en provecho propio.

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