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Cristina de Kirchner
«La Nación».
«Clarín».
Con menos paciencia que Morales Solá, pero siguiendo una misma orientación, este columnista intenta aportar al examen de parecidos y diferencias entre Néstor y Cristina de Kirchner. Es como si los dos se esforzasen por construir al programa gubernamental «banquemos a Cristina», una forma de respuesta al embate «opositor» de Eduardo Duhalde. Lo que destaca Van der Kooy como novedad es que la Presidente ha debutado en una pulseada mayor de la política al aparecer en una foto junto a Hugo Moyano. Para el columnista, es una epopeya que la Presidente anuncie una paritaria en su despacho que sube los sueldosde un sector con salarios ya altos en más de 25%, triplicando los índices de inflación del año pasado. Más bien parece una capitulación esa foto, que un éxito.
Más sincero es el retrato cuando la imagina a la Presidente en el intento de no agraviar a los gobernadores con concesiones a los gremios docentes que pueden complicar las finanzas de las provincias. O cuando relata los esfuerzos de Néstor Kirchner por anudar o mejorar sus relaciones con la «vieja política» del peronismo bonaerense para tranquilizarle el terreno partidario a su esposa, que ya tiene muchos problemas.
Buen dato el que cierra la columna, algo que roza el humor político además. Relata que Kirchner le dijo a Miguel Lifschitz -intendente socialista de Rosario- que piensa anotar al PJ en la Internacional Socialista. Es después de que ese sello de goma ha transitado entre la Democracia Cristiana Internacional y la Internacionalde Centro. Un partido que no funcionacon tanta vocación global es casi un chiste, aunque se justifique en el hecho de que el PJ se fagocita a la UCR y bien puede quedarse con la membrecía en la IS.
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».
El profesor dedica un par de páginas a desarrollar una teoría de las relaciones entre América latina y los EE.UU. que peca, como en otras entregas, de cierto romanticismo. Según Grondona, los países se comportan como personas, y tienen reacciones temperamentales y de conducta como el resentimiento, la envidia, la emulación, la cegera, etcétera.
Haría falta mucho más espacio para debatir la vigencia (o no, que de eso se trata) de esas categorías de comprensión de la vida social que vienen de finales del siglo XVIII y que han costado millones de vidas. Esa percepción romántica y organicista de las sociedades está en la base de los totalitarismos. Tampoco ayudan esos paradigmas para entender la actualidad, ni a los candidatos Obama y Hillary, ni a Raúl o Fidel Castro, ni a la Argentina ni Cuba, y menos a los Kirchner. A quienes por un domingo el profesor ha dejado en paz.




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