¿Comenzó venganza de los Kirchner?
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Arnold decidió, a diferencia de Varizat que votó en contra, no participar de la sesión del 26 de abril para no rebelarse al mandato de la Legislatura. Cabe consignar que, desde hace un par de años, Arnold recompuso lazos con los Kirchner. Por eso, llegó a ser funcionario del Ministerio del Interior y, desde el miércoles pasado, se desempeña en la vicepresidencia de Diputados, detrás del duhaldista Eduardo Camaño.
La señora de Kirchner, que ocupaba un escaño en la Cámara baja, reivindicó las protestas de Hugo Moyano contra la iniciativa de la administración delarruista. En el recinto, sin decirlo con todas las letras, agitó el fantasma de un supuesto negociado entre el gobierno de la Alianza y los senadores PJ, cuando se aprobó en revisión la norma. Fue la primera devolución de favores por los choques con Alasino, Branda, Verna y los suyos.
Se potenció cuando comenzaron las primeras indagatorias del renunciado juez Carlos Liporaci a raíz de una denuncia en Tribunales por el presunto pago de coimas. Empezó por alentar a Varizat. El legislador, que ahora pasó a Diputados en reemplazo de Sergio Acevedo (medió una etapa a cargo de la Casa de Santa Cruz en la Capital Federal), deslizó que Alasino le había advertido que la ley no era «gratis». Aunque nada indicaba que no estuviera refiriendo a los favores de siempre ( contratos, ATN, planes Trabajar, pensiones, subsidios, becas, etcétera).
Ella misma fue a declarar a Tribunales, donde repitió la anécdota de la Banelco que popularizó Moyano (le atribuyó a Flamarique haberse jactado de que «a los peronistas del Senado» podía «comprarlos», según la exégesis del camionero), y habló de su convicción sobre las «acusaciones» de Antonio Cafiero.
Más adelante, en la mediática comisión de lavado que fundó Elisa Carrió en la Cámara baja, la santacruceña reflotó en setiembre de 2001 el affaire de las coimas para ligarlo a supuestas maniobras bancarias ilícitas. Lo hizo en medio de la campaña electoral en la que se postulaba nuevamente a una banca en el Senado, silla que obtuvo con holgura de sufragios el 14 de octubre de 2001. Prometió que su primer proyecto sería derogar la reforma laboral. Algo que todavía no cumplió, pero que lo haría, finalmente, el gobierno de su marido.



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