30 de octubre 2007 - 00:00

Cómo ganaron kirchneristas sin el apoyo del gobierno

Darío Díaz y Francisco Gutiérrez
Darío Díaz y Francisco Gutiérrez
¿Para qué querés la boleta si no vas a sacar ni dos por ciento?

Sutil olfato de perfumista el de Oscar Parrilli cuando, en setiembre, en la previa del cierre del boletas K trató de «convencer» a Francisco «Barba» Gutiérrez de que no compita como alcalde de Quilmes contra el anibalista Sergio «Chino» Villordo.

El expediente Barba, que muestra al metalúrgico ganando con más de 28 puntos la jefatura quilmeña, revela hasta qué punto los recambios en el Gran Buenos Aires fueron -salvo una o dos excepciones- cruzadas individuales, embestida a cuenta y riesgo propio sin soporte de la Casa Rosada.

No sólo eso: en más de un caso, el respaldo formal y público del gobierno se volcó expresamente sobre los perdedores, como ocurrió con Jorge Villaverde. Sobrevalorando el « aparato», el gobierno prefirió apoyarse en los «históricos» que, al final, tropezaron.

Hay una fina línea que une a todo ese bloque: son, en general, una camada que bordea, más/ menos, los 40 años y desafiaron a poderosos (o ex) barones del conurbano, antes ligados a Eduardo Duhalde y en el verano de 2006 reconvertidos en kirchneristas hard.

El de Gutiérrez fue sólo el caso testigo. También ocurrió con Darío Giustozzi en Almirante Brown, que el jueves último soportó cómo Néstor Kirchner posaba junto a Villaverde, candidato del PJ. Vidas paralelas con Joaquín de la Torre en San Miguel y, en parte, con Darío Díaz Pérez en Lanús.

La salvedad más notable, entre los ganadores del domingo, es la de Sergio Massa, vencedor en Tigre: el titular de la ANSeS «gozó» de la presencia de Cristina de Kirchner, del Presidente y de Daniel Scioli en más de una ocasión. Los demás, como mucho, tuvieron una foto con Alberto Fernández.

Pero Gutiérrez y Giustozzi, las sorpresas de la elección, ni siquiera eso. Gutiérrez, incluso, estuvo a un tranco de quedarse sin boleta K. Un «apriete» de última hora, con la amenaza de anudar un megafrente opositor, forzó la intervención de Kirchner que ordenó le den una colectora.

Casi -se leyó entonces- se tratóde una bala de plata. Un aval para que, en las urnas, el metalúrgico se tope con su debilidad y termine boqueando. Es más: salvo Carlos Kunkel, un amigo del alcalde electo, y sus colegas de la UOM, nadie del gobierno se arrimó a darle una mano.

Felipe Solá, desde La Plata, fletó algún apoyo: limitado por su decisión de no «generar conflictos», el gobernador operó secretamente a favor de Gutiérrez.

A Villordo no le alcanzó ni el aporte de Aníbal Fernández. El ministro debe andar por los rincones maldiciendo la hora en que, a principios de este año, prefirió insistir con «El Chino» antes de apostar a Daniel Gurzi, su otro lugarteniente.

Lo de Giustozzi circula por la misma vereda. Florencio Randazzo, que antes lo cobijó como funcionario y luego le consiguió una banca bonaerense, fue uno de los pocos que puso «fierros». El otro fue Aldo «Gaucho» San Pedro, que a través de su hijo Mariano, jugó en tándem con el ganador.

Anexo: el alicista Mariano Cascallares, con oficina en Desarrollo Social y hasta antes del domingo número dos en el área de políticas sociales de Daniel Scioli en la provincia, se abrazó a Villaverde a quien combatió en 2005. La ráfaga de votos contra los derrotados también lo alcanza.

Más fortuna tuvo Díaz Pérez en Lanús. Su condición de ahijado político de José Pampuro le sirvió para tener cierto trato preferencial en Balcarce 50. Pero estuvo acotada al despacho de Alberto Fernández -quien ha perdido infinidad de elecciones-, uno de los que puede atribuirse parte de las victorias-sorpresa.

La antigua riña entre los ex socios y amigos que fueron Pampuro y Manuel Quindimil se resolvió, desafiando varios pronósticos, a favor del senador y su patrocinado: Díaz Pérez.

Pero más que con el lanusensevictorioso, Alberto F. se puso la camiseta de Joaquín de la Torre, que derrotó al riquista Oscar Zilocchi en San Miguel. Además de protegido por otros intendentes y sostenido por Aldo Rico, Zilocchi acumuló respaldos llamativos: Carlos Kunkel y Edgardo Depetri.

Esponsoreado por Franco La Porta, que fue electo diputado provincial -en San Miguel, la lista de legisladores fue la más votada, por encima incluso de la de Scioli, De la Torre dinamitó la perspectiva continuista del riquismo y sus aliados kirchneristas, cuyo nexo fue «Manola» Rico. Lo de Massa, en tanto, fue una jugada propia pero con fuerte respaldo nacional. De hecho, cinceló su campaña desde la ANSeS. Derrotó al vecinalista Ernesto Casaretto.

Algo similar ocurrió con Fernando Gray, funcionario de Alicia Kirchner, que derrumbó al multidenunciado Alberto Groppi. Tuvo respaldo de un sector del gobierno pero debió remar contra Carlos «Cuto» Moreno, hombre de Tres Arroyos, extrañamente interesado en los destinos de Echeverría.

P.I.

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