25 de septiembre 2001 - 00:00

Cómo habría comprado Bin Laden minibombas nucleares

Un ex oficial de alta graduación del espionaje ruso, que asesora al FBI en el seguimiento de los terroristas responsables del «apocalipsis norteamericano», reveló la semana pasada que Osama bin Laden cuenta con una parte de los 3.000 maletines nucleares que la KGB repartió clandestinamente a diestra y siniestra durante la Guerra Fría alrededor de las bases de la OTAN en Europa.

El coronel Stanislav Lunev, que trabajó en el GRU, en la oficina de Medio Oriente del espionaje militar soviético antes de pasarse a Estados Unidos, afirma que más de 300 de esos ingenios nucleares habían desaparecido cuando el organismo que sucedió a la KGB, el Servicio Federal de Espionaje (SFE) se puso a recuperarlos tras el hundimiento de la URSS.

Hasta ahora, su desaparición había sido un secreto celosamente compartido entre la CIA y el SFE ruso.
Cada una de esas bombas tenía una carga explosiva equivalente a un kilotón, es decir, mil toneladas de TNT. Si una bomba de esas características explotara en el centro de Madrid, destruiría todos los edificios que hubiera en un radio de un kilómetro del lugar de la explosión. En el transcurso de unas horas, los vientos dominantes esparcirían el polvo radiactivo por toda la ciudad.

Cada una de esas bombas tiene un peso de unos 30 kilos y está proyectada para que quepa dentro de un bolso o un maletín. Los rusos la diseñaron no sólo para dejar inoperativas las bases de la OTAN sino para toda una serie de misiones de sabotaje como la destrucción de ciudades, presas y puertos de mar.

El general ruso Vladimir Dvorkin ha c o n fi rmado que, desde el final de la Guerra Fría, siempre había existido el temor de que grupos terroristas se apoderaran de este tipo de armas. «Pasarlas de contrabando es muy fácil. Un gobierno que ampare actividades terroristas puede hacer que se envíen como valija diplomática. El aspecto exterior de estos maletines bomba es como el de cualquier otra maleta.

Presencia documentada

Dvorkin añadió que los servicios rusos de espionaje siempre habían considerado que determinados países como España y algunos otros de la zona mediterránea eran lugares nada dificultosos para las idas y venidas de los terroristas. La presencia de la mafia rusa en sitios de vacaciones como Marbella ha sido ya ampliamente documentada por fuentes del Mossad y de otras organizaciones de espionaje.

«Es posible que la mafia se haya agenciado primero esos ingenios nucleares y se los haya vendido luego a grupos terroristas como el de Bin Laden», afirmó Lunev. Su sospecha de que el grupo de Bin Laden, Al-Qaeda, dispone de capacidad nuclear fue ratificada por un estrecho ex colaborador del millonario saudita.

Jamal al Fadl, que se ha convertido en estos momentos en el supersoplón del FBI en sus investigaciones sobre la red de Bin Laden, ha declarado que fue él, personalmente, quien se encargó de conseguir el material nuclear.
A cambio de la promesa de una nueva oportunidad bajo el programa norteamericano de protección de testigos, este terrorista argelino de 43 años se ha avenido a revelar todo lo que sabía de su antiguo jefe.

Al Fadl ha declarado al FBI que viajó a Kartum, Sudán, hace tres años, para comprar uranio producto de un robo llevado a cabo en Valindaba, la planta industrial nuclear sita cerca de Pretoria, en Sudáfrica. En Kartum, provisto de un pagaré bancario por importe de un millón y medio de dólares, extendido contra una cuenta del Banco de Budapest, Al Fadl se enteró de que había llegado tarde. Su contacto le informó que el uranio de Valindaba se lo habían vendido ya a Irak. Desde la CIA se especificó la semana pasada que la cantidad ascendía a 15 kilos de uranio enriquecido 235.

Fuentes del espionaje israelí confirmaron por otra parte que disponían de «información fidedigna» de que, dos semanas antes del ataque a EE.UU., Bin Laden había intentado adquirir una bomba atómica táctica, «del tamaño de un maletín», a Kazajstán,
la república islámica que fue parte de la URSS. El trato no llegó a consumarse por razones que los servicios occidentales de espionaje no han podido averiguar.

Sin embargo, el Mossad israelí ha seguido la pista de un correo de Bin Laden que dispone de un grupo de mensajeros que transporta grandes sumas de dinero por todo el mundo hasta la destartalada aldea de Sulaymaniyah, al norte de Irak, exactamente cinco días antes del ataque a EE.UU. Este enlace se reunió con un iraquí a quien el Mossad ha identificado como un relevante miembro de la Guardia Republicana de Saddam. El enlace había llegado en busca de «una bomba atómica ya preparada», asegura una fuente del Mossad. Se acordó que mantendrían otra reunión una semana más tarde. No llegó a celebrarse. Para entonces, Bin Laden ya había lanzado su ataque contra EE.UU.

Un alto cargo del Mossad explicó lo fácil que sería colocar un maletín bomba en el centro de cualquier ciudad importante.
«La bomba tiene exteriormente toda la apariencia de un maletín normal. El terrorista pasa por una estación de ferrocarril o de autobuses, o por un aeropuerto. Deposita la bomba en un armario de la consigna con su llave y se larga.»

La semana pasada, científicos del Instituto Europeo Transuranio, sito en Karlsruhe (Alemania), empezaron a sopesar la posibilidad de que Osama bin Laden, a la vista de que tres de los compinches de éste habían sido detenidos en París, se hubiera hecho con nuevo material nuclear. Los detenidos tenían en su poder una cierta cantidad de uranio 235 utilizado en una bomba atómica tipo maletín. Tanto los franceses como los servicios británicos de espionaje, el MI6, coinciden en que el material de París fue transportado por hombres del supremo jefe de la mafia rusa, Semyon Yukovich Mogilevich.

Franceses y británicos tratan ahora de establecer la ruta que ellos creen que siguió el material transportado: de Ucrania a Polonia y, a través de Alemania, hasta París. También se encontraron billetes de avión a Kazajstán, una de las vías occidentales de acceso a Afganistán. La detención de este trío en París se llevó a cabo hace un mes. Sin embargo, sus lazos con Bin Laden se han conocido en los últimos días.

Probable

Desde el ataque a EE.UU., la posibilidad de que Bin Laden esté dispuesto a desencadenar una ofensiva atómica ha pasado, en palabras del ex agente del Mossad Victor Ostrovsky, «del plano de lo posible al de lo muy probable». A ese punto de vista se adhiere decididamente el doctor David Kay, que fue director de uno de los grupos de inspectores de la ONU en Irak al término de la Guerra del Golfo. En su opinión, Bin Laden bien podría lanzar «una bomba del tipo de las de maletín» que llegara a superar el grado de destrucción del atentado de las Torres Gemelas.

El secretario norteamericano de Defensa,
Donald Rumsfeld, ha encargado a los jefes de sus fuerzas armadas que vayan reconsiderando sus estrategias. El bombardeo convencional de sedes y fuerzas militares, la estrategia aplicada durante la campaña de Kosovo, es más difícil de llevar a cabo con éxito cuando los que atacan son terroristas que no tienen un cuartel general permanente.

Al comentar la conveniencia de poner fin a la prohibición, vigente durante 25 años, de que la CIA lleve a cabo asesinatos,
James Woolsey, que fue jefe de este organismo, declaró: «Desde el ataque hemos experimentado un cambio radical». La decisión de aprobar el asesinato de Bin Laden ya fue adoptada.

Existe un punto oscuro en esta guerra total al terrorismo que Washington ha desatado. La CIA ha hecho notar que está dispuesta a reclutar delincuentes, incluidos sicarios de la mafia y asesinos que asesinan por cuenta de los barones de la droga. Una fuente de la CIA reconoció que los seleccionados recibirían un documento de ocho páginas sobre cómo se han de llevar a cabo las ejecuciones. El manual fue escrito originalmente por el doctor Sidney Gottlieb en 1953, cuando era el mayor experto reconocido de la CIA en asesinatos. La semana pasada, el documento salió de los archivos de la Agencia. Me ha sido facilitada por Eric Olson una copia de este manual. Su padre trabajó con Gottlieb en aquellos tiempos que en la CIA se conocen como los días felices.

En aquellos tiempos, el padre de Eric, Frank Olson, uno de los jefes del Departamento de Química de la CIA, desarrolló una serie de aerosoles letales, en envases de mano, que podían pasar por desodorantes o espuma de afeitar, y hasta por repelente de insectos. Desarrolló también armas biológicas creadas a partir de estafilococos, encefalomielitis equina y, la más mortal de todas, el ántrax.

Escalofriante

El estilo del libro, aséptico, sin lugar a la emoción, resulta tan escalofriante como los métodos que describe. El documento empieza con una definición de la propia palabra: «Se cree que el vocablo asesinato proviene de hachís, una droga parecida a la marihuana, utilizada, según se dice, por Hasan-Dan-Sabah para motivar a sus seguidores, a quienes se encargó llevar a cabo asesinatos de índole política y de otras clases, en los que generalmente perdían sus vidas». «La simulación de un accidente es la técnica más efectiva», apunta el documento apenas unas líneas más abajo. «Cuando se lleva a cabo con éxito, provoca poco interés y sólo se investiga superficialmente [...]. El asesinato más efectivo consiste en provocar una caída desde 75 pies (22,5 metros) o más sobre una superficie dura. Para ello sirven los huecos de ascensores o de escaleras, las ventanas sin protección y los puentes [...]. Las caídas delante de trenes o vagones de metro suelen resultar eficaces, pero requieren una cronometración exacta y rara vez escapan a la posibilidad de que alguien inesperadamente pueda presenciarlas.»

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