5 de marzo 2008 - 00:00

Cómo hace Kirchner lo que ella no puede

La presencia de ayer en elacto por Néstor Kirchner espara hacer lo que cree suesposa no puede: domar alPJ, la alianza con sindicalistas,mejorar relaciones conEE.UU. De todo eso seocupa desde PuertoMadero.
La presencia de ayer en el acto por Néstor Kirchner es para hacer lo que cree su esposa no puede: domar al PJ, la alianza con sindicalistas, mejorar relaciones con EE.UU. De todo eso se ocupa desde Puerto Madero.
Al fondo de las oficinas de Puerto Madero es donde se cruzan los diálogos más ásperos. Por ejemplo: «Jefe, ¿cuántos tiros hay que pegarle a un tipo en la frente para considerarlo muerto»? Se lo dice un intendente del conurbano sur que volteó a un duhaldista en las últimas elecciones y tiene rabia de verlo en lugar ostensible en la nueva lista de congresales del PJ. Néstor Kirchner le toma la mano y le pide: «Paciencia, paciencia, denme tiempo, esto es lo que necesito ahora».

Lo que necesita Kirchner en esta simulación de reordenamiento del Partido Justicialista responde a tres necesidades, en orden de urgencia: 1) impedir que en algún momento de turbulencia política a los caciques del peronismo (principalmente los gobernadores) se les ocurra juntarse sin él a la cabeza; 2) impedir que el peronismo herido en las elecciones de la provincia de Buenos Aires del 28 de octubre se arrime a la oposición y 3) impedir que el PJ siga navegando en la ilegalidad y lo capturen sus adversarios. Aquí las razones:

  • Entre las tareas que Kirchner cree que su esposa no puede asumir está la jefatura del peronismo. No sólo porque carece de las condiciones de liderazgo -es decir el respeto de la militancia- para hacerlo. También porque no puede desairar a la base transversal que la llevó adonde está sin crearse nuevos adversarios enojando a radicales K, socialistas y piqueteros. Esto la coloca en un punto de debilidad extrema que puede agravarse si el gobierno de Cristina de Kirchner entra en problemas (desorden por reclamos gremiales, inflación, desobediencia o crece la inseguridad). «¿Quién va a auxiliar al gobierno en ese caso? ¿D'Elía, Pérsico, los piqueteros? No, vamos a ser nosotros», es el mensaje de los intendentes y punteros del peronismo bonaerense que, además, creen haber sido la clave del triunfo en las elecciones del año pasado. Sin ellos, Cristina de Kirchner no sería presidente.

  • El peor escenario para el ex presidente sería que ante la acumulación de dificultades un grupo de gobernadores, intendentes y legisladores, desde el PJ, se nucleasen en una mesa «de apoyo». La última vez que lo hicieron, en 2001, terminaron volteando a Fernando de la Rúa con el Frente Justicialista de gobernadores, del cual formó parte Kirchner en representación de Santa Cruz. En ese grupo promovieron dirigentes como José Manuel de la Sota (creador del vocablo «pesificación» en 2001) y Adolfo Rodríguez Saá, la salida la convertibilidad, tumba del ciclo De la Rúa. La frase que se le atribuye a Kirchner en Puerto Madero: «No quiero que el peronismo se vuelva a sentar en el CFI (sede de aquellas conspiraciones) si no estoy yo al frente.»

  • Una de las leyes internas más viejas del kirchnerismo le hace decir al ex presidente que «en la Argentina es más difícil vérselas con el peronismo que con el gobierno del país». Este armado de un PJ blindado en su derredor, con el ex duhaldismo cautivo y desarmado es el mejor favor que le puede hacer a Cristina. Cree que sólo él lo puede hacer, como entiende también que es el único que puede mejorar las relaciones del gobierno con los Estados Unidos. Por eso se dispone a viajar la última semana de marzo a ese país junto a Alberto Fernández. No sólo para almorzar en Council of the Americas sino, más importante, para entrevistarse en Nueva York con Tom Shannon, encargado en la administración Bush de las relaciones con América latina. Lograr esa reunión es hoy uno de los principales desvelos del gobierno.

  • Este abulonamiento del PJ en torno al matrimonio es resultado también de una lectura cruda de los resultados de la elección del 28 de octubre. El peronismo que ganó en la provincia de Buenos Aires factura esa faena en el armado del nuevo consejo nacional que se anunciará en el congreso de Parque Norte del viernes. Pero no basta, porque ese triunfo dejó heridos en todos los distritos de la provincia que quedaron afuera de los cargos que tenían antes en nombre del peronismo. Los que ganaron no quedaron mejor merced al daño que le hizo a las estructuras locales del partido la fragmentación de candidaturas en las listas colectoras y las listas espejo. Ese armado permitió que el voto se derivase a boletas que repetían nombres, pero dejó habilitadas a participar por las suyas a una miríada de agrupaciones que hoy están enfrentadas con los gobiernos peronistas de cada localidad.   

  • «En ese estado no se puede ir a una elección el año que viene», ha dicho Kirchner. Con un Francisco de Narváez -hoy aliado además a Mauricio Macri- que sacó 16% de los votos sin tener candidato a presidente, Kirchner no podía dejar afuera del nuevo PJ a ningún dirigente. Lo ha logrado en buena medida con el congreso provincial, que convirtió en congresistas a dirigentes que compitieron con el kirchnerismo el 28 de octubre. Los lavagnistas en primer lugar. Sin ese anudamiento de todo el peronismo no confía que haya espacio para otro triunfo kirchnerista en la provincia de Buenos Aires. No olvida Kirchner, entretelones poco conocidos de la última campaña electoral. Por ejemplo, cuando tuvo que intervenir personalmente pocos días antes de la elección contra el anuncio de Santiago Montoya de la aplicación del nuevo impuesto a la riqueza. Junto a algunos intendentes -entre ellos hubo radicales- frenó la medida que consideró un misil contra la candidatura de su esposa. Cuando relata este episodio, Kirchner sigue teniendo reservas sobre la solidaridad de Daniel Scioli ( candidato entonces a gobernador) y de Felipe Solá (saliente), ganadores seguros de una elección en la que Cristina de Kirchner esperaba más apoyos del peronismo. No quiere que se repita ese retablo el año que viene.

  • Lo mismo intentará el viernes Kirchner en el congreso de «normalización» del PJ nacional. Es lo último que hubiera querido su instinto: sabe que con el peronismo emblemático solo no se mantiene el poder en la Argentina, pero debió ceder a los reclamos de los gobernadores y también ante mensajes de la Justicia electoral. Le hicieron saber que si el PJ se mantenía cerrado ante cualquier nueva presentación debería dictarse la caducidad de su inscripción partidaria. Y si esto ocurría, iba ser muy difícil acceder al pedido de otros peronistas de la oposición de asumir ellos la reorganización. «Si no lo quieren ustedes, se lo puede llevar Menem o Rodríguez Saá», fue el mensaje del Juzgado Federal 1 de la Capital. Antes que eso, y aunque esta simulación de democracia interna sirva después a otra aventura transversal o concertadora, Kirchner manda a encender la luz en el local de la calle Matheu.
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