Así como no hay docentas ni pacientas, tampoco hay presidentas. Podrá haber dudas sobre cómo llamar a la mandataria electa, si Cristina Fernández o Fernández de Kirchner, aunque su cargo sólo admite una forma gramatical: «la presidente», y no «la presidenta» (no es arbitrario, hay que remontarsea lo que impone la terceradeclinación latina). Hasta es más útil para los cantitos de la barra: «¡Se siente, se siente, Cristina presidente» no funcionaría si fuera «presidenta». En Chile ocurrió lo mismo: cuando asumió Michelle Bachelet, hubo debates acerca de cuál era la forma correcta para referirse a ella, y aunque se aceptó que es «la presidente», todos terminaron llamándola « presidenta», como empezaron a hacerloayer los canales de televisión. Claro, la Real Academia Española, que últimamente cede ante todo, en una de sus más recientes ediciones terminó resignándose a aceptar la forma femenina «presidenta». Eso con el Generalísimo no pasaba (tampoco había mujeres presidentes).
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