14 de mayo 2003 - 00:00

Con gripe, Duhalde esperó en Olivos renuncia oficial

Cuando estalló el rumor, Eduardo Duhalde estaba en Olivos luchando contra una gripe que lo incomoda hace días y repasando el discurso que dará hoy ante Jorge Batlle en Uruguay. «Está tranquilo», dijeron sus voceros porque, en rigor, no lo sorprendía que Carlos Menem se bajara del ballottage.

De hecho, fue el Presidente el portavoz más persistente de la renuncia anticipada del riojano. Claro que Duhalde lo hacía como un toreo a su eterno rival; en teoría, una provocación para tocarle el orgullo a Menem y forzarlo a que se anime a llegar a la instancia final del próximo domingo.

Pero no habrá ballottage. Y Duhalde lo sabía o lo presumía desde la noche del lunes. Luego de la cena con el presidente del BID, Enrique Iglesias, ante un grupo selecto, dio por segura la dimisión de su eterno rival.

En esa mesa Felipe Solá ayer, síbilo, dio una respuesta escurridiza cuando un puñado de periodistas le hicieron una encerrona en La Plata.

-¿Dónde va a estar el doming o?, le preguntó la prensa cholula.

-Si hay domingo..., dijo Solá, y se escabulló por un pasillo, sin dar más explicaciones.

En Olivos, en tanto, después del mediodía, no hubo movimiento. Recién a media tarde, algunos caciques del PJ bonaerense corrieron al amparo de su jefe. Llegó, en el tumulto,
Hugo Curto. «No es bueno para la democracia. Es un gesto de cobardía», renegó el metalúrgico de Tres de Febrero.

Y completó la saga hiriente.
«Menem inventó la ley del ballottage con el pacto de Olivos y es él mismo quien ahora la incumple. Nunca en el mundo un candidato no se presentó a la segunda vuelta», dijo Curto, y se quedó haciendo hall para un encuentro con Duhalde.

A esa hora, Duhalde hizo circular entre sus funcionarios la orden de silencio de radio.
«Hasta que no haya un anuncio oficial, nosotros no vamos a decir nada», le trasmitió el Presidente a su vocero, Luis Verdi, que distribuyó la premisa.

Solá, por su parte -que acarreaba información de la noche anterior en Olivos-, se reunió a la mañana con
Luis Farinello y luego con un grupo de empresarios, algunos japoneses, que prometieron invertir en Buenos Aires. Después se recluyó en su despacho para seguir por teléfono las últimas novedades.Almorzó allí y continuó con su agenda normal.

Un ladero suyo hizo su interpretación libre del derrape de Menem:
«Es grave porque deja una Argentina cargada de rencor.Además, se va de la peor manera, sin respetar los códigos de la política, algo que a Menem siempre se le reconoció».

Desde que la versión de la renuncia se instaló otra vez en escena, las reuniones florecieron. En Diputados, los bonaerenses se llamaron a silencio a la espera de un palabra oficial del menemismo sobre su renuncia.

Otra cumbre se armó en el Café Tortoni, sobre Avenida de Mayo. Como previa de la reunión del Consejo del PJ provincial, varios dirigentes del conurbano se fueron turnando alrededor de una mesa de café para palpar las últimas noticias.

•Cotejando versiones

Entre otros, estuvieron Graciela Giannettasio, Baldomero «Cacho» Alvarez, Luis Obarrio, y los intendentes de Florencio Varela, Julio Pe reyra, y de Ensenada, Adalberto Del Negro -dos de los primeros prokirchneristas en la provincia-cotejando versiones e interpretaciones.

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Es una actitud muy mezquina porque es más papelón bajarse de una elección que perderla -dijo Del Negro.

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Yo estaba convencido de que iba a pelear hasta el final. No creía cuando me decían que se bajaba -intervino Pereyra, que un rato después salió eyectado hacia la Casa de Santa Cruz, nueva meca de una porción del peronismo.

Alvarez y Giannettasio avalaron esa lectura y sumaron:
«Es una falta de respecto a las instituciones», dijo la candidata a vicegobernadora bonaerense, escolta en la fórmula que encabeza Solá. Y Obarrio, postulante a intendente de Esteban Echeverría, agregó: «Ahora hay que apoyar a Kirchner».

A esa hora, sin renuncia oficial, una colección de caciques y caciquejos del PJ comenzó a desmenuzar propuestas para halagar a Kirchner, un recurso para arrimarle un símil del festejo que le arrebató el riojano.

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