14 de abril 2003 - 00:00

Congreso ya espera al nuevo presidente

La tranquilidad del Congreso será alterada esta semana sólo por la visita del presidente de la comisión de Presupuesto la Asamblea Nacional de Francia al Senado. Un grupo de senadores, que le deben la gentileza de haber sido recibidos por él en París, llegará a la Capital Federal para ese acto. Por lo demás, los legisladores de ambas Cámaras ya han dado por terminado su trabajo hasta después de las elecciones presidenciales.

Ningún diputado o senador pudo confirmar durante el fin de semana que exista algún plan para sesionar en los próximos 15 días. Y no es por ausencia de proyectos a debatir. En esto existe una mezcla de situaciones que ayudan a la parálisis: la mayoría de los legisladores están de campaña en sus provincias y es claro que el gobierno de Eduardo Duhalde no tiene ahora el poder de conseguir la sanción de leyes complicadas o que requieren un acuerdo político duro de conseguir.

La semana pasada el Senado sesionó, en una actitud que muchos consideraron casi un milagro. Allí se vio una prueba de lo peligroso que puede resultar para el gobierno el trabajo legislativo en medio de una campaña donde cada uno de los tres frentes con que el PJ va a elecciones quiere demostrar su cara humana.

Parte de ese populismo electoral fue la votación en el Senado de un proyecto de ley para suspender ejecuciones hipotecarias, una medida que estuvo destinada también a pegarle de frente a Roberto Lavagna, quien en ese mismo momento volaba a Washington a reunirse con el FMI, que nada quiere escuchar de suspender procesos judiciales.

Ese pase de factura al ministro tuvo origen en la campaña y en los desajustes de la negociación para sancionar la ley de rescate de cuasi monedas, el segundo tema tratado ese día en el Senado, pero que naufragó después de la votación en general bajo la fuerza de la realidad: nunca existió verdadera intención de aprobar un proyecto que muchos gobernadores prefieren negociar con el próximo gobierno en mejores condiciones. Es decir: la garantía absoluta de que sus pseudo monedas se cotizarán tan altas como el peso en el momento de salir de circulación.

El gobierno respondió al fracaso con un decreto que inicia el rescate, pero que no tiene garantizado el financiamiento para terminarlo.

• Problema menor

El Congreso también dejó pendiente la modificación al impuesto a los combustibles, una promesa hecha al FMI. Pasar de una alícuota fija a otra porcentual terminó siendo el problema menor. Los senadores no quisieron finalmente apoyar ni el nuevo esquema de control de hidrocarburos ni, mucho menos, la metodología para fijar la base imponible. Llegaron a denunciar a la ley como un instrumento a medida de la evasión, en un mercado donde a la AFIP siempre le costó mucho cobrar impuestos.

El Congreso tampoco quiso pagar el costo político -lo pidió el gobierno cuando se abrió el «corralón»- de habilitar una emisión de deuda para compensar a los bancos por los depósitos que devolvieron uno a uno con el dólar, vía amparos, y por haber reemplazado el CER por el coeficiente salarial en los préstamos para vivienda. Otra herencia que deberá asumir el futuro gobierno.

Dejá tu comentario

Te puede interesar