La "Copa": única guerra real para la política

Política

Alberto Fernández sabe que es entrar en esa disputa es meterse en el terreno de la política verdadera y real que mueve a la Argentina. La fluidez o el retaceo de los giros de fondos desde la Casa Rosada hacia cada provincia ha sido siempre el motor de guerras internas o el bálsamo que le hizo ganar elecciones al gobernante de turno.

Alberto Fernández sabe que entrar en la batalla de la distribución de fondos, cualquiera sea el motivo, entre la Nación y las provincias es meterse en el terreno de la política verdadera y real que mueve a la Argentina. La fluidez o el retaceo de los giros de fondos desde la Casa Rosada hacia cada provincia ha sido siempre el motor de guerras internas o el bálsamo que le hizo ganar elecciones al gobernante de turno.

Ningún presidente fue ajeno al extraordinario e incomparable poder que tiene la lapicera presidencial en este país a la hora de distribuir fondos. Alberto F. lo probó el miércoles con su poder de desviar fondos de la Capital hacia la provincia de Buenos Aires. Ese ejercicio ha sido siempre la sal que puede hacer que un gobernador sea exitoso o fracasado y es asiento real de buena parte del poder presidencial.

Esta claro que existe una coparticipación con goteo automático (es decir, recaudación de impuestos nacionales que de acuerdo a los porcentajes de la copa secundaria va a cada provincia) que no son el centro de estas disputas, pero que también en algún momento le sirvieron a la Casa Rosada para disciplinar gobernadores. Otros fondos, por ejemplo en obras públicas o aportes directos, necesitan de la voluntad del presidente para fluir. Y ahí viene la negociación de voluntades. Es por eso que llegar al sillón de Rivadavia puede ser el comienzo de una temporada larga para quien lo usufructúa: los “fierros” financieros discrecionales que tiene un mandatario en Argentina son innumerables.

En la historia argentina hubo de todo. Los Kirchner manejaron esta herramienta con una agilidad inigualable. Las peregrinaciones a la Rosada para reconocer el poder siempre fueron requisito esencial para destrabar fondos.

Solo Raúl Alfonsín en demoracia pudo hacer votar una ley de Coparticipación Federal. Y lo hizo sacrificando a la Capital. Desde entonces se armó una maraña de parches por decreto para distribuir fondos que nadie desarmó porque al poder siempre le vino a medida.

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