Alejandro Grimson: "Las diferencias en torno a la cuarentena no constituyen una grieta"

Política

El antropólogo dialogó con Ámbito a propósito de su tarea como asesor presidencial y responsable del programa Argentina Futura.

En tiempos en los que la pandemia del coronavirus impone una lógica de la inmediatez, pensar el futuro puede parecer contrafáctico. Sin embargo, la necesidad de volver a los manuales de planificación, como también de sustratos que delineen cómo será ese futuro resulta imperativo y ya se realiza en las ciencias sociales alrededor del mundo. Argentina no es la excepción y en eso trabajaba el antropólogo social Alejandro Grimson cuando irrumpió en la escena el Covid-19.

A cargo del programa Argentina Futura y miembro del equipo de asesores del presidente Alberto Fernández, Grimson dialogó con Ámbito acerca de los desafíos que implica la construcción del porvenir: "Aquellos que no quieran ser meros espectadores, sino que quieran ser protagonistas de ese futuro, es mejor que empiecen a pensar, a debatir, a reflexionar y a construir, porque sino lo van a construir otros por ellos". Muchos de estos actores, de hecho, plasmaron su reflexión en el libro digital "El Futuro después del Covid-19”, impulsado desde Argentina Futura con el objetivo de estimular el debate colectivo.

En este marco, el antropólogo cuestionó el discurso que intenta contraponer "cuarentena versus democracia", y consideró que las diferentes posturas sobre el aislamiento social, preventivo y obligatorio no constituyen una "grieta".

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El presidente, Alberto Fernández, junto a su equipo de asesores.

El presidente, Alberto Fernández, junto a su equipo de asesores.

Periodista: ¿De qué se trata Argentina Futura y cuáles son los principales ejes de trabajo teniendo en cuenta este marco de pandemia?

Alejandro Grimson: El programa es una creación del Jefe de Gabinete para que dentro del Poder Ejecutivo haya un espacio no para pensar en la Argentina de la coyuntura sino la de mediano a largo plazo. Es similar a otros programas que hay cada vez más en más países, áreas del Estado dedicadas a pensar y generar diseños, construcciones y análisis sobre el futuro. En ese sentido nosotros asumimos con ese mandato y, al igual que le pasó al resto de los funcionarios nos encontramos con el coronavirus. La pandemia como crisis sanitaria, médica y económica global se caracteriza por la construcción de un enorme muro que hace que uno se concentre en el día a día en la resolución de problemas prácticos y de las urgencias y ese muro impide ver el futuro. Entonces la primera acción que realizamos en ese sentido fue invitar a varias decenas de referentes e intelectuales a que nos ayuden a erosionar ese muro para poder abrir la imaginación sobre los futuros deseables y posibles en Argentina y el mundo.

P.: En este contexto regido por lo inmediato y el día a día, ¿cómo explicar la importancia y necesidad de pensar el futuro?

A. G.: Cada vez hay mayor conciencia de que hay una sola cosa de la que podemos estar seguros y es que el mundo no volverá a ser igual a como era antes. Esto no dice mucho acerca de cómo va a ser el mundo, porque en realidad hay muchos rumbos posibles, pero sí indica que aquellos que no quieran ser meros espectadores, sino que quieran ser protagonistas de ese futuro, es mejor que empiecen a pensar, a debatir, a reflexionar y a construir, porque sino lo van a construir otros por ellos. Venimos siguiendo los debates que se están haciendo en otros países y hay un in crescendo muy fuerte de distintos análisis y planes para el futuro, o sea que eso ya se está instalando cuando todavía estamos lejos de salir de la situación de pandemia, y en los próximos meses va a ir creciendo a nivel internacional. Es importante registrar eso, porque a pesar de que Argentina tiene que pensar y definir muchas dimensiones de su futuro económico, social, institucional, tiene que realizar un nuevo mapa geopolítico y pensar las nuevas dificultades y oportunidades que se puedan abrir en ese contexto, y por sobre todas las cosas necesita no se si un consenso unánime pero por lo menos un acuerdo de grandes mayorías para poder sostener en el tiempo este proceso de construcción.

P.: ¿Están invitados los actores de la oposición a pensar y construir este futuro?

A. G.: Desde ya que sí. La intención es que cuanto más acuerdo haya con los sectores económicos, sociales y políticos para la construcción de ese futuro, más potencia tendrá, porque implica lograr sostenibilidad económica, social y ambiental, y uno no puede pensar que haya un porcentaje relevante de argentinos que se vea perjudicado por ello sino todo lo contrario, la inmensa mayoría se tiene que ver beneficiada por una sostenibilidad económica, social y ambiental. Solamente puede no ver sus intenciones realizadas alguien que tenga intereses corporativos o muy acotados. Salir de la situación de recesión y de crisis económica global y poder entrar en una etapa donde se genere producción y empleo de manera sostenible creo que es algo a donde quiere llegar la mayoría. Después por supuesto va a haber diferencias como las hay en todo el mundo. No conozco democracias maduras en donde no haya diferencias de criterio o de opinión, e incluso diferentes intereses entre los sectores. Partiendo de una situación tan complicada, lo único que podría obturar eso son mezquinos intereses económicos o mezquindades políticas.

P.: ¿Cómo incorporar en esta construcción de la Argentina futura a los sectores más postergados?

A. G.: Por ejemplo estuve hace poco en una reunión entre el Presidente y los movimientos sociales, en la que Alberto Fernández les decía que el futuro de la economía popular era una hoja vacía que había que escribir colectivamente. Lo mismo pasa con los sectores organizados y con todos los sectores. El futuro no se escribe en los libros, se escribe en objetivos, en leyes, en medidas, en acciones políticas. Los libros o cualquier instrumento de este tipo puede contribuir a generar ideas que se conecten con organizaciones, instituciones o sociedades. De la misma manera al revés: las instituciones y movimientos necesitan ideas, y ahí hay un ida y vuelta que se trata de enriquecer.

P.: ¿Cómo te cayó el texto de la “infectadura” y la intención de un sector de la sociedad de contraponer "cuarentena versus democracia”?

A. G.: Soy de las personas que creen que las palabras se deben usar con mucha responsabilidad en el espacio público, no creo que nadie en su sano juicio pueda no reconocer que este es un gobierno que fue electo por amplia mayoría en octubre que asumió hace seis meses. Al igual que sucedió en Francia y España, los gobiernos electos tuvieron la mismas emergencias y tomaron las mismas medidas. Me parece irresponsable ensuciar el debate político argentino apelando a palabras que no tienen nada que ver con lo que está sucediendo.

P.: Como cientista social, ¿cuál es la particularidad de esta crisis?

A. G.: El alcance global. Si los argentinos nos remitimos a crisis anteriores hablamos de 2001-2002, 2008-2009. También podemos hablar de la crisis del `29, pero eso pasó hace muchos años atrás. El hecho de que los argentinos seamos algo así como expertos en vivir crisis tiene que ver con situaciones mucho más nacionales pero lo que hay ahora es una caída en todo el mundo, y eso impacta sobre cualquier país, aunque tenga pocos casos de coronavirus.

P.: Hay quienes aseguran que la denominada “grieta” se trasladó o se ve reflejada en la postura que adoptó la sociedad frente a la cuarentena. ¿Crees que esto sea así?

A. G.: La metáfora de la grieta se usó para definir un momento histórico en la Argentina en donde la sociedad estaba dividida más o menos por la mitad. Después en todas las democracias del mundo hay conflictos. Los argentinos creemos que solo en Argentina los hay, pero en realidad no hay democracia sin conflicto, es parte de las características de la vida democrática. Cuando hay diferencias de otro tipo tenemos que buscar otras palabras, porque seguir creyendo que siempre que haya una diferencia de concepción o de pensamiento se trata de una grieta que no se puede cruzar ni dialogar, eso alude a identidades completamente cristalizadas, y me parece que eso es un error. En todo caso hay que ver si las diferencias que se plantean sobre un tema son diferencias que tienden a homogeneizar y a unificar una mitad de un país de un lado y otra mitad del otro o si las cosas se están dando de otra manera. A mi me parece que se están dando de otra manera, porque hay gobernadores que son parte de la oposición y que están trabajando con el Presidente bajo los mismos objetivos.

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