26 de febrero 2008 - 00:00

Cristina, con espía en el minué de la reconciliación

El director adjunto de Inteligencia de EE.UU., Donald Kerr, el traductor oficial de Cristina de Kirchner y la Presidente, ayer en una reunión, tal como las anteriores en donde el gobierno parece querer suavizar las relaciones con ese país.
El director adjunto de Inteligencia de EE.UU., Donald Kerr, el traductor oficial de Cristina de Kirchner y la Presidente, ayer en una reunión, tal como las anteriores en donde el gobierno parece querer suavizar las relaciones con ese país.
Si con alguien quería hablar Cristina de Kirchner sobre los temas que más le interesan es con Donald Kerr, el subdirector de Inteligencia de los Estados Unidos, a quien recibió ayer en su despacho junto al embajador Earl Anthony Wayne y con dos expertos criollos en operaciones encubiertas, Alberto Fernández y el «Chango» Héctor Icazuriaga.

Esta visita es más importante que diez Tom Shannons, no sólo por el rango que tiene Kerr en la burocracia de su país secunda a Mike Mac Connell en la Dirección Nacional de Inteligencia, ente que después del 11 de setiembre pasó a coordinar todos los servicios de espionaje de su país. También porque es un experto en reconocimiento y vigilancia global mediante satélites y otros mecanismos de rastreo. Eso que en la Casa de Gobierno llaman «operaciones basura» (cuando las ejercitan sus adversarios). La visita de Kerr, como la de todo master spy se hizo sin anuncios, sin agenda pública y sin que trasciendan los asuntos que habla con los funcionarios locales.

Su presencia en el despacho presidencial cierra la coreografía de la reconciliación que ha querido exhibir el gobierno con los Estados Unidos desde la crisis de los valijeros detenidos en Miami. El paso previo fue la visita de legisladores de Washington la semana anterior, que fueron recibidos también por la Presidente quebrando todo protocolo (presidente recibe a presidente, ministro a ministro, embajador a embajador; por eso Néstor Kirchner no recibía a diplomáticos). De no haber mediado la necesidad de Estado de buscar un acercamiento mejor con Washington, a Kerr debió recibirlo cuanto más un «Paco» Larcher ( segundo de la SIDE).

El colmo de las gentilezas hacia el imperio fue la visita de esos legisladores al Congreso, en donde los senadores y diputados oficialistas los encerraron en un despacho al que no dejaron entrar a ningún opositor (debieron escuchar sólo a José Pampuro, Miguel Pichetto, Jorge Rossi y Eduardo Fellner). Nunca había ocurrido antes y al salir, la sonrisa de los peronistas a sus colegas de la oposición fue del tipo «el arreglo con éstos es nuestro».

El diálogo de Kerr con la Presidente transitó por el borde de los temas que han separado a Buenos Aires de Washington en los últimos años. La circunspección del visitante y la necesidad de la anfitriona de justificar el encuentro en algo más de la foto impidió que los funcionariospresentes le sacasen expresiones a Kerr sobre valijas voladoras o las relaciones entre la Justicia y el gobierno cuando una causa entró en los Tribunales.

Como ocurre siempre en los pocos encuentros con funcionarios de este «palo», hubo agradecimientos al gobierno argentino por los esfuerzos en apoyar, aunque con sordina, las principales consignas de la política exterior de George W. Bush.

Se deslizó la charla, aunque sin profundizar, también, hacia la trayectoria científica de Kerr, un experto en física del plasma que ha desarrollado su carrera en empresas y también en tecnología bélica (trabajó y dirigió el laboratorio de Los Alamos, famoso en lo años 40, por la construcción de la bomba atómica). (No hubo esta vez preguntas sobre los tomates « cherry», tema científico que fascina a la Presidente.) Como segundo del espionaje de su país ha hecho bandera desde el cargo de la necesidad de hacer compatible la protección de la seguridad y de la privacidad. «De día necesitamos seguridad, cuando llegamos a casa, por la noche, necesitamos privacidad.» Un hallazgo, pero casi una utopía.

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