19 de abril 2005 - 00:00

Cristina y Chiche trabajan como pocas desde sus bancas

La puja entrela familiaKirchner yDuhalde. Porun lado, elpresidenteNéstor y suesposaCristina y,por el otro,Eduardo y suseñora HildaChiche.
La puja entre la familia Kirchner y Duhalde. Por un lado, el presidente Néstor y su esposa Cristina y, por el otro, Eduardo y su señora Hilda Chiche.
Las dos mujeres en pugna en la pelea por controlar las listas del peronismo bonaerense tienen en común una rara cualidad de encontrar en legisladores del Congreso Nacional: tienen un nivel de presentismo en sesiones y reuniones de comisión que pocos pueden imitar. Es curioso que frente a la innumerable cantidad de viajes que hacen Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde, sus esposas, la senadora Cristina Fernández y la diputada Hilda Chiche González, muestren una más que aceptable asistencia al Congreso cuando la lógica indicaría que su función de legisladoras habría quedado relegada.

Muy por el contrario, Cristina y Chiche se las ingeniaron para consolidar su poder en el Congreso a la cabeza de dos comisiones -Asuntos Constitucionales en el Senado y Asuntos Municipales en Diputados, cada una en su medida- estratégicas para las aspiraciones de sus maridos.

De las 45 sesiones que se realizaron en el Senado durante 2004, la primera dama asistió a 33 y dentro de las 12 ausencias hay algunos atenuantes, como la sesión del 29 de setiembre que se cayó por falta de quórum al no bajar el PJ al recinto, varias en las que se justificó pidiendo licencia por cumplir viajes protocolares, la asamblea del 17 de noviembre que recibió al presidente de China, Hu Jintao, o la preparatoria de autoridades que no revestía demasiada importancia.

Cristina de Kirchner
, además, participó en los debates de casi todas las sesiones a las que asistió, muchas veces ocupando el rol de orador central. En otro caso, eligió directamente abstenerse, como cuando se discutieron las facultades especiales al jefe de Gabinete, que la senadora por Santa Cruz rechazó en condiciones similares durante el gobierno de Fernando de la Rúa.

El mito de sus ausencias en el Congreso se derrumba así por varias razones: Kirchner es un presidente que no viaja demasiado y por lo tanto esos viajes no interfieren tanto en la función de primera dama; el Senado tampoco sesiona todos los miércoles indefectiblemente; pero además, Cristina de Kirchner tiene como objetivo ocupar el espacio de poder que maneja como presidenta de la Comisión de Asuntos Constitucionales -que en esa Cámara tiene también las funciones de Juicio Político- y por lo tanto debe bajar al recinto a defender sus dictámenes. Ejemplo de esto fue la sesión del 21 de abril de 2004, en la que se debatió la aplicación del Impuesto a las Ganancias a los sueldos de jueces y magistrados -tema de su especial predilección-, cuando no sólo tomó la palabra, sino que pidió interrumpira otros en cinco ocasiones. Hilda González de Duhalde puede reivindicar para su accionar como diputada un récord similar. Es famosa en Diputados por concurrir a prácticamente todas las sesiones y dentro de la estructura de conducción del bloque PJ tiene posiciones más que duras. Sobre todo en su relación con José María Díaz Bancalari, el jefe de la bancada, a quien, según confiesan en su intimidad, detesta no sólo por su confusa ubicación entre Kirchner y Duhalde.

Pero nada define mejor su accionar en la Cámara que su actitud frente a temas complicados: Chiche está siempre presente cuando el PJ debe llegar al quórum o disputar una votación complicada con la oposición, pero antes que votar en contra -sobre todo si se trata de alguna tropelía duhaldista frente a algún proyecto que interesa al gobierno- se retira del recinto.

De su balance de presencias y ausencias en Diputados se desprende que no acompaña a su marido en la infinidad de viajes que realiza como secretario general del Mercosur. Más bien le gusta visitar el departamento que Duhalde tiene en Montevideo para cumplir con sus funciones en la sede del Mercosur en esa ciudad.

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