Cumbre UCR intenta frenar a gobernadores pro Kirchner
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Jorge Colazo
• Casos distintos
El caso paradigmático es el del mendocino Julio Cobos que habría acordado con Kirchner otorgarle el segundo lugar en la lista de diputados nacionales. Pero comenzó el operativo bloqueo: el ex gobernador Roberto Iglesias y el senador Ricardo Sanz presionaron para licuar ese virtual acuerdo.
Pero Cobos y Colazo no son los únicos: con matices, el santiagueño Gerardo Zamora, el catamarqueño Eduardo Brizuela del Moral y el correntino Ricardo Colombi coquetean con Kirchner. Sólo hay dos impolutos: el rionegrino Miguel Angel Saiz y el chaqueño Roy Nikisch.
Son, eso sí, casos bien distintos. Colombi, por caso, tiene un acuerdo con un sector del PJ encarnado por Eduardo Galantini, hoy su vice en la provincia. Preservar la gobernación justifica, entienden en la UCR, que esa alianza bipartidaria se renueve este año.
También, un escalón abajo, se entiende lo de Zamora. Recién asumido, el santiagueño debe instalarse en la gobernación y, en busca de estabilidad, se aceptaría un acercamiento con la Casa Rosada. Pero hay un límite: que no entregue diputaciones nacionales.
Lo mismo vale para Brizuela del Moral que les regaló dos bancas para el Parlamento catamarqueño a delegados de Kirchner. La prioridad del Comité Nacional es que ese ejemplo no se contagie a las listas nacionales de octubre ni se masifique al resto de las provincias.
Ese será, justamente, el tema central de la cumbre que este jueves, en la sede de la calle Alsina, mantendrán la mesa partidaria que comanda Angel Rozas, la Convención que preside Adolfo Stubrin, los jefes de la UCR de los 24 distritos y los delegados radicales en el Congreso.
A nadie escapa el riesgo que esconde para la UCR la maniobra de Kirchner de capturar gobernadores, algunos vía sintonía ideológica otros con «beneficios» para sus provincias. La consecuencia directa sería una merma de la presencia radical en el Congreso Nacional.
Los datos hablan. En octubre, el radicalismo pone en juego 26 bancas de diputados nacionales, sobre un bloque de 46. Y arriesga seis senadurías sobre las 15 -o 17 si se computa a los disidentes Rodolfo Terragno y Luis Falco- con que cuenta en la actualidad.
De por sí, la expansión del peronismo le arrebataría algunas bancas. Dos ejemplos: en Misiones y en San Luis, el PJ competiría «dividido» lo que achica las chances de que la UCR pueda quedarse, siquiera, con la minoría. De ese modo, perderían los senadores por esas provincias.
Un dato favorable: los diputados que terminan sus mandatos en diciembre ingresaron en 2001 cuando la UCR compartió boletas con el Frepaso. De aquellos comicios, a pesar de 16% que logró Raúl Alfonsín, el radicalismo sólo retiene tres diputaciones por Buenos Aires.
Salvo una pésima elección, nada le impediría retener o hasta incrementar las bancas por ese distrito, entre las que se juegan los fueros Leopoldo Moreau y Margarita Stolbizer. Aunque esa ecuación se repite en otros distritos, a simple vista en la UCR ven más probable restar que sumar.
Por eso, este jueves, el batallón de radicales que se reunirá en el comité provincia, luego de escuchar a dos analistas de opinión pública, se zambullirán en el debate sobre la estrategia comunicacional y electoral que plantearán para octubre. Dos cuestiones:
1- Unificar un criterio para todo el país en términos discursivos, básicamente para tumbar el planteo de Kirchner respecto de que en la elección de octubre se plebiscita su gestión.
2- Encontrar un límite entre la libertad de acción que cada provincia tendrá para armar frentes electorales convenientes según la necesidad local y el cerrojo para que esos acuerdos no perjudiquen las chances de la UCR a nivel nacional.



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