Para los que conocen la política bonaerense, el episodio constituye la preocupación más inquietante que mortifica a Eduardo Duhalde desde que regresó al país de su gira internacional ayer. Se trata de la destitución del comisario Raúl Omar Aguirre. Es un nombre que dice poco al común de los ciudadanos.Tal vez, merezca apenas una crónica policial. Pero un par de datos lo ponen en perspectiva enseguida:Aguirre fue durante una década el jefe de la Comisaría 1ª de la localidad de Caseros, cabecera del partido deTres de Febrero. No lo hubiera sido sin contar con el padrinazgo de Hugo Curto, el intendente municipal.
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Otros alcaldes, diputados nacionales y legisladores de la provincia observan en estos días los hilos que le cortaron a Aguirre para que se derrumbara. Todo fue por una causa judicial iniciada en 2000 por la denuncia de un subordinado, quien acusó a policías de Tres de Febrero de liberar, a cambio de una coima, a un par de encausados por tráfico de drogas. León Arslanian ordenó investigar, en La Plata, al jefe policial.Y Curto reaccionó. Habría hablado al Ministerio de Seguridad para interesarse por el hombre con quien tanto tiempo había convivido en el distrito. Alguien le informó a Arslanian de esa gestión discreta, y «elArmenio» cortó por lo sano: resolvió la exoneración de Aguirre.
Todo el duhaldismo mira lo que, en el diccionario metafórico del conurbano, se define como «una mojada de oreja». Nada menos que a Curto, quien no es un intendente cualquiera. Se trata del hombre a quien Duhalde le confió, hace ya tiempo, el mando sobre la tropa y la organización del territorio de su imperio político. Tareas que en el duhaldismo son de alta complejidad, como el control de las juntas electorales durante los comicios, son confiadas a este dirigente. Los que no lo quieren bromean con que «Hugo te puede dar el resultado de una elección con meses de adelanto; las hace a pedido».
Por si fuera poco este metier, el alcalde agraviado tiene un currículum diverso: fue la mano derecha de Lorenzo Miguel, nada menos que su tesorero.Y también es quien recibió el encargo de Duhalde para ofrecer, o simular, una alternativa bonaerense al aparato político que intenta construir Néstor Kirchner, a quien recibió más de una vez en su quinta. Tertulias que, se pensaba, podían protegerlo de la principal premisa de la política de seguridad deArslanian: la idea de que la raíz de todos los males de la Policía y sus comisarios hay que buscarlos en los intendentes. Con Curto, se quiso elegir el primer ejemplo.
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