14 de diciembre 2001 - 00:00

De la Rúa explicó a Menem por qué el Fondo pretende un pacto político

El acuerdo político es fundamental y por eso el Fondo salvó a Turquía. Con datos periodísticos el FMI calcula 3.880 millones de bonos provinciales y lo toma con déficit público adicional. Sin presupuesto aprobado no hay aporte del Fondo y vamos al default a más tardar en enero. Ruckauf tiene que ahorrar 2.000 sobre un presupuesto de 10.000 millones y es imposible. Nos arrastrará a todos. (Lo central que le dijo ayer el ministro a Carlos Menem en presencia de De la Rúa.)

«Me alegró mucho el documento que firmaron el lunes», saludó Fernando de la Rúa ayer a Carlos Menem, quien concurrió a visitarlo junto a Rubén Marín, Eduardo Menem, Eduardo Bauzá, Jorge Castro y Alberto Kohan. El Presidente se rodeó de Chrystian Colombo, Ramón Mestre y Nicolás Gallo, y sólo al final hizo ingresar a Domingo Cavallo.

Para que no todo el encuentro y la concertación misma se agotaran en la emergencia financiera, De la Rúa quiso que hablara Mestre sobre la reforma política, acerca de la que ofreció algunos datos generales. «La única forma de bajar el gasto político es regionalizar», machacó Menem, viejo auspiciante de cambiar el mapa político del país.

Colombo se detuvo en los números de las provincias con picardía. Menem le preguntó cuáles eran las que andaban peor, y el jefe de Gabinete enumeró: «Buenos Aires es un desastre, Córdoba va camino a eso y Santa Cruz comenzó a tener déficit». «El Vikingo» había pasado revista a los opositores internos del riojano (Ruckauf, De la Sota, Kirchner), como si hubiera preparado un homenaje, que Menem respondió con una sonrisa olímpica. Sobre el caso de Ruckauf se empeñó De la Rúa: los redescuentos que pide el Banco diariamente están poniendo en dificultades a todo el sistema financiero.

El tramo más informativo de la reunión lo protagonizó Cavallo, quien hizo esfuerzos sobrehumanos para introducirse en el cónclave. Razonablemente, temía que su ausencia fuera vista como su final de funcionario público. De la Rúa lo admitió, pero sólo durante los últimos 45 minutos del encuentro. Todos estaban pendientes de cómo sería su reencuentro con Menem, pero el ministro resolvió el protocolo en un instante: con el mismo ímpetu con que lo insultó hace un lustro, ayer se abalanzó sobre él con un abrazo, que repitió con el senador Menem, con Castro y con Bauzá. Pero ni la crisis ni el default desdibujan ciertos odios: a Alberto Kohan le dio un sobrio apretón de manos, igual que a Marín, aunque en este caso fuera porque jamás tuvieron familiaridad.

Cavallo se refirió a Menem, permanentemente, como «presidente» y le dirigió casi en exclusiva la parte principal de su larga explicación. «Para el Fondo el problema principal que tenemos son las 'monedas' provinciales. Ellos no saben cuánto representan exactamente, pero han sacado cuentas sumando lo que aparece en los diarios y las declaraciones de algunas provincias. Les da un monto de u$s 3.800 millones, el equivalente a los australes que circulaban en el país en 1989", comenzó, como si estuviera rindiendo examen. Después sacó una conclusión fatal: «El inconveniente que tenemos hoy es que para el Fondo Monetario esos u$s 3.800 millones son gasto público y aumentan el déficit fiscal».

• Necesidad

Menem realizó una consulta sobre el efecto de este panorama sobre la dolarización. Contestó su ex ministro: «Si uno quisiera canjear por dólares todo el circulante en pesos, no habría ningún problema. Pero de cualquier manera nos quedarían dos monedas por estos bonos provinciales. Además, esos papeles no son convertibles y su valor lo fija el mercado. En algunos casos, el mercado los está aceptando por 60% de su valor y aún menos».

De la Rúa retomó el hilo de la reunión y explicó la necesidad de tener el presupuesto aprobado, en estos términos: «El director gerente del FMI, Köhler, es totalmente distinto de Camdessus. Es un obsesivo de la cohesión política y mira a la Argentina desde este punto de vista. Para él el modelo de comportamiento es Turquía, que protagonizó la primera crisis que a él le tocó enfrentar. Ahí, en Turquía, hubo un acuerdo para realizar un ajuste de dimensiones y, a partir de ese pacto político, recibió ayuda del Fondo y de Alemania, que es el país de Köhler. Por eso es importante aprobar el presupuesto». Cavallo dramatizó: «Sin presupuesto no hay desembolso del Fondo y sin desembolso no se puede iniciar el tramo externo de la renegociación de deuda, es decir, caemos en default».

Eduardo Menem pidió más precisiones y, de paso, censuró al Senado por haber prorrogado las sesiones ordinarias a partir de un dictamen inspirado por su eterno rival, el ruckaufista Jorge Yoma. Después escuchó la explicación de Cavallo: «En términos técnicos, fiscales, podríamos seguir con el presupuesto de este año porque la ley de responsabilidad fiscal y la de Déficit Cero garantizan racionalidad. Pero interesa la aprobación del 2002 por lo que decía el Presidente, que es percibida como una señal de consenso político».

Entre De la Rúa y Menem se formuló, en medio del diálogo, un compromiso contra la devaluación. Marín, el gobernador de La Pampa, puso énfasis en que se despejen las dudas que comenzaron a aparecer sobre el tema. El riojano apoyó explícitamente la «reestructuración» de la deuda, que Cavallo llama «renegociación». El final del encuentro tuvo el estilo de De la Rúa: con una conducta sólo equiparable a la que sistemáticamente practica Eduardo Menem, no puede dejar pasar reunión sin hacer un reproche que en general tiene que ver con la defensa propia. El Presidente le hizo notar a Menem: «Me estás criticando con mucha crudeza últimamente». El jefe del PJ sonrió, guiñó un ojo hacia Colombo, y se descargó: «Pero Fernando, si vos me das como en casa».

En el encuentro sólo se tomó café y un poco de agua. Menem volvió a repasar con la mirada las novedades decorativas de «su» despacho, satisfecho por la hospitalidad con que lo habían recibido: no dejó de saludar a ninguno de los empleados que habían salido a su cruce para saludarlo. En el interior de la reunión hubo cordialidad, aunque nada haga pensar en cogobierno. Al menos todavía, aunque haya algún ex ministro de Menem, decisivo (y ausente ayer del cónclave) que se proponga ya como el «Arturo Mor Roig» peronista para el tramo final del gobierno de De la Rúa.

Dejá tu comentario

Te puede interesar