El universo rotó en un mes y Carlos Ruckauf, de quien Fernando de la Rúa había levantado quejas frente a los sindicalistas de la CGT dialoguista, parecía ayer aquel aliado inclaudicable de diciembre de 1999, cuando tanto el Presidente como el gobernador comenzaban sus mandatos. La foto, lo más importante del contacto de ayer entre ambos, habló en varios idiomas. «En peronista» significó que Ruckauf fue el primer dirigente de importancia que se retrató junto al gobierno mientras Carlos Menem permanece cautivo en Don Torcuato (uno de los temas que se tocaron en la intimidad del encuentro, cuando De la Rúa y Ruckauf quedaron a solas). Ambos se convencieron de que es provechoso este tipo de acercamiento, tanto que tendrán una reunión por semana, según combinaron ayer.
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«En plata», la foto decía otra cosa: después de trabajosas negociaciones, que llevaron adelante Chrystian Colombo y Domingo Cavallo, la Nación reconoció que le debe cerca de $ 500 millones a la provincia que irá desembolsando paulatinamente. El peronismo bonaerense, por su lado, comprometió a través del gobernador su apoyo para la sanción de leyes que puedan requerirse en el Congreso y también aislar temas sensibles de la campaña electoral que ya está lanzada.
El trato entre el Presidente y Ruckauf resultó, además, exageradamente distinto del que le ofreció Eduardo Duhalde a De la Rúa. El gobernador actual dijo que «lo vi muy bien al Presidente, con muchas ganas de conseguir la reactivación». Duhalde, siguiendo la costumbre inaugurada por el ministro Héctor Lombardo en el sentido de diagnosticar al Presidente, dijo que «este De la Rúa está medicado, no es el De la Rúa que yo conozco». La distancia entre el juicio médico de Ruckauf y el de Duhalde es la que media entre alguien con la responsabilidad de gobernar y alguien que está cómodamente instalado en la actividad privada (en este caso, inmobiliaria) como el ex gobernador.
Antes de encontrarse con el Presidente, Ruckauf estuvo reunido con Colombo, quien le entregó un proyecto de acuerdo marco (requiere aprobación de la Legislatura) por el cual la provincia de Buenos Aires se sumaría a la confección de un registro fiscal y de gasto social único. Este acuerdo serviría para que en todo el país rija una sistema de identificación tributaria único, para que se homologuen todas las bases de datos para tributación y, además, para unificar en un mismo padrón a todos los beneficiarios de la acción social del gobierno nacional y de los gobiernos provinciales. Seguramente Ruckauf no suscribirá todo el programa que se le ofrece: tal vez limite su adhesión a armonizar el régimen de empleo público, tal como ya hicieron las provincias de Córdoba, Santa Fe y Mendoza.
Parte central
El acuerdo que se discute y que está fijado en un texto de cuatro carillas, formaría parte central del compromiso que gestiona el jefe de Gabinete con los gobernadores del PJ. Es una forma de reconocer lo que los sindicalistas dialoguistas le señalaron a Colombo el martes por la noche, cuando comieron en el Sindicato de Sanidad: «Ahora que lanzaron medidas como las del fin de semana, ¿en qué va a consistir el acuerdo al que nos querés llevar?», preguntó, con el sentido común de siempre, Oscar Lescano. El jefe de Gabinete ya encontró la respuesta y comenzó a tramitarla ayer en su charla con Ruckauf.
Al salir Ruckauf de la Casa de Gobierno, los funcionarios se lanzaron sobre los televisores mientras De la Rúa partía hacia Asunción. Querían ver qué versión daba el gobernador de la entrevista. Dio la más lógica para un gobernador de la oposición: «Le reclamé al gobierno que acelere la implementación de medidas reactivadores y le expresé mi preocupación por los niveles de desocupación que hay en el país. Porque la gente nuestra no es violenta, pero es importante que llegue la ayuda a tiempo». Después advirtió: «Vienen dos meses muy fríos, julio y agosto».
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