12 de julio 2001 - 00:00

De la Rúa logró anoche la resignación de la Alianza

Fernando de la Rúa
Fernando de la Rúa
Fernando de la Rúa intentó, desde la noche del martes, promediar las exigencias que le llegaron al gobierno desde un mercado inquieto por la crisis de financiamiento del Estado y desde una Alianza lanzada ya a la campaña electoral que ofreció la mayor resistencia para aceptar la rebaja de salarios que había dispuesto el gobierno y que se calcula en una reducción de 8% a 10% en las erogaciones para el mes que viene. Reunidas las conducciones de los bloques parlamentarios en la Casa Rosada -unas 30 personas-, plantearon a Domingo Cavallo objeciones y dudas ante un recorte drástico con el que el gobierno pretende recuperar la confianza de un mercado absolutamente cerrado. A última hora de anoche, De la Rúa no había alcanzado un apoyo explícito por parte de los bloques partidarios, lo que mantuvo alejado al peronismo. Pero había indicios de que lo conseguiría: por lo pronto, anoche, en el despacho presidencial, se tomaba como muy auspicioso el hecho de que Juan Pablo Cafiero hubiera firmado los decretos de racionalización. Mientras regresaba desde la Casa Rosada a Olivos, De la Rúa hizo un gesto en favor de conseguir ese respaldo: llamó personalmente a Raúl Alfonsín, quien comía en su casa, y lo puso al tanto del estado de situación interno a esa hora.

• Cortocircuitos

En la sede del gobierno, se produjeron cortocircuitos entre los legisladores del oficialismo y el ministro de Economía. El más fuerte lo protagonizó Darío Alessandro, el presidente del bloque de la Alianza en Diputados. Cavallo se mostró molesto, les reprochó a todos «no tener conciencia del desastre en el que estamos, sin crédito y con el riesgo de que también los bancos pierdan el crédito por parte de la gente». Remató con una amenaza: «Yo estoy ayudando a que los problemas se resuelvan. Que cada cual se haga cargo de su responsabilidad delante de la historia», terminó el ministro. Después le plantearon algunos interrogantes específicos -por ejemplo, cuál era el límite debajo del cual no habría recorte a las jubilaciones-, que quedaron en despejarse más adelante, probablemente hoy.

Los tironeos de los radicales y frepasistas comenzaron la noche anterior, el martes, cuando De la Rúa y Colombo comieron con Alfonsín. El ex presidente llegó a Olivos inquieto por la transferencia de poder que, suponía, se estaba gestando en favor de Cavallo. Estaba bien informado: a las 18, en presencia del Presidente, el ministro de Economía y Patricia Bullrich, de Trabajo, hicieron un trueque. La ministra cedería la administración del sistema previsional, ANSeS, y Cavallo derivaría a la cartera laboral, la secretaría de PyMEs, que encabeza el frepasista Enrique Martínez. La excusa fue que la oficina de Martínez tiene relación con la creación de empleo, pero ese argumento ocultó mal el motor del cambio: el ministro de Economía consiguió controlar las cajas jubilatorias. Mientras se realizaba el enroque en la residencia presidencial, el ex presidente analizaba esa posibilidad en su departamento, adonde habían ido Leopoldo Moreau, Mario Brodersohn y Federico Polak.

Alfonsín concurrió a la casa del Presidente preocupado por ese cambio, es decir, por el hecho de que finalmente la ANSeS -también el PAMI- pase a integrar aquel Ministerio de Seguridad Social que Cavallo pensó para Armando Caro Figueroa. Con delicadeza, le explicaron que eso no ocurriría o que, en todo caso, podría pensarse en el Ministerio de Salud y Acción Social, pero que todo eso se hablaría más adelante (nadie quiso entrar en detalles y explicar que «más adelante» podría ser cuando sea necesario reflotar la reforma laboral que se abortó a comienzos de año, cuando se negoció el blindaje con el Fondo).

• Alfonsín condiciona

El caudillo de Chascomús se relajó y admitió, entre dientes y después de un planteo dramático de Colombo, la necesidad de acotar el pago de salarios, jubilaciones y servicios personales a lo que ingrese al fisco. No quedó conforme, pero ayer, desde el Chaco, colaboró todo lo que pudo. «El ministro de Economía lo dijo con toda claridad, nos quedamos sin crédito, estamos sin caja. Debe hacerse un esfuerzo que tenga en cuenta a los que menos tienen, que sea equitativo», dijo, con el gobernador Angel Rozas al lado.

Ayer, cuando anochecía, ese apoyo a medias, sugerido, del jefe del radicalismo se volvió más condicional. A algunos íntimos Alfonsín les confesó que, en la comida del martes, nadie le había dado demasiadas precisiones. Ya durante el mediodía, en el gobierno se había eliminado una alternativa a la rebaja de salarios y jubilaciones que supone la modificación a la Ley de Administración Financiera para que el Estado sólo gaste hasta el nivel de lo que ingresa: la idea de que se paguen parte de los sueldos en bonos se descartó, «porque eso nos pondría fuera de la convertibilidad», según se explicó.

Durante la tarde, Colombo se reunió con el representante de los gobernadores peronistas, el misionero Ramón Puerta. Le comunicó las medidas que se anunciarían, como hizo después con varios gobernadores, como Carlos Ruckauf o José Manuel de la Sota. El jefe de Gabinete pidió con poca esperanza el apoyo de los peronistas, pero, lógicamente, no lo logró. «Consigan ustedes la firma de Alfonsín y la del Frepaso, y después, con todo gusto, vamos a ayudar. Porque el oficialismo son ustedes», les comunicó Puerta. El entendimiento que viene buscando la Casa Rosada con el PJ hizo más urgente una adhesión de los propios radicales, requisito previo puesto por los peronistas, que se pronunciarán oficialmente la semana próxima; tal vez, el martes.

Por eso anoche, la resistencia del radicalismo y del Frepaso se hizo preocupante. Sucede que, así como los peronistas miran el comportamiento del radicalismo, los radicales y, sobre todo, Alfonsín, vigilan la conducta del Frepaso. El ex presidente, presa del síndrome Balbín-Illia (siempre se le reprochó al primero haber obstruido el gobierno del segundo, que terminó cayendo), estira hasta el límite su solidaridad con el gobierno. Pero ese límite comienza a aparecer claramente: Alfonsín, como muchos radicales, teme que la dirigencia del Frepaso fugue hacia la fuerza de Elisa Carrió. Ese movimiento, si se produjera en la provincia de Buenos Aires, sería dramático para Alfonsín, que debe competir allí por la senaduría nacional.

El ex presidente teme que una mujer lo vuelva a sacar de la cancha, como le ocurrió ya en 1997, cuando abandonó la candidatura de diputado, porque perdería frente a Graciela Fernández Meijide y «Chiche» Duhalde.

Los anuncios de De la Rúa y Cavallo se produjeron anoche a pesar de que en la sala de situación de la Casa de Gobierno no se había logrado la adhesión del radicalismo a las medidas divulgadas. El comentario fue, en general, unánime: la rebaja de salarios anunciada por el ministro de Economía fue más drástica que la de Ricardo López Murphy. «En aquel momento, se trataba de un recorte dirigido y permanente. Ahora es un recorte dinámico, porque significa que si un mes se rebajan los salarios y al mes siguiente empeora la recaudación, se vuelven a rebajar, acumulativamente», explicó un legislador, de los más disgustados con los anuncios que debieron realizarse. Memoriosos, los radicales se asombraban de estar a punto de aceptar lo que hace un par de meses les resultó insoportable: una ley que en ese entonces se denominó de «crédito público» y que consistía en garantizar que, antes de cualquier otro compromiso, el Estado honraría su deuda. En aquel momento, se rechazó esta iniciativa, porque implicaba una rebaja indirecta de salarios. Exactamente la que se anunció ayer. Una vez más, al gobierno le sirvió de poco postergar una resolución desagradable.

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