De la Rúa logró anoche la resignación de la Alianza
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Fernando de la Rúa
El caudillo de Chascomús se relajó y admitió, entre dientes y después de un planteo dramático de Colombo, la necesidad de acotar el pago de salarios, jubilaciones y servicios personales a lo que ingrese al fisco. No quedó conforme, pero ayer, desde el Chaco, colaboró todo lo que pudo. «El ministro de Economía lo dijo con toda claridad, nos quedamos sin crédito, estamos sin caja. Debe hacerse un esfuerzo que tenga en cuenta a los que menos tienen, que sea equitativo», dijo, con el gobernador Angel Rozas al lado.
Ayer, cuando anochecía, ese apoyo a medias, sugerido, del jefe del radicalismo se volvió más condicional. A algunos íntimos Alfonsín les confesó que, en la comida del martes, nadie le había dado demasiadas precisiones. Ya durante el mediodía, en el gobierno se había eliminado una alternativa a la rebaja de salarios y jubilaciones que supone la modificación a la Ley de Administración Financiera para que el Estado sólo gaste hasta el nivel de lo que ingresa: la idea de que se paguen parte de los sueldos en bonos se descartó, «porque eso nos pondría fuera de la convertibilidad», según se explicó.
Durante la tarde, Colombo se reunió con el representante de los gobernadores peronistas, el misionero Ramón Puerta. Le comunicó las medidas que se anunciarían, como hizo después con varios gobernadores, como Carlos Ruckauf o José Manuel de la Sota. El jefe de Gabinete pidió con poca esperanza el apoyo de los peronistas, pero, lógicamente, no lo logró. «Consigan ustedes la firma de Alfonsín y la del Frepaso, y después, con todo gusto, vamos a ayudar. Porque el oficialismo son ustedes», les comunicó Puerta. El entendimiento que viene buscando la Casa Rosada con el PJ hizo más urgente una adhesión de los propios radicales, requisito previo puesto por los peronistas, que se pronunciarán oficialmente la semana próxima; tal vez, el martes.
Por eso anoche, la resistencia del radicalismo y del Frepaso se hizo preocupante. Sucede que, así como los peronistas miran el comportamiento del radicalismo, los radicales y, sobre todo, Alfonsín, vigilan la conducta del Frepaso. El ex presidente, presa del síndrome Balbín-Illia (siempre se le reprochó al primero haber obstruido el gobierno del segundo, que terminó cayendo), estira hasta el límite su solidaridad con el gobierno. Pero ese límite comienza a aparecer claramente: Alfonsín, como muchos radicales, teme que la dirigencia del Frepaso fugue hacia la fuerza de Elisa Carrió. Ese movimiento, si se produjera en la provincia de Buenos Aires, sería dramático para Alfonsín, que debe competir allí por la senaduría nacional.
El ex presidente teme que una mujer lo vuelva a sacar de la cancha, como le ocurrió ya en 1997, cuando abandonó la candidatura de diputado, porque perdería frente a Graciela Fernández Meijide y «Chiche» Duhalde.
Los anuncios de De la Rúa y Cavallo se produjeron anoche a pesar de que en la sala de situación de la Casa de Gobierno no se había logrado la adhesión del radicalismo a las medidas divulgadas. El comentario fue, en general, unánime: la rebaja de salarios anunciada por el ministro de Economía fue más drástica que la de Ricardo López Murphy. «En aquel momento, se trataba de un recorte dirigido y permanente. Ahora es un recorte dinámico, porque significa que si un mes se rebajan los salarios y al mes siguiente empeora la recaudación, se vuelven a rebajar, acumulativamente», explicó un legislador, de los más disgustados con los anuncios que debieron realizarse. Memoriosos, los radicales se asombraban de estar a punto de aceptar lo que hace un par de meses les resultó insoportable: una ley que en ese entonces se denominó de «crédito público» y que consistía en garantizar que, antes de cualquier otro compromiso, el Estado honraría su deuda. En aquel momento, se rechazó esta iniciativa, porque implicaba una rebaja indirecta de salarios. Exactamente la que se anunció ayer. Una vez más, al gobierno le sirvió de poco postergar una resolución desagradable.




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