Fernando de la Rúa instruyó a su cancillería que le preparen una agenda tranquila en materia de viajes al extranjero. Tiene una razón que puede enarbolarse hacia afuera, que es un año de compromiso severo con la marcha día a día de la administración. Tiene otra que es inconfesable: éste es un año de elecciones y hay que dedicar los ratos que le queden libres al Presidente a las campañas internas y externas. Adalberto Rodríguez Giavarini recibió el mensaje y limitó los movimientos del Presidente en la primera mitad del año a lo imprescindible.
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El propio canciller lo representará este fin de semana en la cumbre mundial de Davos, Suiza, adonde, además, reemplazará a José Luis Machinea. De ahí Giavarini se trasladará desde el lunes próximo a París, donde negociará la agenda que tratarán De la Rúa y Lionel Jospin, primer ministro de Francia, en la cita que tienen el 9 de abril en Buenos Aires, en una de las principales visitas extranjeras del año.
La otra, que se inicia al día siguiente, 10 de abril, la negociaba anoche en la embajada china en la Capital Federal el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo: llega el presidente de China, Jiang Zemin. La relación con ese país está considerada por el gobierno como una de las claves de la reactivación económica, por el potencial que tiene como megacliente de los más variados productos.
Suspendido el viaje de Davos, el primer compromiso de De la Rúa más allá de las fronteras es el 16 de marzo, cuando se reúna en Asunción con los presidentes del Mercosur en un acto que se pretende más que simbólico. Se festejan los primeros 10 años del tratado de Asunción y el compromiso es que los mandatarios de la Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y observadores como Chile y Bolivia hagan un juramento público de que en el Mercosur está el paraíso y que toda la suerte de la región está ahí. De paso quedará institucionalizada la creación del tribunal arbitral que decidirá en las peleas comerciales dentro del sistema regional. No habrá por ahora una corte de justicia de la región, como aconsejan los que saben, porque lo impide la constitución del Brasil.
El 19 de marzo, el presidente sigue rumbo a Santiago de Chile para participar de la conferencia anual del BID, entidad que contribuyó con $ 700 millones al blindaje financiero y el país quiere dar de nuevo las gracias.
El 2 de abril, el Presidente tiene el anunciado encuentro en Ciudad del Vaticano con el papa Juan Pablo II, que consagró el domingo a dos nuevos cardenales criollos. El 22 de abril, De la Rúa toma de nuevo el avión para estar en la cumbre de presidentes de América en Québec, Canadá. Allí la administración de George Bush Jr. mostrará el juego de cara a la negociación del tratado de libre comercio del continente, que está previsto para 2005 aunque algunos creen que podría adelantarse a 2003.
Luego de las visitas VIP de abril (Jospin y Zemin), el Presidente cierra en mayo las visitas del primer semestre: estará en Indonesia el 30 y 31 de ese mes para la cumbre de mandatarios del Grupo de los 15, un club de países emergentes con buen diálogo con el Primer Mundo y es el último confín que le permiten los diplomáticos de la Cancillería argentina a un presidente. Más allá, es todo un tercermundismo inconveniente.
En la edición del pasado viernes 19, en página 16, se publicó por error que la explosión en la localidad de Tigre se registró en la planta "Química San Isidro", propiedad de la empresa Callegari. Se aclara que "Química San Isidro" no estuvo involucrada en el trágico episodio, ni tiene vinculación alguna con la firma Química Callegari SRL.
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