8 de septiembre 2005 - 00:00

Debilidad del gobierno con piqueteros: mañana vuelven a copar la Plaza

Duró poco el amague de autoridad que intentó el gobierno ante la presión piquetera, fenómeno que la Casa Rosada quiere usar para tratar de sumar votos para sus candidatos. Ayer, el ministro del Interior, responsable de la seguridad de todos, dictó una autorización para que mañana los activistas invadan la Plaza de Mayo, algo que se les impidió esta semana a unos artesanos que pedían vender su bijouterie en las calles. La marcha es para protestar por la visita en noviembre de George W. Bush, argumento que ahora usan los piqueteros y organizaciones de izquierda para disfrazar la presión, como si fueran un sindicato, y reclamar un aumento de los planes de ayuda. Esta insistencia en el fondo perjudica a su gente, porque el gobierno no puede regalarles ese triunfo. Prefiere buscar la adhesión de sectores moderados que se enojan en las encuestas por el piqueterismo que inunda las calles todos los días. Pero le dura poco el impulso, como ocurrió ayer, quizá por temor a otro sector de presión, esta vez el CELS, que domina el asesor y periodista Horacio Verbitsky que, jugando también con fuego, pidió públicamente que se libere la plaza para las protestas. Sin plan, el gobierno cede y también se perjudica, como con los piqueteros, y termina perdiendo el público, víctima de esos dos actores.

Horacio Verbitsky
Horacio Verbitsky
El gobierno anunció ayer que piqueteros y partidos de izquierda podrán movilizarse mañana a Plaza de Mayo para protestar contra la visita que el presidente de EE.UU., George W. Bush, realizará en noviembre a la Argentina para participar de la Cumbre de las Américas.

El encargado de formalizar la autorización fue el ministro del Interior, Aníbal Fernández, hasta ayer un artillero verbal contra los piqueteros y el promotor del «cerrojo» policial para impedir cortes, marchas y acampes.

La decisión supone un obvio cambio en la postura oficial. Cuando el viernes 26 de agosto un cerco de uniformados impidió cortar el Puente Pueyrredón, el gobierno estrenó una política específica para impedir el despliegue piquetero.

• Giro

Pero anteayer, desde Moreno, Néstor Kirchner llamó a esos grupos a «sumarse al trabajo» y marcó un giro. Horas más tarde, Fernández dijo que se habilitará la movilización convocada para la tarde de mañana, hecho que fue celebrado como una victoria por los caciques piqueteros.

Varios factores confluyeron para que ayer el gobierno opere su proceso de mutación:

• La disputa con los « duros» estaba tomando, a decir del ministro del Interior,
el tono de una pelea de « guapos». Eso, interpretó, incrementaba la tensión y alentaba el riesgo de que se produzcan incidentes. Salvo el caso de La Rural, desde que se optó por limitar los cortes, no hubo escarceos entre la Policía y los manifestantes.

• En esencia, mantener entre 1.000 y 5.000 efectivos en las calles para controlar a columnas numerosas de activistas suponía un riesgo demasiado grande.
«La señal ya la dimos: cuando quisimos, impedimos que corten las calles», decían ayer en la Casa Rosada.

• La oposición, desde la izquierda acérrima hasta
Mauricio Macri y Elisa Carrió -salvo Chiche Duhalde que respaldó la decisión oficial-, planteó reservas sobre la metodología adoptada por el gobierno. Algunos, como el CELS y Mario Cafiero, repudiaron el cerco a la Plaza de Mayo; Macri y Carrió ironizaron con que el bloqueo a los piqueteros significó, en los hechos, un piquete policial.

• En realidad, según explicaban ayer en el gobierno, la Policía continuará en las calles y actuará en caso de que los piqueteros no cumplan con los parámetros de «convivencia». Traducción: se autorizarán marchas en la medida en que
los grupos anuncien y permitan que la Policía ordene el tránsito. «¿Y si hacen otro acampe?», se preguntó en la Casa Rosada. «Ahí volvemos a intervenir», se advirtió. Además, si eso ocurriese, el gobierno cree que tendrá un argumento para retrucar las quejas de la oposición.

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