Desde ayer la UBA tiene vicerrector
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El ex decano de
Veterinaria Aníbal
Franco, flamante
vicerrector de la
UBA, se retira ayer
de la sala donde
segundos antes,
en una sesión
cuestionada, había
sido electo por el
Consejo Superior
(arriba). Militantes
de izquierda,
que controlan la
FUBA, coparon
primero el recinto
de sesiones del
Consejo Superior,
obligando a
sesionar a puertas
cerradas. Luego,
entraron por la
fuerza al otro salón
(abajo).
El imán de todos los reproches fue José Luis Giusti, consejero por Graduados, ex dirigente de Franja Morada, y operador del sector ligado a Alterini, que se trenzó enardecido en una discusión con María Damasseno y Juan Pablo Rodríguez, copresidentes de la FUBA.
No hubo golpes, pero más sutil alguien arrojó agua con gas-pimienta.
Un motivo puntual motivó a la izquierda contra Giusti: el ex Franja Morada actuó ayer como el más inquieto promotor de que a las apuradas y casi en secreto se designe a Franco como vicerrector. Incluso, puertas adentro, había protagonizado un cruce con Boveris, el rector interino.
- Tenemos que votar pase lo que pase -intimó Giusti.
- No: en estas condiciones no se puede seguir -intentó frenar la embestida Boveris, que se mostraba partidario de postergar la sesión.
- Se vota ahora... -insistió, ya de pie y con un alarido, el graduado.
Como toda respuesta, el rector interino le arrojó una lapicera al ex dirigente de Franja y se retiró bruscamente de la mesa. Regresó, más calmo, minutos después y reanudó una ronda de negociación que, más tarde, se convertiría en una sesión casi clandestina.
Dos sectores reaccionaron de inmediato. Por un lado, la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), que protagonizó los incidentes, consideró ilegal e ilegítima la votación de Franco. Por el otro, un grupo de ocho consejeros cuestionaron la elección.
En paralelo al planteo de los estudiantes de izquierda, le siguió luego el de un bloque integrado por seis decanos -Alfredo Buzzi, Jaime Sorín, Hugo Trinchero, Jorge Aliaga, Federico Schuster, Lorenzo Basso-, una graduada -Flavia Bonomoy una profesora, Felicita Elías.
La votación, dijeron estos ocho consejeros, «fue intempestiva» y «le hace mucho daño a la UBA». Con esa postura, este grupo que se autodefine «progresista» buscó el equilibrio entre la maniobra polémica de la cúpula de la UBA y la reacción violenta de la FUBA.
A su vez, desde la tríada de izquierda que controla la FUBA, se anunció que se va a impugnar legalmente la sesión. «Fue secreta y, como tal, debería haber sido aprobada por dos tercios de los consejeros. Eso nunca ocurrió», dijo Santiago Higa, delegado estudiantil.
De todos modos, a media tarde, Boveris y el recién electo Franco defendieron ante la prensa la votación que consideraron legal y legítima aunque, según admitió el rector interino, un «poco caótica».
Franco, poco antes de asumir, enfocó la agenda inminente: dijo que intentará vía diálogo normalizar la UBA y poner en funcionamiento el aspecto administrativo. La elección del nuevo rector no figura, por lo pronto, entre las prioridades de la nueva conducción.




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