24 de noviembre 2004 - 00:00

Desde Meijide, las mujeres tentadas con Buenos Aires

Desde Meijide, las mujeres tentadas con Buenos Aires
Las mujeres arriba. O, al menos, primero. Con Margarita Stolbizer, que ayer en La Plata puso en marcha el tren de la campaña radical, ya son tres las candidatas que se lanzaron formalmente a competir para conseguir un pasaporte al Senado el año próximo.

La arista Martha Maffei fue la más prematura: en agosto pasado, desde un colegio porteño, Elisa Carrió la presentó como su postulante «top» para la provincia. Y el viernes último, desde una estación ferroviaria en Ezeiza, la emuló la piquetera Nina Peloso.

Sin embargo, esa marea femenina no se agotará allí: el peronismo, salvo un terremoto político, también ubicará a una dama en la cima de su boleta electoral. Al frente de la marquesina, brillará el nombre de Cristina Fernández de Kirchner o el de Chiche Duhalde.

Y, aunque improbable -no imposible-, hasta podría ocurrir que, enfrentadas, ambas integren la grilla de candidatas. Esa opción, de pugilismo entre las esposas, sólo podría producirse si se desintegrara la coalición entre Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner.

Efecto contagio o proceso natural, lo cierto es que, como nunca, será poderosa -o, al menos, nutrida-la presencia de damas en la grilla más taquillera de la legislativa de 2005, Con una oferta tan copiosa de «ladies», la elección en Buenos Aires será un duelo de polleras.

Hay un antecedente menor. En 1997, la frentista Graciela Fernández Meijide se mudó a la provincia para enfrentar, y derrotar, a Chiche Duhalde. Pero por entonces eran las únicas dos guerreras en el ring bonaerense. Hasta ahora, ya suman cuatro.

Pero no estarán solas.
Ricardo López Murphy ya prometió pulsear en ese territorio como, es un hecho, lo harán Luis Patti y Aldo Rico. ¿Se anotará Mauricio Macri como cuarto candidato varón para equiparar, siquiera en protagonismo, al ejército femenino?

Tampoco los procesos militantes de cada una fueron similares.
Stolbizer y Maffei se « construyeron» a sí mismas: la radical de Morón llegó a la política a mediados de los '80 desde la docencia y actividad profesional; Maffei batalló por años en el terreno gremial.

• Espejo

En cambio, Chiche Duhalde, Cristina Kirchner y Nina Peloso les deben parte -poco, mucho o todo-de su patrimonio político a sus cónyuges. ¿ Hubiese existido una Chiche capitana o una Nina piquetera sin Duhalde y sin Castells? ¿Y una Cristina legisladora inquieta sin Kirchner?

Fue la primera dama quien mejor graficó esa pertenencia cuando en marzo pasado, en el Congreso del PJ en Parque Norte, lastimó a
Chiche y a Olga Riutort imputándoles portación de apellido. Como respuesta, la sanjuanina recitó su currículum; las duhaldistas le mostraron un espejo.

Así y todo,
Stolbizer también acumula alguna deuda con los hombres: fue Federico Storani quien la llevó a las grandes ligas cuando le gestionó una banca en la Cámara de Diputados. Antes, como concejal de Morón, la radical logró rango de impiadosa acusando a Juan Carlos Roussellot.

Pero
Maffei, en principio, está exenta de ese débito con el «sexo fuerte». De hecho, es una de las bendecidas por Carrió en ese matriarcado que es el ARI.

Prematuras, con el argumentode que la única forma de enfrentar al
«aparato» del PJ es apurar sus lanzamientos y estirar sus campañas, Stolbizer, Maffei y Peloso se subieron a la ola proselitista. En ese sentido, Chiche y Cristina -juntas o separadas-tienen una ventaja: recién en mayo próximo tendrán que mostrar sus cartas.

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