Puerto Madryn
Di Tella
La llegada del ex cancillera las Malvinas tiene un significado particular, no sólo por la «política deseducción» desarrollada por el ex funcionario menemista sino porque fuequien terminó firmando el acuerdo que reanudó los vuelos al archipiélago ypermitió la llegada de ciudadanos argentinos.
Di Tella
Luego de que el avión de LanChile aterrizara en la base militar de Mount Pleassant, los integrantes delcontingente argentino se dirigieron a Puerto Argentino, donde el termómetromarcaba 6 grados.
Sin embargo, la bienvenidaVIP ofrecida por Lamont, un funcionario del Foreign Office inglés,sumada a su invitación a comer a Di Tella y su familia, encresparon lasrutinarias relaciones isleñas.
Por lo pronto el gobernadorseñaló al semanario local «Penguin News», en su edición del viernes pasado, queel encuentro con Di Tella será un reconocimiento a los esfuerzos que hizo elex canciller respecto de la «necesidad de comprender el punto de vista de losisleños».
No obstante, Lamont admitióque Di Tella había sido el canciller de un país «que tiene un reclamosobre este territorio que cuelga como una nube de incertidumbre sobre eldesarrollo político, económico y social» de las islas. También es visto,señaló Lamont en un intento por no parecer tan condescendiente y enclara señal al frente inter-no isleño, como «un arquitecto del bloqueo, delas interrupciones el año pasado a las conexiones aéreas».
Advertido de la reacción dealgunos consejeros, no todos, Lamont reconoció que «habrá muchosdescontentos por el hecho de que estaré en el aeropuerto y lo agasajaré con unacena en Casa de Gobierno. Creo que es importante que lo haga».
El primer consejero kelperque le contestó a Lamont fue Richard Cockwell, quien afirmó que «sisu excelencia el gobernador le da la bienvenida en el aeropuerto (como ocurrió)se está enviando un mensaje equivocado». Otro, William Luxton, dijoque «me parece muy triste y deprimente que usted haya sentido la necesidadde hacerlo de esa forma; usted lo hizo sin consultarlo porque sabía que la granmayoría de los isleños y consejeros objetarían con firmeza por igual».
La más cáustica fue unaconsejera mujer -vieja conocida de los argentinos-, Norma Edwards, queobjetó como los otros dos la forma de recibirlo. «Será interpretado como eldesfile de la victoria de Di Tella», dijo enojada. Ninguno de ellos semanifestó en contra de la visita, que fue acompa-ñada de madres, padres, hijosy hermanos de soldados muertos en 1982 y que descansan en el cementerio deDarwin. Allí están enterrados 237 argentinos muertos en combate. Cuatro mujereseligieron pasar allí el Día de la Madre.




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