Detalle económico -sin enfoque político-del estallido argentino
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• Tras la devaluación del real en 1999, el staff del FMI comenzó a estudiar de manera seria alternativas para salir del esquema del uno a uno. El staff consideraba que si se hacía pública esta preocupación podría generar efectos muy negativos. Pero además el trabajo analítico arrojaba que los costos de una salida hubiesen sido muy elevados en ese momento.
• La respuesta del gobierno tras la devaluación del real fue anunciar la intención de dolarizar totalmente la economía. El sólo anuncio convenció a los inversores que no se pensaba en una salida del uno a uno.
• En realidad, entre 1996 y 1997 se presentó la última oportunidad para abandonar la convertibilidad sin costos altos. De hecho, el spread entre las tasas en pesos y dólares era baja y el flujo de ingreso de capitales alto.
• El trabajo de monitoreo del FMI y las condicionalidades de los programas con la Argentina tuvieron debilidad analítica y falta de información. Se prestó insuficiente atención a las finanzas provinciales y se prestó poca atención a la real posibilidad del gobierno de emitir deuda en los mercados.
• La gran porción de préstamos del FMI en la Argentina debería haber llevado al staff a explorar con más profundidad los riesgos que tenía la Argentina ante un desarrollo económico desfavorable. El error crítico del Fondo fue, de todas formas, debilidad a la hora de exigir el cumplimiento de las condicionalidades. Esto es más evidente en el área fiscal, donde se solicitaban pequeños ajustes que no eran cumplidos.
• El FMI identificó correctamente la necesidad de reformas estructurales, como en las áreas de la seguridad social, mercado laboral y sector financiero como claves para conseguir la viabilidad de la convertibilidad en el largo plazo. Sin embargo, los obstáculos políticos para llevarlas adelante demostraron ser formidables.
• Para el momento en que el staff del FMI empezó a considerar seriamente la salida del uno a uno, los costos de una salida hubiera necesitado de un gran liderazgo político, algo que faltaba en la Argentina.
• La administración de De la Rúa había sido elegida con el compromiso de mantener la convertibilidad. Debía demostrar que era capaz de no volver a la hiperinflación de los '80. Las autoridades eran reacias a discutir cualquier opción, sobre todo considerando los riesgos que esto traería aparejado si trascendía públicamente.
• La política fiscal argentina era demasiado débil, considerando el estándar que se requería para mantener la convertibilidad. Si bien el FMI advertía sobre la necesidadde corregir el déficit, no anticipó la extraordinaria vulnerabilidad que esto generaría.
• La principal razón para los limitados avances en la reforma laboral a principios de los '90 eran, de acuerdo a la posición del gobierno, el escaso apoyo político, considerando que los gremios eran la base del partido peronista.
• La reforma laboral aprobada durante el gobierno de la Alianza en mayo de 2000 incluyó muchos de los puntos sugeridos por el FMI. Pero la controversia que se generó (por las sospechas de coimas) terminó revelando serias fisuras en la coalición de gobierno y levantó dudas sobre la real necesidad de poner estas reformas en práctica.
• El 12 de enero de 2001 el Directorio del FMI aprobó en forma unánime apoyar a las autoridades argentinas. La mayoría, de todas formas, no estaba convencida de que el programa generara una solución durable.
• Existía en ese momento preocupación por el posible contagio de que una crisis en la Argentina pudiera ocasionar en otros países emergentes, como Brasil y Turquía. El aumento de la exposición del FMI en la Argentina en ese momento (unos u$s 2.800 millones adicionales) no era tan grande.
• A los pocos meses, en marzo de 2001, José Luis Machinea renunció como ministro de Economía y lo reemplazó Ricardo López Murphy. Su programa de control fiscal era muy bueno, hubiera evitado la crisis -fue la última oportunidad técnica de pararla-pero generó una fuerte oposición sin respaldos políticos y por eso se produjo un significativo descenso de la confianza de los inversores. Salieron más capitales.
• La designación posterior de Domingo Cavallo llevó a una visión mucho menos ortodoxa que la de sus antecesores y también a una menor colaboración entre las autoridades argentinas y las del FMI. Había asumido con apoyo popular y credibilidad internacional.
• La decisión de desplazar a Pedro Pou del Banco Central, sumado a medidas que redujeron la liquidez bancaria, minaron diez años de esfuerzos por un Banco Central independiente.
• Pese a todos los incumplimientos, el FMI aprobó la revisión del acuerdo con la Argentina en mayo de 2001, junto con varios waivers.
• Esta decisión es mucho más difícil de entender que la aprobación de las metas de enero. Todas las señales enviadaspor el mercado eran muy negativas. Los datos que surgían de la situación argentina revelaba que la situación no era sostenible.
• El staff del FMI fue inusualmente duro al conocerse la información de un nuevo crédito del FMI por u$s 8.000 millones a favor de la Argentina aprobado en agosto de 2001. Puntualmente, remarcaron la enorme resistencia política al programa, la vulnerabilidad del sistema bancario y una situación externa desfavorable. Para ese momento, se consideraba que la chance de éxito era de 20 a 30%.
• Para octubre, ya estaba claro que el nuevo préstamo y la política del déficit cero habían fracasado. A pesar del deterioro, las autoridades no se mostraban cooperativas para abrir la discusión sobre las políticas que podrían tomarse.
• El staff caracterizó el nuevo canje que lanzó Cavallo como no consistente con la realidad de la situación fiscal. Explicaron que un fracaso de la reestructuración podría causar un agravamiento de la crisis bancaria.




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