Felipe Solá, despegado ya del ala de Eduardo Duhalde, y su alianza con Néstor Kirchner han comenzado a producir efectos dentro del bloque de diputados del PJ. El duhaldismo opositor que renegaba de la conducción de José María Díaz Bancalari comenzó un nuevo reacomodamiento interno, en el que ahora tiene más lugar el jefe de la bancada. Y juran sus allegados que el propio Díaz Bancalari reconoce que su cercanía a la Casa Rosada no es la misma desde el aval presidencial al proyecto Solá. No por el hecho en sí, que se conocía desde hace meses, sino por la forma en que fue puesto en práctica. Como consecuencia se multiplicaron la semana pasada las reuniones de duhaldistas con otros rebeldes al oficialismo, como el grupo Barrio Chino (eran los que se sentaban atrás en el recinto y que hoy están contra Kirchner). Uno de esos encuentros se dio el miércoles por la noche, un día de crisis para el Congreso. Uno de los grupos de diputados que organizan rebeliones dentro de la bancada del PJ, se alejó de la toma de recintos de los empleados que pedían un aumento salarial para reunirse en Au bec fin, un reducto que eligen habitualmente para sus conspiraciones y que comparten con el Barrio Chino.
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El tucumano Roque Alvarez y el porteño Cristian Ritondo -dos rebeldes al poder absoluto del kirchnerismo en el Congresohabían organizado la cena para encontrarse lejos de la influenciade la conducción de la bancada PJ. Querían despedir el año sin el control oficial. En el salón, apartado, del primer piso, se sentaron representantes de todos los sectores más o menos enfrentados con la conducción del PJ como los bonaerenses Marina Cassese, Domingo Vitale, Nora Ciacchio, Rosa Tulio o Jorge Casanovas, el santafesino Jorge Giorgetti, el chubutense Roddy Ingram -un típico patagónico pero amigo de duhaldistas no kirchneristas-y hasta Adrián Menem, que en los últimos días votó como el que más las leyes pendientes que había pedido el Ejecutivo. Fue curioso, pero no sintomático, que otros invitados no concurrieran, como el cordobés Humberto Roggero, pero su presencia en la lista original de la convocatoria bastó para saber que no se estaba hablando de un mitin oficialista.
Las especulaciones, que siempre rondan el bloque peronista, comenzaron esa noche armando teorías conspirativas sobre la toma del recinto del Senado.
Pocos de los sentados esa noche creyeron que el mero conflicto gremial por una diferencia de $ 50 en los sueldos pudiera disparar semejante escándalo que paralizó a uno de los poderes del Estado. «No es casual que en medio de la toma del Congreso haya estado ATE», dijo uno, «es más que claro, ésta es otra de las clásicas maniobras para desprestigiar al Legislativo y yasabemos de dónde viene», se abundó sin dar nombres como si se sospechara de algún delator presente.
Esos cuidados en el lenguajequedaron justificados cinco minutos después cuando llegaron de sorpresa el propio Díaz Bancalari y el salteño Juan Manuel Urtubey -sólo para marcar territorio y demostrar que están al tanto de todo lo que hacen sus diputados ya que no estaban invitados-seguidos de Daniel «Chicho» Basile -que sí era parte del convite-.
No hubo rechazos, era obvio, a la llegada del jefe, sino una cálida recepción a los dos ultraoficialistas. Desde ese momento sólo se escuchó un coro de críticas al lanzamiento de Solá.
• Competencia
Competía esa mesa opositoracon otra más oficialista dentro del peronismo. Esa misma noche también había cena en la quinta de Ingeniero Maschwitz de Juan Carlos «Chueco» Mazzon, adonde fueron, entre otros, Graciela Camaño, José «Pepe» Figueroa, y el ex diputado Miguel Angel Toma, una nutrida delegación de mendocinos y amigos santafesinos que le quedaron a Mazzon de la campaña para conseguir intendentes de esa provincia que quedó abortada con el acuerdo entre el reutemismo y el kirchnerismo provincial.
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