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Cristina Fernández de Kirchner y Alberto Fernández
No hay en el gobierno gran habilidad para gobernar pero sí se la nota para las tácticas políticas de captación. Eligieron un estadio de mediana capacidad como el de Obras, conscientes los Kirchner de que no tienen carisma, un paliativo en realidad para la democracia argentina, dicho sea de paso, dada sus tendencias autoritarias. Lo llenaron de los clásicos activistas que mueven en micros alquilados los sindicatos adictos pero, por dudar de sus fuerzas, quizá se equivocaron porque afuera de Obras quedaron unas 1.500 personas que eran concurrentes espontáneos. El que gritó «acordate de Perón», en cambio, es un peronista de cepa arrastrado sólo por sindicalistas pero que no aguantó.
Claro, dejar entrar a espontáneos es un riesgo porque puede haber chiflatinas. Los Kirchner se mueven en actos controlados u organizados por la ministra Alicia, previa aceptación de las demandas de un barrio o zona. No son ingenuos. En definitiva, el único político argentino que se atrevió a estar iluminado y visible, rodeado de miles de personas en la oscuridad, fue Juan Perón cuando iba a presenciar box al Luna Park. La táctica del mediano estadio de Obras para llenarlo con comodidad también tiene el antecedente del cineasta Leonardo Favio cuando filmó «Gatica»: lo hizo pasar por un Luna Park desbordante de público donde peleaba aquel ídolo deportivo.
En su discurso la primera dama se limitó mayormente a lo conceptual sin arriesgar definiciones, sobre todo en cuanto a su candidatura. Pero sus palabras merecen algunas objeciones. Dijo que la sociedad no es la que acompaña un proyecto de gobierno de un presidente (Néstor Kirchner) sino que el Presidente desarrolla un proyecto que se supone latente en la sociedad y la satisface. Es lo mismo de antes: ¿la sociedad argentina requería que se pelee con la Iglesia Católica, que volvamos a los años '70, que seamos todos «hijos de Hebe de Bonafini», etc.? No parece que sean ésas metas de los argentinos, de la mayoría al menos. Eduardo Duhalde que produce este Presidente ¿quería eso? Los votos de Carlos Menem (primero), Ricardo López Murphy (tercero), Adolfo Rodríguez Saá (cuarto), que en conjunto totalizan 10.650.211 sufragios (55% del total) ¿querían eso? En la parte de enfrentamiento con la Iglesia no la querría ni Elisa Carrió. Tampoco es creíble que quisieran un progresismo fanatizado las huestes duhaldistas derivadas a votar a Kirchner aquel 27 de abril de 2003.
El otro párrafo es cuando la Sra. Kirchner dice «nos dijeron que no íbamos a poder, que con el Fondo Monetario no se puede... y pudimos». En realidad pudo con el Fondo el Brasil de Lula da Silva que logró consolidar de tal forma la economía de su país, dentro de un socialismo inteligente, que atrae tanta inversión externa como para prescindir, sin histerismo ni demagogia política, del Fondo Monetario, simplemente anunciándoselo y devolviéndole sus capitales cuando quiera. La Argentina, en cambio, «pudo» a costa de ir pagándole lo que podía renovar y suprimir innecesariamente créditos internacionales a 3%, la tasa más baja del mundo. Así cualquiera, pero sacrificando lo mejor para el país para satisfacer a la misma minoría de izquierda.
Hubiera sido de estadistas -y no abundan en este gobierno- decir públicamente: señores empresarios argentinos de aquí a fin de año vamos a pagarle al Fondo Monetario 4.000 millones de dólares que podríamos refinanciar a una tasa crediticia única en el mundo. Si Uds. necesitan créditos sumamente baratos para no desnacionalizar sus empresas se los prestamos a esa baja tasa que Uds. jamás obtendrían de sus prestamistas y entonces renovamos los vencimientos con el Fondo. Amalita Fortabat, Pérez Companc y otros muchos buenos empresarios no habrían tenido que vender sus empresas a extranjeros y reducir el capital argentino, angustiados por deudas con intereses elevados que se tornaban insoportables para ellos. Se gobierna para minorías progresistas y no para ayudar, por ejemplo, a crecer al capital nacional.




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