6 de diciembre 2000 - 00:00

Disputas entre la Alianza y el PJ por el cupo femenino

La senadora Beatriz Raijer (PJ-Córdoba) presentó ayer en el Congreso un proyecto para que las mujeres participen en un pie de igualdad con los varones en la nominación de candidaturas a cargos electivos nacionales. Es decir alternar en las listas en 50 por ciento, un candidato de cada sexo. La proximidad de la apertura de la campaña electoral 2001 para renovar la totalidad del Senado (72 bancas) y la mitad de la Cámara de Diputados (129) ha movilizado al «género» femenino de todos los partidos.

La reanudación de las deliberaciones de la convención nacional de la UCR, el próximo sábado 16 de diciembre en Paraná (Entre Ríos), se ha constituido en el revulsivo de las mujeres de la boina blanca. Sospechan que ese ente partidario, que preside el gobernador entrerriano Sergio Montiel, les dará el esquinazo a la hora de reformar la carta orgánica, y no incluirán la obligatoriedad radical en todo el país de cumplir con el cupo femenino.

En el temario reza como uno de los puntos a tratar «la posibilidad» de incluirlo, una laxa alternativa que encendió todas las luces rojas entre las adoradoras de Leandro Alem e Hipólito Yrigoyen. La noche del martes se reunió un grupo de damas en el comité nacional que preside Raúl Alfonsín, encabezadas por Florentina Gómez Miranda, Norma Allegrone, la cordobesa María Teresa Morini y la combativa bonaerense María Luisa Storani, hermana del actual ministro del Interior.

Fue cuando la Gómez Miranda y Allegrone les transmitieron sus sospechas. «En la Capital Federal todos están en contra», dijo una de ellas. Aludió en ese «todos» a la dirigencia masculina, que fuera de otros menesteres menos políticos no las quieren participando en un pie de igualdad disputando candidaturas. Porque se trata no sólo del cupo de 30 por ciento como piso para integrar listas de diputados nacionales sino de 50 por ciento, o «uno y uno», de las codiciadas 72 bancas del Senado.

Ley cordobesa

La Morini, con tonada cordobesa, les contó que en Córdoba ya existe una ley provincial que establece 50 por ciento para todos los cargos electivos -aprobada a instancias de la esposa de José Manuel de la Sota, la peronista Olga Riutort-, pero que los radicales trataron de ponerle todas las trabas que pudieron.

Consultada la
Riutort, de visita en Buenos Aires, confirmó que «hubo amenazas de represalias de parte del consejo provincial del Frepaso y la Unión Cívica Radical», no obstante lo cual las diputadas radicales votaron en Córdoba esa reforma. La secretaria general de esa gobernación señaló que «si tanta responsabilidad nos adjudican en la conformación de una familia, lo mismo debe ocurrir en las organizaciones sociales». Agregó que «la presencia de la mujer, que no está contaminada porque nunca ha sido parte del poder, mejorará las instituciones y no sólo las políticas».

Fue
Allegrone entre las radicales quien les anticipó que un grupo de mujeres peronistas bonaerenses -con Marcela Durrieu a la cabeza-, había hecho presentaciones en los juzgados federales de Salta (donde el juez Abel Cornejo les dio la razón sobre 50 por ciento para el Senado, lo mismo que en Santa Cruz), en Jujuy, La Rioja, Chaco, Buenos Aires y en la Capital Federal a la jueza María Servini de Cubría, que hasta ayer no se había pronunciado. Algo similar a lo que ocurría en La Plata, donde el juez Manuel Blanco les dio vista a los apoderados y al fiscal. Fue allí donde se entusiasmaron y comenzaron a especular sobre «lo oportuno» que sería que alguna de esas presentaciones ante la Justicia saliera favorablemente antes de la reunión de la convención.

La
Storani fue la que planteó la necesidad, «con o sin fallo de la Justicia», de presionar sobre los convencionales en Paraná, «donde estamos en absoluta minoría», se lamentó. La idea es convocar a la mayor cantidad de mujeres posible para que esa «posibilidad» de incluir el cupo en la reforma de la Carta Orgánica de la UCR «no quede en agua de borrajas o la posterguen para cuando ya no haya número para sesionar».

Casi sin querer les llegó ayuda a las mujeres porteñas de parte de un dirigente varón. Se trata del diputado local
Gerardo Conte Grand, que llegó a la Legislatura de la mano de la peronista Irma Roy, que presentó un proyecto para elevar a 50 por ciento el cupo femenino para las listas de candidatos en la Capital Federal, «postulando en forma alternada uno de cada sexo». Una reforma similar a la ya lograda por la Riutort en Córdoba que se completa con la novedad de que las mujeres cordobesas ganaron la elección en el Colegio de Escribanos local. De allí el resquemor con que los dirigentes políticos varones comienzan a mirar a las damas.

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