Donantes de Cristina
Con una pasión casi sospechosa por la transparencia, el gobierno exhibe a los contribuyentes a su campaña electoral, muchos de los cuales -se supone- no votarán a Cristina de Kirchner a pesar de sus aportes. Pero, utilizando el celo informático, ayer se promovía los nombres de los que hasta ahora han donado por la señora aspirante. Empresarios de nota, también empresas, aunque en muchos casos con cifras módicas, casi simbólicas. Tal vez, para cumplir con el gobierno (a ver si se enoja Guillermo Moreno). Esa gente no manifiesta, sin embargo, una mínima generosidad con la oposición: en el mismo informe se destaca el exangüe aporte personal o de compañías con Elisa Carrió, Alberto Rodríguez Saá, Roberto Lavagna y Ricardo López Murphy, entre otros. Más allá de estos números blancos que no conjuran ningún gasto de campaña, una pregunta se cae de madura: ¿cuál es la razón para divulgarlos ahora, antes de los comicios, cuando podían hacerlo hasta 90 días después del desenlace electoral?
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En recaudación los siguen la fórmula de Alberto Rodríguez Saá y Héctor Maya, que hasta ahora recibieron $ 310.000 en donaciones privadas más $ 200.000 de la empresa Las Aguilas, pero esperan llegar a $ 9 millones, para poder así financiar $ 9,8 millones.
Jorge Sobisch y Jorge Asís están terceros: todavía no declararon haber recibido ninguna donación, pero esperan ingresos por casi $ 5 millones con un costo total de campaña de $ 5,5 millones.
Como recaudador, pocos candidatos le ganan a Ricardo López Murphy, teniendo en cuenta los votos que podría recibir en las elecciones del domingo. Hasta consiguió que José María Dagnino Pastore le entregara $ 500, que se sumaron a montos más considerables como los de Grimoldi ($ 50.000), Nuevo Banco de Santa Fe, Fiplasto, Papelera Sarandí o el frigorífico Quickfood. Entre todos le juntaron $ 521.000 para ayudar en una campaña que le está costando $ 1,3 millón.
Lo de Elisa Carrió y Roberto Lavagna parece casi miserable comparándolos con la primera dama. Carrió recibió como aporte estatal $ 846 mil, donaciones por $ 266 mil y tendrá que devolver préstamos por $ 380.000.
Entre los prestamistas están Facundo-Di Filippo que aportó $ 40.000; César Porto, $ 300.000 y Guillermo Smith, $ 40.000. Consiguió Carrió meterle la mano en el bolsillo a una serie de donantes por $ 1.000, entre los que está, curiosamente, el presidente de la Auditoría General, el radical Leandro Despouy (aunque el ARI aclaró que se trataba de un error, era una hija de este funcionario). No se sabe si Despouy lo hizo por recordar un viejo acercamiento personal que le adjudicaron siempre con Carrió o porque apuesta a que la chaqueña consiga una cantidad de diputados suficiente como para ser la primera minoría en el Congreso y así tener el derecho a nombrar al jefe de la AGN. Si ése es el caso, a Despouy la apuesta le habrá salido barata.
Entre los demás, ninguno de muy alto monto, está Santiago Del Sel con $ 10.000 (su futuro ministro de Planificación Federal), Alfonso Prat-Gay con $ 5.000, igual que su vicepresidente en el Central, Pedro Lacoste.
El caso de Lavagna es aun mas misterioso. Habiendo pasado por la actividad privada, es imposible pensar que sólo una persona, de nombre Eugenio Sorcaburu, le haya donado $ 1.000, que se suman a otros $ 475.000 que recibió para la campaña. El resto de los gastos, en total $ 1,09 millón, proviene del aporte oficial que reúne la Alianza Concertación UNA, donde la parte mayor la pone el radicalismo, y de $ 100.000 que esperan recibir en donaciones.
En realidad, esas declaraciones de ingresos por donaciones futuras son el talón de Aquiles de este sistema que pretende ser transparente. Con esa variable, justifican los candidatos los montos que gastaron en la campaña, superiores al dinero recibido.




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