Duhalde apadrina regreso de las Seis-Dos a la puja política
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Eduardo Duhalde
• Equilibrio
La eventual presencia del jefe de Gabinete -que por temas salariales recibirá hoy a media mañana a Rodríguez en la Casa Rosada- podría servir, entonces, para equilibrar y evitar que el show de las Seis-Dos termine teñido por un solo color: el del duhaldismo.
Por eso, Venegas -que habló por la tarde con el ex presidente- ensayaba fórmulas y frases para que el mitin no se convierta, como advierten en la CGT, en un acto del PJ que responde a Duhalde. «Yo no soy duhaldista, soy peronista», decía ayer «Momo» para espantar ese fantasma.
Debajo hay un planteo más espinoso. En las oficinas de Azopardo comienza a florecer un malestar contra la Casa Rosada a la que atribuyen la explosión de asambleas gremiales, generalmente animadas por partidos de izquierda, que desafían el mandato de las jefaturas verticales.
El caso emblemático es el del bancario Juan José Zanola, que denunció que desde el gobierno alientan a expresiones opositoras. Zanola tiene un problema cercano: este año debe renovar su mandato en La Bancaria y teme que la Casa Rosada juegue, en silencio, en su contra.
Entre los jefes de la CGT, todos aceitados en pergeñar y/o imaginar conspiraciones, alertan sobre el riesgo de que esa práctica se reproduzca en otros gremios.
Sin embargo, el eje de la movida de hoy es lograr que, como en sus épocas felices, los gremios puedan filtrar candidatos propios en las listas del peronismo. El sueño, que nadie cree, es quedarse con 33% de las boletas como, recita Venegas, «decía el general».
Pero en la actualidad hay un solo «dipusindical»: Saúl Ubaldini, a quien, además, se le termina el mandato el 10 de diciembre. Duhalde, ahora que perdió el control total de la lapicera, da señales de que debería «ahora que la CGT se unió», arguye- otorgar candidaturas a los gremios.
Habla, por supuesto, de las boletas nacionales que, tal como se perfila la negociación entre la Casa Rosada y Lomas de Zamora, serían mayoritariamente redactadas por Kirchner. Es decir: si los sindicatos quieren diputados, deberán pulsear con el Presidente; y Duhalde los apañará.
Nadando en esas especulaciones, anoche el cacicazgo gremial terminaba de definir la integración de la cúpula de las Seis-Dos. Venegas, como hasta ahora, seguirá en la cima, escoltado por un delegado de la UOM, seguramente el platense y duhaldista Enrique Salinas.
Con 30 secretarías para repartir, nadie quedará afuera, aunque habrá gestos importantes: por caso, la presencia, en un sitio relevante, de Luis Barrionuevo, el único de los jefes gremiales que persiste en su oposición a Kirchner. Aunque nadie sabe por cuánto tiempo más.




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