"¿Quién tiene la condecoración?", preguntó Eduardo Duhalde con una sonrisa desde el escenario de la quinta de Olivos. En un clima distendido y sin demasiado protocolo, anoche el Presidente rindió tributo a Enrique Iglesias, presidente del BID y «amigo de la Argentina», como eligió presentarlo el mismo Duhalde.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Delante de casi todos los jefes distritales del oficialismo y la oposición (se hicieron evidentes las ausencias de Néstor Kirchner y de Juan Carlos Romero por razones de ballottage), el designado le entregó la gran cruz de la orden del libertador general San Martín al banquero uruguayo. Minutos antes, Iglesias había conversado con Carlos Reutemann y Duhalde sobre las necesidades de Santa Fe, tras la catástrofe. Después de la ceremonia, hubo asado para el homenajeado y los gobernadores. «Algunos opinaban que podíamos caer en la disolución -memoró el cacique de Lomas de Zamora sobre los comienzos de su gestión en enero de 2001 al iniciar el acto-, pero una voz se alzaba diciéndonos que, si trabajábamos, íbamos a salir adelante. Y esa voz fue la de Enrique Iglesias.» Los aplausos se multiplicaron en la platea VIP, donde se codeaban desde la empresaria Amalia Lacroze de Fortabat hasta el diputado duhaldista Lorenzo Pepe, pasando por los banqueros Ricardo Gutiérrez (Banco Provincia) y Carlos Heller (Abappra). «No fue sólo una voz -continuó el dueño de casa-; la primera señal concreta nos la dio en marzo o en abril, cuando la pobreza avanzaba hacia una mayor exclusión social: así nacieron los planes Jefas y Jefes de Hogar», dijo, mirando a los ojos a Hilda Chiche Duhalde.
Tras recordar «la fuerza que este amigo de la Argentina le dio a este presidente, cuando un coro decía que la Argentina se hundía», procedió a entregarle la condecoración. Algo distraído, aunque sin perder la espontaneidad, preguntó en voz alta: «¿Quién la tiene?». Todos sonrieron en el escenario, animado por Chiche, Alfredo Atanasof, Eduardo Camaño, Roberto Lavagna, Carlos Ruckauf y el titular del BID.
No fue el único momento risueño. Duhalde enumeró a los mandatarios y estuvo a punto de olvidarse del jefe de Gobierno porteño, parado en primera fila junto a Felipe Solá. Con su habitual sentido del humor, Aníbal Ibarra susurró a oídos de Solá: «Me parece que se olvidó de mí». Ya al final de las menciones, Duhalde citó al gobernador de la Capital Federal. «Se acordó», volvió a festejar Ibarra, con una sonrisa adolescente y en cuchicheo constante con el bonaerense.
Entre los caciques provinciales, la nota la dieron los menemistas Angel Maza (La Rioja) y Rubén Marín (La Pampa), quienes no sólo participaron del homenaje a Iglesias, sino que, además, llegaron juntos a la quinta presidencial, si bien en automóviles separados. Maza venía del Hotel Presidente, búnker de Carlos Menem.
A ellos se sumaron los colegas Julio Miranda (Tucumán), Carlos Manfredotti (Tierra del Fuego) y Reutemann, escoltado por la diputada María del Carmen Alarcón. En representación de José Manuel de la Sota, dio el presente el ministro de Economía cordobés, Juan Schiaretti. Con bajo perfil, el legislador delasotista Eduardo Di Cola se prodigó en efusividades con Graciela Camaño, quien tiene destino asegurado en una banca, desde diciembre. Oficiaron de testigos el fueguino Omar Becerra y el metropolitano Diego Santilli.
El contingente radical estuvo representado por Roberto Iglesias (Mendoza), Oscar Castillo (Catamarca), Angel Rozas (Chaco), Ricardo Colombi (Corrientes), Sergio Montiel (Entre Ríos) y Pablo Verani (Río Negro).
Dejá tu comentario