Eduardo Duhalde amagó ayer con la posibilidad de romper el nuevo bloque PJ del Senado. «Tengo disidencias muy profundas, que hacen que yo no me incorpore a la bancada hasta tanto no se resuelvan», se plantó el senador electo, quien pretende ahora usar las banderas de la ética y las buenas costumbres que manipuló Carlos Chacho Alvarez en octubre de 2000.
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Sin medir las consecuencias, aseguró que «el Senado es el que tiene el registro de más corrupto de la historia; hay que cambiar ahora, no dentro de un año, porque sería una vergüenza». «La provincia de Buenos Aires -dijo Duhalde en alusión a sus representantes salientes Antonio Cafiero y Jorge Villaverde- ya está separada del bloque por diferencias que ha tenido.»
El ex gobernador bonaerense no fue nada original en su planteo principista. Enrolado en el sector minoritario -hegemonizado por los caciques que lo acompañaron en el Congreso antimenemista-, hizo propia la amenaza de Cristina de Kirchner, una de sus aliadas, de montar una remake del bloque Dignidad que inauguró la propia santacruceña en el '95, después de haberse peleado a muerte con Augusto Alasino, entonces hombre fuerte del justicialismo senatorial.
Ese mismo esquema retomaron Cafiero y Villaverde en setiembre de 2000, cuando dejaron a Alasino y compañía en medio del escándalo por las supuestas coimas que agitó el primero.
El mayor conflicto duhaldista es que quedó en el bando más débil, no obstante que venía con ínfulas de llevarse el mundo por delante. Duhalde había reclamado una renovación completa de la Cámara alta, a poco de explotar el affaire por los presuntos sobornos. Pidió renuncias masivas de senadores en agosto del año pasado. Ahora que se produjo la remoción de la mayoría de los polémicos legisladores, el antecesor de Carlos Ruckauf en La Plata sigue insatisfecho.
Sucede que la mayoría salió al cruce de las apetencias de Duhalde & Cía, quienes soñaban con copar la presidencia provisional (Ramón Puerta, que ayer perdió avales) y la vice ( Kirchner volvió en la víspera a la carga), más el número 2 del bloque, cargo para el cual se postularon la «álter ego» de Hilda Chiche Duhalde, Mabel Müller, y el salteño Marcelo López Arias. Más de 23 senadores entrantes sobre un total de 41, entre reelectos (el sanjuanino José Luis Gioja, el pampeano Carlos Verna, el riojano Jorge Yoma y el correntino Angel Pardo), el grupo BaPro de ruckaufistas -el entrerriano Jorge Busti, el mendocino Jorge Pardal, el rionegrino Miguel Pichetto y el chubutense Marcelo Guinle-, y los embael jadores de SanCor, Juan Carlos Maqueda y Oscar Lamberto, obligaron a Duhalde, Puerta, Kirchner, Adolfo Rodríguez Saá (San Luis) y Juan Carlos Romero (Salta) a bajar las pretensiones. Yoma, Busti, Lamberto y los demás habían aceptado en principio la chance de que Puerta se transformara en virtual vice de la Nación, a cambio de consagrar a Maqueda en el segundo escalón de la cúpula de la Cámara y de ratificar la continuidad de Gioja en la conducción del bloque. Anoche, ascendieron en un cuadro tentativo de reparto de silas a Maqueda a la presidencia provincional y lo pusieron de vice a Lamberto, después de que se interrumpieron las negociaciones con los federales reunidos en la Casa de San Luis, cercano a Puerta, Duhalde y Kirchner. Además, se distribuyeron entre ellos las comisiones clave Asuntos Constitucionales (Yoma), Presupuesto ( Verna), Economía (Lamberto), Relaciones Exteriores ( Eduardo Menem) y Acuerdos ( Busti). Para tratar de ganar la pulseada, en lugar de respetar democráticamente la superioridad numérica de sus contradictores, Duhalde salió a deslizar sospechas sobre su trasparencia, al mejor estilo de Chacho. Las declaraciones duhaldistas le quitaron plafond al mismo Puerta.
Mientras tanto, los radicales electos se juramentaron ayer a reclamar la presidencia provisional, sobre la base de los antecedentes históricos. Delante del chubutense Carlos Maestro, el puntano Jorge Agúndez y el jujeño Gerardo Morales, el cordobés Rubén Martí recordó que hace dos años «tuvimos un gesto con José Manuel de la Sota, y la UCR le cedió el cargo en la Legislatura provincial».
Con argumentos similares, se entrevistaron con Gioja. El peronista les respondió que la mayoría del bloque estaba pensando en tomar el cargo. Aunque dejó entreabierta la puerta, a criterio radical. «Lo estamos discutiendo», dicen que dijo Gioja. También los radicales apuraron una reducción de comisiones de 48 actuales a una treintena. Por supuesto, proponen una comisión de transparencia para estudiar el cambio.
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