Duhalde manejó acto con control remoto

Política

"Cacho, están todos los muchachos ahí, ¿no?" La voz de Eduardo Duhalde sonó inconfundible en el celular del ex intendente de Avellaneda y vice de los diputados provinciales, Baldomero Alvarez de Oliveira, que acababa de llegar a la quinta 17 de Octubre en San Vicente.

Con el pretexto de audiencias varias en Olivos, el designado evitó aparecer en el lanzamiento de Néstor Kirchner, pero quiso saber si sus seguidores habían cumplido la orden de copar el auditorio del predio histórico y respaldar, aunque sea de manera escenográfica, al santacruceño. Como el acto no se trasmitió en directo por TV -algo que dio lugar a suspicacias-, la única forma de manejar a control remoto la situación era vía telefónica.

Con velocidad, Baldomero Alvarez repasó con la vista a su alrededor y detectó a José María Díaz Bancalari, Eduardo Camaño, Saúl Ubaldini, Hugo Toledo, Lorenzo Pepe y varios jefes comunales, por caso, el legendario Manuel Quindimil (una suerte de tótem de esta «renovación» que encabezan Kirchner y Felipe Solá), Hugo Curto (Tres de Febrero), Julio Alak (La Plata) y el infal-table Alberto Balestrini (La Matanza).

• Chisporroteos

«Están todos, 'Negro', no te preocupés», tranquilizó al Presidente. Por los altoparlantes, ya se escuchaba la voz de Brígida Malacría, cabeza del municipio de San Vicente y cónyuge del secretario legal y técnico, Antonio Arcuri. Unos minutos antes, y demorado casi una hora, había llegado Kirchner desde la sede porteña de la Casa de Santa Cruz, donde par-lamentó con los gobernadores Gildo Insfrán (Formosa), Eduardo Fellner (Jujuy) y Julio Miranda (Tucumán) que envió a su ministro de Gobierno, Antonio Guerrero, al mitin posterior.

Lo que no le pudo contar
«Cacho» Alvarez a Duhalde es que se producían chisporroteos entre funcionarios del gabinete -José Pampuro, Aníbal Fernández y Juan José Alv a-rez-que coparon la mesa principal, y las delegaciones más numerosas del interior, entre ellas, la del mendocino Guillermo Amstuz, que llevó 15 intendentes de Cuyo. «Si no fuera por Daniel Scioli, el sanjuanino José Luis Gioja, Insfrán, Fellner, Daniel Gallo (vice de Tierra del Fuego) y el propio Lupin, esto parece un plenario del peronismo de Buenos Aires», se quejaban ahí. Los rionegrinos, encabezados por Carlos Soria, tampoco pudieron acceder al podio.

• Poco entusiasmo

Más que acalorados (corporal y psicológicamente), los duhaldistas se acomodaron sin demasiado entusiasmo entre kirchneristas de la primera hora. Mario Das Neves, que supo cobijarse en las dos veredas mientras disparaba denuncias, estaba exultante. Algo similar sucedía con Jorge Telerman, secretario de Cultura porteño, quien, además de haber sido colaborador del cacique de Lomas de Zamora y confeso fan del santacruceño, puede servir de puente con Aníbal Ibarra, su jefe actual.

Menos apta para los amigos de
Duhalde resultó la animada tertulia de Cristina Fernández de Kirchner -con un elegante modelo, a pesar de que la temperatura ambiente rondaba los 40°, y el frepasista Aldo San Pedro, contradictor del PJ en la Legislatura de La Plata (el otro fogonero de Kirchner en el chachismo residual, Eduardo Sigal, se abstuvo de filtrarse; no tiene antecedentes en el PJ como San Pedro y muchos le recuerdan todavía su pasado en el PC).

Esta presencia hubiera sido suficiente para espantar a
Osvaldo Mércuri, presidente de la Cámara de Diputados de la provincia. Mércuri, que permaneció ayer en Pinamar, está molesto porque Duhalde «bendijo» a Solá como candidato a gobernador, en contra de las pretensiones de aquél. En víspera del lanzamiento de Kirchner y después de jugar tenis, el primer mandatario le adelantó a «Cacho» Alvarez en Olivos: «Lo voy a llamar al 'Pelado' para que se le pase el enojo». A Mércuri lo están tentando desde el adolfismo y el menemismo, con la idea de que el enojo lo conduzca a pegar el salto.

Los senadores
Jorge Yoma y su tocayo Capitanich prefirieron no recordar que ya habían estado en otro acto del oficialismo, cuando se proyectó desde la Casa Rosada a José Manuel de la Sota. No hubiese sido un buen augurio para Kirchner. Capitanich intentó redactar un documento en los días previos, aunque finalmente prevaleció otro texto de la pluma de Cristina de Kirchner. La senadora de Mendoza Marita Pérceval aportó sugerencias al memo que se leyó en la quinta.

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