Duhalde es un miniaturista del proselitismo. Como en los viejos tiempos, exhumó aquel plano de la provincia de Buenos Aires donde los partidos están segmentados por barrios y los barrios por circuitos. En cada fracción, quedan identificados los resultados electorales de los últimos comicios. Mira el mapa, lo repasa y hace números el caudillo de Lomas, como si se tratara de una búsqueda del tesoro.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Algo de eso hay. «Negro» se impuso un desafío gratificante para cualquier político: mejorar sus marcas electorales desde las sombras, sin aparecer en público. Cualquier consultor diría que este anonadamiento obedece a sus pésimos registros de imagen negativa. Sería, en realidad, una forma de clandestinidad. Pero Duhalde se siente orgulloso en su escondite: se cree capaz de pelear una elección sin hablar, como Hipólito Yrigoyen. O utilizando sólo el teléfono como vía de comunicación con sus punteros, como se ufanó de hacer Ricardo Balbín alguna vez en La Plata. Es cierto, el ex presidente tuvo siempre una admiración secreta por el estilo de los políticos radicales. Hasta Raúl Alfonsín lo fascina e instruye.
En sus reflexiones sobre ese mapa lleno de señales, Duhalde llegó a una conclusión que ahora expone, sólo ante los muy íntimos: «Ya alcanzamos 25% de los votos. Es matemático». Lo interrogan y él explica. El primer objetivo, comenta, es aprovechar al máximo el aparato que quedó en manos de su sector al cabo de la pelea con Néstor Kirchner. Sobre todo el de los grandes municipios: Lomas de Zamora, Lanús, Berazategui, Almirante Brown, Tres de Febrero, Avellaneda, Malvinas Argentinas, San Miguel, Hurlingham, San Fernando, etc. Es allí donde su gente todavía maneja «la bolsa». Así le llaman los políticos del PJ bonaerense a la asignación de comida que corresponde por planes sociales a los desocupados y desposeídos. Es una forma de simplificar que, ellos suponen, no es peyorativa.
• Sucursales
El comando de Lomas tiene una sucursal en el San Juan Tenis Club y otra en el centro de marketing del barrio de Núñez. Por allí ya no aparecen los brasileños de Duda Mendonça. Duhalde los ahuyentó. No por temor a dañarsecon las corruptelas que salpicaron al bahiano en el escándalo que actualmente se cursa en Brasil. El miedo de Duhalde era de cabotaje: que por vía de estos asesores se terminara filtrando información a José Manuel de la Sota (quien los contrató en Córdoba nuevamente) y, por ese canal, a la Casa Rosada. «Las brujas no existen pero que las hay, las hay», sentenció Cristina Kirchner, abandonando por un momento su pasión por los Derechos Humanos. Los duhaldistas creen lo mismo.
Sin exotismos publicitarios, ellos están convencidos de que si se retiene aproximadamente 75% de los votos obtenidos con la fórmula Kirchner/Scioli en 2003, el duhaldismo tendrá asegurado un piso importante de la elección de este año. Sigue Duhalde con su lapicera y su mapa: si se le agrega que, en los distritos en los que ahora «la bolsa» la maneja el kirchnerismo, Chiche logra arañar 20%, esa candidatura estaría en condiciones de conseguir entre 15% y 17% de los votos provinciales. Aquí es donde viene a jugar un papel central Luis Patti: de él se espera que aporte entre 5% y 6% de los votos. El ex comisario apuesta a más: cree que gracias a su lista afluirá hacia la señora de Duhalde 8% de los votantes.
Sobre la base de estas hipótesis, el ex presidente cree haber ubicado a su esposa, ya desde ahora, en 25% de los votos. Hay un truco en su exposición. Todo el mundo coincide en que la de este año será una elección con niveles de abstención y voto negativo más altos que los de 2003. No sólo por el mayor desencanto político, también porque en aquella oportunidad se libró un torneo sumamente atractivo en el que se decidía nada menos que la supervivencia o el final del menemismo. Si se sigue verificando la regla según la cual quienes abandonan el mercado electoral son, en general, votantes de clase media no peronista, es posible que con los mismos votos los candidatos peronistas puedan exhibir ahora mayores porcentajes de adhesión. Duhalde trabaja, por caso, con un escenario de 40% de abstención para octubre.
Es sobre la base de esta estrategia territorial que el duhaldismo ha organizado el próximo tramo de su campaña proselitista, consistente en actos de campaña en «terra infidelis», es decir, en municipios en los que dominan intendentes que ahora fueron conquistados por el imán presidencial. Duhalde confía en poder arrancar allí una porción de los votos necesarios para sobrevivir en la provincia. «Si hasta hace seis meses llevaban a Chiche y la presentaban como la Madre Teresa, ¿qué van a hacer esos intendentes? ¿van a decir que de golpe se convirtió en la señora de Corleone? Ahora el problema es de ellos, no nuestro», recita en el San Juan, envuelto en su toallón blanco el mandamás de Lomas de Zamora.
Dejá tu comentario