El duhaldismo intentará promover el próximo fin de semana un desembarco de José Manuel de la Sota en la provincia de Buenos Aires en las próximas horas con el objeto de aprovechar las demoras que para esa misma misión encuentran los menemistas del distrito. Será en un acto el sábado en el partido de Avellaneda y lo decidió el principal puntero de esa ciudad del conurbano, el diputado provincial y ex intendente Baldomero Alvarez de Olivera. Los detalles lo conversó anoche este dirigente con la «mesa chica» del PJ local que ha pasado a ser el responsable de la primera prueba de amor que Eduardo Duhalde quiere brindarle a De la Sota.
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Lo que anoche no lograba Duhalde, tras una frustrada comunicación telefónica, era el compromiso de Felipe Solá de subirse a la tarima con De la Sota. Aunque la principal alianza provincial la ha trabado hoy el gobernador con el antimenemista Alberto Balestrini, intenta mantenerse equidistante de todos los precandidatos de su partido. Esos postulantes siguen pensando casi todos en Solá como un eventual vicepresidente -algo que el gobernador niega como un absurdo imposible-. Solá quiere mantenerse lejos de Menem y espera aprovechar todo lo posible los efectos de la ley que logró le votase la Legislatura de La Plata para desenganchar los comicios de su provincia de los nacionales del 24 de noviembre (internas) y del 30 de marzo (generales).
El Presidente escuchó el lunes, como contó este diario, la negativa del responsable del principal distrito provincial -La Matanza-, el intendente Balestrini, a pronunciarse en favor del cordobés. Balestrini, un antimenemista convencido, le señaló al Presidente que él va a apoyar al candidato que en la interna presidencial le asegure la derrota de Carlos Menem y que hasta ahora no veía que fuera De la Sota. El martes por la noche, en la mesa del consejo provincial que reúne Manuel Quindimil en el local partidario de la Avenida de Mayo en la Capital Federal, Balestrini repitió esos argumentos. Logró con eso que el acto de Avellaneda sea un gesto solitario de los dirigentes de esa ciudad y que no comprometan al resto de la tercera sección electoral de la provincia.
• Despegado
Balestrini se ocupó de despegar a su distrito de La Matanza, que en la última elección aportó casi 700 mil votantes, del resto de esa sección electoral, que incluye ciudades importantes por el tamaño y peso en los comicios como Quilmes (361 mil votantes), Lanús (337 mil), Lomas de Zamora (392 mil) o Almirante Brown (308 mil) y que totaliza un total en cada elección de 3.169.000 votantes. Si De la Sota hubiera arrastrado todos estos apoyos, hubiera desbalanceado en favor de su chance de manera significativa.
El acto en Avellaneda aprovecha varias circunstancias:
1) el intendente actual, Oscar Laborde, es un frepasista que ya hace campaña contra Menem. Tanto que promovió una resolución de su partido declarándolo al ex presidente «persona no grata».
2) Cacho Alvarez, antecesor de Laborde en la intendencia, fue uno de los gerentes del triunfo en Avellaneda de la fórmula Cafiero-De la Sota en la elección contra Menem-Duhalde en la interna presidencial de 1988. Ese triunfo fue por 200 votos, y Avellaneda fue una de las pocas ciudades importantes de la provincia que no se volcó en favor de Menem. Eso reforzó la amistad de Alvarez con De la Sota.
3) Avellaneda fue el territorio de la puja dentro del menemismo. La primera decisión de Alberto Pierri como coordinador de su campaña en la provincia de Buenos Aires fue suspender un acto que estaba organizando en esa ciudad el ex intendente Herminio Iglesias.
4) Agrega interés que esa localidad facilita el acceso de militantes de todo el conurbano y una repercusión en los medios nacionales que es el territorio elegido por De la Sota para avanzar en su campaña.
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