Facultades especiales, buen control de los tres poderes del Estado, respeto y obediencia de los feudos provinciales y una corte itinerante que acompaña al señor adonde sea. Podría ser una descripción de la corte de Alfonso III (el Grande) o de los Reyes Católicos a fines del siglo XV, pero se ajusta con más exactitud a la imagen de la delegación argentina subiendo al Tango 01 para partir junto con Néstor Kirchner hacia Nueva York. Tanto sabe el Presidente que maneja con tranquilidad los hilos del poder en el Congreso, que bastó con un gesto de acercamiento a los radicales, invitando a los jefes de bloque Horacio Pernasetti y Mario Losada al viaje, para que la actividad se paralizara en el palacio de las leyes.
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Esta semana, casi con seguridad, no habrá sesión ni en el Senado ni en Diputados y no es por falta de temas, sino por falta de jefes.
El bonaerense José María Díaz Bancalari, comandante del desanimado bloque PJ, está a cargo de las declaraciones a la prensa en Nueva York -creyó tranquilizar ayer a los mercados al decir que José María Rodríguez Zapatero apoyará a la Argentina en la negociación con el FMI- . Con perfil más bajo, lo acompañan Miguel Pichetto,Pernasetti y Losada. Gracias a Dios, Eduardo Camaño, presidente de la Cámara, se quedó en Buenos Aires por si a algún rebelde opositor o duhaldista se le ocurre organizar una sesión de improviso. Y Daniel Scioli debió dejar su sillón en el Senado para ocupar la presidencia en ejercicio y cumplir con un sino de los vicepresidentes: protagonizar renuncias y despidos, esta vez, supervisando el cambio de cúpula en el Banco Central.
Todos los jefes del Congreso acompañan al Presidente, junto con el elenco estable de la Casa Rosada, y por unos días olvidarán, por caso, que el mismo gobierno al que acompañan en su corte envió hace cuatro días un proyecto de ley de presupuesto nacional que vuelve a conceder poderes especiales al Ejecutivo para manejar fondos públicos y los deja fuera de toda decisión durante 2005. Habrá quejas, gritos, protestas, denuncias y debates -algunos peronistas, como Graciela Camaño, ya advirtieron que no los votarán-, pero los diputados y senadores de los partidos mayoritarios terminarán ratificando una vez más esos «superpoderes». De lo contrario, estarían dejando de lado su función de «escribanía» del Poder Ejecutivo, que desempeñan desde hace, al menos, cuatro años. Ni las amenazas de Elisa Carrió, durante la última ocupación de Domingo Cavallo en el Ministerio de Economía, de denunciar como traidores a la Patria a los diputados que se excedieran -como realmente lo hicieron- en la delegación de poderes al Ejecutivo sin sentido, pudieron frenar la lenta agonía del papel del Congreso. No hay apuro entonces en sancionar esta semana la ley de creación de ENARSA ni en avanzar con el marco regulatorio de servicios públicos que divide a Roberto Lavagna y Julio De Vido. Todo puede pasar para la próxima semana, cuando la corte itinerante retorne a la metrópoli, aunque podría haber un intento en Diputados por debatir algún tema sin importancia y salvar así el papelón. Y no es problema que los legisladores dejen de sesionar alguna semana. Por el contrario, hay casos, como en los EE.UU., en los que el período de sesiones es más corto, hay más trabajo de los legisladores en sus estados -donde, por otra parte, tienen a la mayoría de sus empleados-, y sin embargo, la calidad legislativa es sumamente superior.
Son ésos, como los franceses y los británicos, legisladores que integran comités de investigación y contralor que no dudan en citar funcionarios al Capitolio, incluso cuando pueden provocar una interna en su propio partido. Son legisladores que controlan la elaboración, votación y ejecución del Presupuesto nacional y que no se limitan a defender el proyecto que envía el gobierno con un discurso, incluso en algunos casos, leído.
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