Carlos Menem comenzó a bosquejar mentalmente el documento sobre «el gran acuerdo patriótico», que se conoció ayer, el mismo viernes por la mañana, durante una reunión de gabinete del peronismo de Anillaco. En su casa de la localidad bonaerense de La Lucila y delante de Eduardo Bauzá, Carlos Corach, Eduardo Menem, la mendocina Ana Mosso, Pedro Pou y los economistas Diego Estévez y Rogelio Frigerio III, el ex presidente delineó ideas-fuerza que, al día siguiente, desarrolló con la asistencia de Jorge Castro, quien pasó en limpio el texto tal como suele hacer con escrituras menemistas.
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El intercambio de opiniones comenzó con una dura embestida del anfitrión contra la modificación de la ley de acefalía, alentada -desde las sombras-por José Manuel de la Sota y Carlos Ruckauf. El senador Menem recordó que el cordobés Juan Carlos Maqueda había insistido con incluirla en el temario de verano del Congreso.
«Ayer (por el jueves), Maqueda defendió el proyecto de Eduardo Di Cola, pero no encontró eco favorable: todos le dijimos que no era una señal positiva tocar la ley de acefalía en medio de semejante crisis», comentó el representante de La Rioja en alusión a la charla que habían mantenido los principales caciques peronistas de Diputados y Senado para coordinar movimientos en el palacio Legislativo.
Chez Menem, el dueño de casa se mostró inquietó por un obstáculo difícil de sortear, unificar el discurso del PJ sobre la base del documento conocido ayer. «Tendríamos que ponernos de acuerdo sobre el diagnóstico», se preocupó el ex jefe de Estado de manera obsesiva. Bauzá no le dio la solución, pero al menos le acercó una agenda. «Podríamos armar una ronda con economistas en el partido», reflexionó. «Me parece bárbaro, hagámosla el martes (por mañana)», pidió Menem.
El resto de la charla giró en torno de ayudar al gobierno con propuestas concretas, algo que está claro en el paper. «No es hora de buscar culpables, sino de encontrar soluciones», subraya una de las primeras frases de la declaración. «El apoyo -esto se dijo claramente en el conciliábulo menemista-llega hasta donde se pueda».
De hecho, Menem está dispuesto a sacarse una foto con Fernando de la Rúa tanto como a criticarlo en lo que sea oportuno. Hoy se espera que descargue algunos dardos durante la presentación de un libro en el Hotel Castelar. Lo mismo puede suceder mañana durante la reapertura de la peña Joaquín V. González en el salón ocre del predio de la Sociedad Rural, delante de 2 mil personas. Menem llegó a la cita en la zona norte del conurbano con una previa con el dolarizador canadiense Steven Hanke, ex asesor de Domingo Cavallo. De la velada del jueves, el ex presidente sacó la idea de que ahora viene una dolarización distinta y de que hay que estar prevenido de que el gobierno dolarice mal y arruine una iniciativa positiva. Lo peor que podría suceder es que terminen echándole la culpa a Menem por haber lanzado un proyecto frustrante.
Este esquema -incluida la posibilidad de que le endilguen responsabilidad que no le corresponden-lo repitió frente a su hermano Eduardo, Corach, Bauzá y compañía antes de trasladarse en masa a un restorán de Puerto Madero. Mientras la mayoría hacía sobremesa, Mosso y Corach mantuvieron audiencia con Hanke. El economista extranjero repitió que «aún disponen de reservas para dolarizar».
El plan no escrito saltea el Congreso, donde debería aprobarse una ley de dolarización, y delega la responsabilidad en el Banco Central retirando del circulante los billetes de $ 20, $ 50 y $ 100, y los canjee por dólares. De esa forma, se dolariza de facto el circulante que podría estar en $ 9 mil y $ 11 mil millones.
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